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El arte de la fuga: todo está en todas las cosas

Se cumplen treinta años de uno de los libros más importantes de Sergio Pitol.

  • Redacción AN / HG
30 Aug, 2026 05:52
El arte de la fuga: todo está en todas las cosas

Por Marco A. Cervantes

La instrucción del hipnotizador fue: “empiece usted a recordar ciertos momentos que le han parecido importantes en su vida”. Sergio Pitol escuchó y obedeció. “En ese instante dio inicio la experiencia más profunda que he conocido en mi vida adulta”, confesó después.

Esa tarde de julio de 1991, el escritor acudió a la sesión de hipnosis como una desesperada alternativa para dejar de fumar. Después de la indicación, se hundió en uno de los recuerdos más trágicos de su vida. Al terminar, el propio Pitol escribe: “Las convulsiones comienzan a ceder. Mi rostro está bañado por el llanto”.

Ensayo, memoria y relato

En 1996, Ediciones Era publicó El arte de la fuga, un libro donde Sergio Pitol (Puebla, 1933-Xalapa, 2018) transformó su biografía en literatura. Desde su aparición, el texto destacó por ser una extraordinaria pieza híbrida, pues cuenta, notoriamente, con una triple condición: ensayo, memoria y relato.

Una de las virtudes más notables del libro es que el autor mira su propia vida como materia para convertirla en trama literaria. Su mirada, sin embargo, no se queda sólo en la anécdota: ahonda en temas más complejos como el paso del tiempo, la insatisfacción o la falta de arraigo.

El escritor fue un incansable viajero: como diplomático, traductor y turista, convirtió en un arte el darse a la fuga. Así, el texto también recorre ciudades, libros, sueños y amigos: Pitol en Venecia, Xalapa y Varsovia; con Carlos Monsiváis y Juan Villoro; leyendo a Tabucchi y Borges; enfrentado a su sordera y a su miopía.

El libro inicia con “Todo está en todas las cosas”, un texto donde reconstruye una anécdota, al principio trágica: una mañana Pitol llega a Venecia —la ciudad de sus sueños—, pero se da cuenta con horror de que ha perdido, en el trayecto, sus anteojos. ¿Cómo recorrer a ciegas los puentes y las galerías de esa ciudad tantas veces imaginada? El escritor opta felizmente, desde su propia neblina, por inventar su propia Venecia. De noche, el desenlace del relato es inolvidable.

En “Vindicación de la hipnosis”, nos muestra uno de sus lados más vulnerables. Las escenas de la sesión hipnótica no sólo las ve Pitol, las vive. Párrafo a párrafo, el testimonio nos deja casi sin aliento. La fuerza del texto, nuevamente, está en la universalidad del tema: la fragilidad, los recuerdos, la niñez y la muerte.

Pitol demostró en este libro que la memoria es motivo y creación. Una trama real donde todo está en todas las cosas: memoria, sueños, amigos, viajes.

Treinta años después de su primera edición, El arte de la fuga sigue siendo un libro cuya lectura será siempre motivo de festejo.

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