“Creo en el amor y la amistad como valores fundamentales de la vida”: Rafael Pérez Gay
El escritor y periodista publica ‘Los años oscuros’, libro que él mismo reconoce como su trabajo “más personal”.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Desde hace varios años, Rafael Pérez Gay ha encontrado en su familia las bases de un proyecto literario que dialoga con el México de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. No obstante, el cronista y narrador, nunca se había mostrado tan sin filtros como lo hace en Los años oscuros (Seix Barral), “un falso diario donde todo es rigurosamente verdadero”, apunta él mismo.
El recuento no sólo nos asoma a la vida íntima de un observador nato, también nos relata hechos que nos tocan a todos tanto en lo social y político como en lo personal. Con un pie en el enojo y otro en el humor, Pérez Gay recuerda el efecto de la pandemia y el sexenio de Andrés Manuel López Obrador; y lo compagina con sus opiniones personales y una suerte de ajuste de cuentas alrededor de cuestiones íntimas como la relación con su hermano José María. El resultado de todo ello es un volumen melancólico, lúcido, pero ante todo entretenido, en el mejor sentido del término.
¿Qué tanto revisaste este diario antes de publicarlo?
Siempre he tenido un cuaderno donde he tomado notas y Los años oscuros es un diario personal, literario y político. Durante el fatídico 2020 no tenía concentración para hacer un libro de trama compleja o que corriera de principio a fin. Amigos me contaron que pudieron terminar de leer el libro que tenían pendiente, pero yo no daba golpe. Empezaba a leer y me desconcentraba, intentaba escribir algo largo y lo interrumpía, todo era causa del confinamiento, el miedo, la claustrofobia y el peligro. Así que me puse a reconstruir este falso diario donde todo es rigurosamente verdadero. Por otro lado, siempre me han gustado los diarios porque te dan libertad en la lectura. Leí los de Paul Leautau, André Gide, de los hermanos Goncourt, más adelante Los diarios de Emilio Renzi, de Ricardo Piglia y La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro. El conjunto de todo me tranquilizó y me motivó a articular mis anotaciones.
¿No te parece que hay demasiada política en el libro?
Sí la hay. No podía no haber política porque estos años oscuros se desprenden de lo que creo, ha sido el desmantelamiento de la democracia mexicana y de nuestras instituciones. El libro tiene tres texturas narrativas: la primera avanza sobre la destrucción desde 2018, cuando entró a la presidencia Andrés Manuel López Obrador y que se mantiene hasta ahora; otro nivel, es el retrato de una familia mexicana, que es la mía; y el tercero es el de la Ciudad de México, un tema siempre presente en mis libros. Aspiro a que Los años oscuros se lea como la vida misma que es desordenada y combina asuntos políticos, personales, melancólicos y felices.
Aunque eso influye en el tono del libro porque si bien hay humor, también hay enojo…
Sí hay enojo, sobre en lo que fue el gobierno de López Obrador. Me gusta definirlo como un gobierno desalmado porque no atendió a su población durante la pandemia, dejó que los niños no tuvieran medicinas para su tratamiento contra el cáncer, mintió permanentemente respecto a las cifras de los muertos y enfermos, fue un presidente incapaz de acercarse a las víctimas. Ante eso el enojo era necesario, eso en cuanto al 2020, pero en los años posteriores hemos visto a través de los medios, la destrucción de algo que nos costó mucho construir. Por su puesto, sostener un diario en este tono había sido insoportable por eso hay humor. Sin humor se pudren las alegrías y no podemos ver nuestra realidad.
En Los años oscuros te leemos sin filtros y das opiniones poco amables respecto a gente como Carlos Monsiváis.
El diario es un momento donde te buscas a ti mismo y donde debe haber una honestidad casi suicida. En la literatura, incluso en los diarios, siempre hay que saber lo que se debe sugerir y lo que se debe exhibir. En este sentido es mi libro más personal e incluyo mis opiniones de Monsiváis, Andrés Manuel López Obrador, los desencuentros con mi hermano por nuestras diferencias políticas y algunos encuentros con mi padre. Quise permitirme la búsqueda y el encuentro de lo que realmente pienso.
¿Valió la pena el distanciamiento con tu hermano José María Pérez Gay, por diferencias políticas?
No, nunca vale la pena un distanciamiento entre gente que se quiere, pero tampoco podemos ocultar lo inocultable: la distancia con sus posturas políticas. A mí, López Obrador siempre me pareció un líder inmoral. Al final mi hermano y yo pudimos reencontrarnos, tarde porque ya estaba enfermo. Pero, no valió la pena la separación.
¿Te arrepientes de eso?
No, al contrario. Creo que los dos hicimos lo correcto. Nuestros encuentros y desencuentros tenían un toque genuino. Él hablaba realmente de una situación y momento en lo que creía. El verbo creer es muy escurridizo para cada quien.
¿En qué crees?
Pese a que el libro se llama Los años oscuros, no desdeña la esperanza. Creo en la reconstrucción del país, no se si la veré, pero seguro vendrá. El personaje dice por ahí, citando a Lobo Antunes: “amor y amistad, lo demás es una mierda”. Creo en el amor y la amistad como valores fundamentales de la vida. Creo en la literatura y en los libros.
