“En nuestros muertos recientes encontramos los datos del país en el que vivimos”: J.M. Cravioto
El realizador mexicano estrena ‘Ciudad de muertos’, una película que indaga desde la ficción en las fotografías y el proceso creativo de Enrique Metinides.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Desde pequeño Enrique Metinides supo que lo suyo estaría en fotografía y la nota roja. A lo largo de su larga trayectoria desarrolló una relación muy particular por no decir mística, con su oficio. A partir la que pudo haber sido su visión acerca de la vida, la muerte y el fotoperiodismo, el director José Manuel Cravioto desarrolló una ficción llega a las salas bajo el nombre de Ciudad de muertos.
Con un guion coescrito con Bernardo Esquinca, el realizador habla sobre el estreno de una película que no solo se aleja de la clásica película biográfica, sino que nos aproxima a una reflexión sobre el trabajo, los procesos creativos, la vida y la muerte.
¿Qué te lleva a filmar una película inspirada en las fotografías de Enrique Metinides?
Desde chico me han llamado la atención las fotografías de crimen y nota roja. Como era niño no podía comprarlas ni tenerlas en casa, pero con los años pude adquirir algunos libros. Durante mi adolescencia cobró relevancia el trabajo de Enrique Metinides y empezó a conocerse desde el lado artístico, en ese periodo vi una exposición que le dedicó el MUCA. Me impresionaron sus fotos de los electrocutados y la rubia. Una vez que tuve la certeza de querer hacer cine comencé a gestar la idea de algún día concretar una película sobre tu trabajo.
Metinides es productor ejecutivo de Ciudad de muertos, ¿de qué forma se involucró en tu película?
En 2022, poco tiempo antes de su muerte, el productor se acercó a la familia y les compartió nuestra idea. Enrique nos abrió las puertas y tuve oportunidad de platicar con él. Me habló de su proceso de trabajo y de lo que veía en sus imágenes; así descubrí que tenía una relación metafísica y casi paranormal con la fotografía. Estos encuentros fueron definitivos para los últimos trabajos de guion. Darle el título de productor ejecutivo es una especie de tributo.
En la película problematizas la relación de Metinides con su trabajo y con los personajes que fotografió.
Siempre tuvimos claro que la película tendría un corte de thriller y con un proceso de investigación. A Enrique siempre le gustó el cine de detectives, de modo que más que hacer una película biográfica, nos pareció más interesante y divertido hacer una obra en la que a él le hubiera gustado estar.
¿Metinides se sentía perseguido por sus personajes?, ¿las dudas que planteas en la película son obra de la ficción?
Son obra de la ficción, lo que sí es real es que cuando veía las fotos se encontraba con espectros, muerte y demonios. Cuando nos describía sus placas nos contaba que en las imágenes veía figuras dibujadas. Siendo un niño fue invitado/obligado a tomar la fotografía de un muerto y eso sumado a su gusto por el cine negro, marcó su destino. Enrique no se consideraba un artista, para él era su trabajo.
Porque incluso lo muestras al borde de la locura, ¿qué te aportaba complejizar de esta manera al fotógrafo?
La clínica donde se ingresa para continuar con una investigación es un lugar donde convive con la vida y la muerte. Esta fue una licencia que nos tomamos para hacer un tratamiento existencial del personaje y de su obra. Me pareció bonito usar a Enrique para hablar de lo que es el arte fotográfico, cinematográfico o narrativo. A través de los personajes reflexionamos sobre cómo la obra regresa para cuestionarlo de formas que no se imagina ni siquiera él.
Pero también le hablas al espectador, por ejemplo, cuando muestras el papel de los mirones…
La fotografía de Enrique involucra en la escena a la gente que mira. La relación con quien mira al punto de hacerlo cómplice es muy potente, por eso quisimos respetarlo y jugar con el espectador.
La convivencia entre vivos y muertos que vemos a lo largo de la película me llevó a pensar en Pedro Páramo, de Juan Rulfo. ¿Tenías presente la novela mientras filmabas?
Soy un amante de la literatura mexicana y Pedro Páramo es una obra fundamental. Los ambientes y atmósferas que vemos son una carta de amor al arte mexicano, así como a la Ciudad de México.
¿Qué te aportó colaborar en el guion con Bernardo Esquinca, un narrador que se mueve en el horror y que también ha escrito sobre la ciudad?
Una herramienta fundamental para el cine que hago es tener el teléfono de los mejores colaboradores. Además, de ser un exitoso novelista, ahora Bernardo es un reconocido guionista, se acaba de anotar un exitazo con La captura. Más allá de esto, es un amigo cercano a quien conocí como fan de la literatura mexicana. Hace como diez años adapté uno de sus cuentos y desde entonces construimos una amistad cercana que nos ha permitido colaborar en otros proyectos, aunque está es la primera vez que trabajamos codo a codo. Seguro vendrán más colaboraciones.
En la película un personaje dice: “Hay dos tipos de verdad, la que sacas a los vivos y la que sacas a los muertos”. Si la aplicamos al país, ¿qué tipo de verdad se cuenta hoy?
Es un momento muy duro y justo la frase busca generar un debate. Crecí en un momento donde se les creía a los muertos que habían contado la historia. En mi tierna adultes se pasó a cuestionar a esos muertos y pensamos que era tiempo de que de los vivos reconfiguraran la verdad. Tristemente hoy estamos en un periodo donde nuestros muertos recientes son los que arrojan los datos del país en el que vivimos. Que la película se llame Ciudad de Muertos es una referencia directa a la realidad. En México se abren grietas y hoyos de los que salen los muertos a decirnos acá estamos con historias que no se han contado. Creo que en este momento a los vivos es a quienes no hay que creerles.
La película es también sobre el proceso creativo, tanto de Metinides como supongo del tuyo, ¿no?
Constantemente me cuestiono sobre mi trabajo como realizador y contador de historias. Ciudad de muertos habla del proceso, del acto creativo, de la forma en que se revela una foto, por lo mismo esta película es un corte de caja porque quiero que el proceso sea lo más importante. Los directores buscamos de manera voraz que la gente compre boletos y nos de views, pero estamos dejando de lado lo más importante que es el proceso humano para contar una historia.
Y más en una época donde se busca el resultado inmediato incluso mediante que Inteligencia Artificial.
En Ciudad de muertos hay procesos de Inteligencia Artificial. No está mal su utilización, pero sí hay que reflexionar sobre cómo se utiliza, porque definitivamente no es un proceso humano. Nosotros usamos la IA para resolver cuando hablamos del pasado. Antes era difícil crear imágenes de archivo de tus personajes, hoy lo podemos hacer en minutos. Para ciertos procesos es más fluido y efectivo en términos de presupuesto, sin embargo, me cuestiono mucho sobre el uso de una imagen cien por cien creada por IA. Se vienen muchas películas generadas totalmente con IA y va a estar bueno el debate.






