“A mi madre le aterroriza lo que escribo”: Sabina Urraca
La autora española publica “Escribir antes”, libro donde en tono de diario, medita sobre su proceso creativo.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Desde hace bastante tiempo Sabina Urraca (San Sebastián, 1984) es una apasionada de los diarios, tanto de escribirlos como de leerlos. Pero a diferencia de la mayoría, más que llevar un registro del día a día, lo suyo es usarlos como espacios para la meditación sobre su trabajo e incluso, en ocasiones, funcionan como ventanas para futuros relatos o novelas.
Mucho de esto se lee en Escribir antes (Antílope) un título que, a través de una mezcla de géneros, nos asoma al proceso creativo e imaginativo, de una de las narradoras más originales de la literatura española.
¿Por qué escribir este libro en formato de diarios?
Siempre he escrito diarios, pero se volvió algo compulsivo mientras tenía una beca en la Universidad de Iowa. En una clase de poesía nos incitaron a empezar uno y me puse a llenar páginas. En ese momento leí también muchos diarios y descubrí a la editorial argentina Bosque energético, dedicada a publicar este género, de hecho, ellos publicaron el libro allá, sólo que bajo el nombre de Diario de novela. Al revisar los materiales descubrí que había un leit motiv relacionado con la idea de escribir antes de que se volviera un trabajo. Así fue como me puse a escribir el primer libro sencillo en mi vida, digo esto porque mi escritura es bastante barroca.
¿Por qué crees que tu escritura es barroca?
Casi como todo mundo, tengo poco pensamiento lineal. Cualquier idea me lleva hacia otra cosa. En todas mis novelas el desorden temporal es importante… supongo que pienso de una manera torrencial. Frente a esto Escribir antes es lo más sencillo que he hecho y eso me parece gratificante.
En el libro hablas de la forma en que manejas tu material de escritura, incluyendo los temas familiares. ¿Cómo se lleva tu familia con tus libros?
Soy afortunada, desde que era pequeña mi familia me ha entendido bien. Tengo amigos y amigas escritores cuyas familias no entienden bien a bien lo que hacen, no es mi caso lo cual no significa que una vez que empiezas a escribir y publicar, esto no genere daños colaterales. Muchas de mis columnas parten de una vivencia personal que lleva a una reflexión. He hablado de toda mi familia en mis textos, en general se sienten honrados, pero en ocasiones no están de acuerdo o creen que las cosas sucedieron diferente a como las cuento. No he tenido grandes conflictos, pero a mi madre le aterroriza lo que escribo y no pasa nada. Mi padre no ha leído mi última novela, al menos eso me ha dicho y lo entiendo. Siempre le digo a mi gente cercana que no hace falta que me lean ni que se sientan obligados a hacerlo.
¿Pero piensas en ellos mientras escribes, en cómo podrían reaccionar?
Nunca cuento historias personales de nadie en mis novelas. Soy escritora de ficción, lo que sí hago es construir personajes a partir de la mezcla de personas reales. Aprovecho la realidad para construir desde la ficción y la imaginación. Entiendo que la gente se puede confundir y pensar que es verdad. Desde luego hay un vértigo en el hecho de que la gente que me conoce me lea e interprete cualquier cosa, pero lo llevo bien. Mientras escribo intento no pensar en nadie.
Aunque en Escribir antes si hay un intento de sistematizar lo que piensas o cómo trabajas.
Hay un trasfondo de realidad. En mis diarios hago también ficción, no pongo lo que hago durante el día a menos que sea muy interesante. En mis diarios escribo desde recuerdos hasta ideas que voy a desarrollar. A veces veo una escena en la calle y mientras la escribo la convierto en ficción. Cuando escribes algo ya lo estás ficcionando. Suelo recordar las cosas como las escribí y no como las viví.
En el libro dices: “Escribir antes era fácil porque no había que escribir”. ¿Qué dificulta tu oficio hoy?
Lo más difícil es estar contenta con el trasvase de pensamiento – texto. Tengo graves problemas de disciplina. No soy metódica, soy compulsiva. Voy a tener ese problema toda la vida y lo acepto, es el precio que hay que pagar por pasarla bien escribiendo. No soy nada práctica en la escritura.
¿A qué te refieres?
A no enredarme en caminos absurdos. Para una novela puedo tener más tiempo, pero un prólogo, un ensayo para El País o un texto para un artista, requieren inmediatez. Muchas veces tengo varios encargos al mismo tiempo y cada uno implica un cambio de registro.
¿Algunas de las dificultades para escribir tienen que ver con los encargos, siempre necesarios para pagar la renta?
Me gusta mucho escribir por encargo. Los encargos me permiten cerrar el campo y me obligan amoldarme a algo. A mi me encanta hacer lo que se me da la gana dentro del espacio que se me ofrece. Actualmente escribo lo que quiero, aunque esto no significa que sea fácil ni que todos los días me apetezca enfrentarme a lo que tengo que hacer. Me encanta tener ideas, desarrollarlas me gusta menos.
(Foto: Andrea Fernández Plata).
En el libro se nota mucha libertad tanto en lo que ya mencionaste como en tu misma exposición, y me refiero a cuando hablas de tu sexualidad o a las personas que conoces.
Sí y esto es algo que va en aumento. Desde hace catorce años me dedico sólo a escribir. Al principio, intentaba contentar al medio que me pedía algo; me costó trabajo, pero por fin comprendí que, si me piden un texto, quieren un texto mío donde sea libre. Desde luego tengo bajones de inseguridad porque es importante no perderse en el ego, pero cada vez confío más en lo que puedo hacer. Nunca me han devuelto un texto.
Aunque ahí hay algo también del personaje que tú misma te has creado.
Actualmente me incomoda cuando me veo a mí misma exigirme ser un solo personaje. La idea del personaje público a veces te obliga a ser una sola cosa y eso es absurdo. Soy una persona contradictoria y me puedo arrepentir de lo que dije antes. Me parece importante permitirse ser muchos personajes, eso es divertido e interesante.
¿Escribir antes cambió tu relación con la literatura?
A raíz de hablar del libro la frase “escribir antes” se ha convertido casi en un mantra para no perder la frescura y que la escritura no se convierta en un trabajo de oficina y siga siendo un juego.
Aunque uno no puede escribir como antes como uno no se baña dos veces en el mismo río…
Pero sí se puede volver a un estado espiritual de juego. Cuando era niña o adolescente me leía poca gente y me daba vergüenza; hoy, en cambio, puedo ser la niña que me hubiera gustado ser en cuanto a la escritura.
¿Qué es lo más divertido de escribir?
Cuando tienes la sensación de manejar un coche o una bici medio borracha, es una metáfora desde luego. Lo más divertido es la velocidad que puedo tomar y sentir que no soy yo la que escribe.