Dices “creo en los amigos”, pero también has perdido amigos por diferencias políticas. En el libro cuentas varios, entre ellos tus conocidos de La jornada.
La amistad puede desvanecerse con el tiempo, casi todas las amistades tienden a desvanecerse, pero aún ese momento conserva algo. Por eso la memoria es importante. La nostalgia es la hija compasiva de la memoria, sé que tiene mala prensa en el medio y la literatura, pero para mí es muy importante porque implica recordar y eso ya es un acto creativo.
Perteneces a una generación que inició con un horizonte político más o menos parecido, pero hoy tú mismo estás en las antípodas de muchos de ellos.
Al paso del tiempo se van decantando ciertos valores en los que uno cree. No se puede avanzar en la vida creyendo siempre en lo mismo. Mes a mes leí en Nexos, artículos y ensayos de escritores y periodistas que demostraban que la democracia era el camino. Si bien, en mi juventud milité en algún partido político, nunca fui un hombre de izquierda total. Me sentí más bien como un liberal. Un día creí que el “Che” Guevara era un gran luchador social, hoy pienso que fue un guerrillero desalmado; un día pensé que Fidel Castro era un modelo que había cambiado al país, hoy me parece un dictador criminal y sangriento. Mucha gente cree que cambiar una forma de pensamiento o de vida es traicionarse a sí mismo, yo lo veo como una evolución sicológica, intelectual y social.
Pones como ejemplo dos casos de hace bastante tiempo y extranjeros. Hablemos de uno que está relacionado con la revista Nexos, precisamente: Salinas de Gortari.
En cuanto a Salinas soy virgen. No lo conocí. Creo que tenía un proyecto de nación que al final se vino abajo. Sin embargo, sentó las bases de un México moderno e importante, de haber seguido por ese camino tendríamos una democracia próspera, aunque democracia y prosperidad no siempre son conceptos indisolubles. Pertenezco a la época en que el PRI era visto como un partido autoritario y autocrático, por eso pensábamos que había otras posibilidades de hacer gobierno, política y de evitar la desigualdad, pero me parece que lo que hemos vivido desde 2018 y antes, es un movimiento regresivo. Ya no creo en la izquierda o la derecha, en este momento los conceptos son democracia o autoritarismo y autocracia.
En el libro hablas de una reunión donde López Obrador reconoce haber perdido las elecciones de 2006.
Me tocó cubrir para El Universal la elección de 2006. El director Rubén Álvarez me pidió cubrieran la toma de posesión. López Obrador y Morena tenían su cuarto de guerra en el piso seis del Hotel Marquis, si no mal recuerdo. Mi hermano, seguro de que iban a ganar, me dio una acreditación especial para que pudiera caminar por todo el hotel. Estuve sentado con Muñoz Ledo y Horacio Duarte. A las diez de la mañana mi hermano me mostró una tarjeta que le habían de entregado de parte de la Secretaría de Defensa, donde se decía que López Obrador ganaría por cuatro puntos. Había un ambiente festivo. A medida que pasaban las horas las caras se hicieron a ser largas. Entre las 7 y las 9 de la noche mi hermano se fue y luego me llamó por teléfono para contarme que López Obrador le había dicho: “Chemita perdimos, no supimos ver el voto de la clase media”, evidentemente esto no lo publiqué en el diario al día siguiente porque mi fue era mi hermano. Con los años me pareció importante contarlo debido a la obsesión de López Obrador con el 2006 y a la cantidad de mentiras que ha dicho. En su libro 2 de julio, Carlos Tello Díaz, cuenta algo de eso y yo alguna vez publiqué una versión de esto en el periódico Milenio, pero ahora quise contarlo tal y como fue.
Dice tu terapeuta que eres alguien que va tras la pérdida, ¿recuperas algo con tus libros?
Decía Pavese: “siempre se cumple lo que más tememos”. No obstante, tampoco en mis libros hay un pesimismo excesivo. Sí hay una descripción, una memoria y un lamento por la pérdida. Si bien en la vida es mejor estar en el presente, al ejercer la literatura, sí hay que mirar nuestras pérdidas personales, políticas y sociales, para ver qué ocurrió en nuestra vida.
En Los años oscuros cuentas también cosas y errores personales, ¿te arrepientes de algo?
No, la idea del arrepentimiento es religiosa en exceso y yo no lo soy, no creo en una fuerza superior. Lo que sí creo es que uno actúa conforme a lo que la vida le pone enfrente.
Si bien estos diarios son autobiográficos, ¿has pensado en escribir tus memorias?
Publico estos diarios cerca de los setenta años, ya he visto cosas: amigos que se van, cómo se cae la democracia, he visto morir a mis padres, me he enfermado. Si tengo tiempo, sí escribiría mis memorias. Me gustaría hacer una crónica cultural del México de los últimos sesenta años como las cenas en casa de mi hermano, cuando llegaba López Obrador. Estoy estoy tentado a dejar más testimonio de lo que han sido estos años oscuros.







