“Regresar a la raíz puede ser una propuesta política”: Juan Carlos Rulfo
El director de ‘Binnizá, los seres de las nubes’, plantea que los estímulos recién anunciados por el gobierno federal no aportan nada los cineastas independientes.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Hoy más que nunca el cine es una herramienta de manifestación política, apunta Juan Carlos Rulfo. Del director de En el hoyo, Del olvido al no me acuerdo y Cartas a distancia, llega Binnizá, los seres de las nubes, un nuevo documental que explora la importancia de las tradiciones y la creatividad en una comunidad del Itsmo de Oaxaca.
A partir de un mito creacionista, el cineasta desarrolla una visión poética que apuesta por vincularnos con la naturaleza y la tierra. “Más allá de izquierdas o derechas, lo importante es la no sobre explotación de los espacios naturales para vivir mejor”, sostiene el realizador de esta producción que forma parte de la programación del Festival de documentales Ambulante.
¿Cómo nace Binnizá, los seres de las nubes?
Empezó siendo una biopic sobre el maestro Francisco Toledo. Eduardo Díaz, un productor joven, me invitó al proyecto y yo que siempre he rodeado la figura de mi padre, empecé a rebotar la posibilidad de hacer algo biográfico. Sin embargo, y como siempre me pasa, terminé haciendo cosas sobre otras personas. Pero además fue un proceso lleno de interrupciones. Llegamos a Juchitán en 2018 para indagar y ver personajes que conocieron a Toledo, al poco tiempo llegó la pandemia y en medio hicimos otras películas. Mi mujer hizo Los años que compartimos, donde habla de distintas resistencias alrededor del mundo que luchan por el medio ambiente y la tierra. Yo nunca había trabajado el tema de las resistencias sino del mundo de la memoria y del escuchar a la gente. Te hago todo el recuento porque al final el documental se alimentó de esto. Poco a poco me encontré con estos personajes desconocidos que más que hablar del maestro Toledo, me hablaron de lo que están haciendo y viviendo ahora. Conocer personas que usan el arte para defender su espacio nos llevó a hacer a un lado la idea original para clavarnos en la defensa de la tierra; en el camino también encontramos la poesía de Irma Pineda, cuyos versos nos permitieron jugar con la idea de la creación del mundo.
La presencia de Irma Pineda da un tono poético a la película…
No me toca decir si es una película poética o no, simplemente le di la palabra a gente que no conocía. Estoy acostumbrado a hablar con habitantes de Jalisco, de la zona de mi padre, con gente de la Ciudad de México, y de pronto me encontré en un espacio que no es sencillo. Me les acerqué sin un tema en particular, solo les dije “déjame estar contigo y a ver qué hacemos”, a partir de ahí se construyó una vía de entendimiento muy bonita y que sobre la marcha tomó sentido. Gracias esto pudimos acercarnos con Lucas Avendaño, este mega muxe tan sofisticado y complejo con una propuesta años delante de lo que estamos viviendo en el asunto de los géneros. Cuando pensamos en qué hablar, él propuso tocar el tema de la desaparición de su hermano y de su gente, a partir de la tierra y llevándome a la montaña más alta de Juchitán. La película es una especie de Popol Vuh de cada uno de los seres que habitan ese espacio. Al final la enseñanza es que todos podemos escribir un mensaje de nuestra propia creación y de lo que esperamos del futuro, algo que me parece muy importante en estos tiempos.
Al mismo tiempo es una película muy política tanto por lo que dicen tus personajes, como por las imágenes.
Sí, es una teoría del desastre muy estética. Y sin duda tiene mucho que ver con varias partes de México y del mundo en general. El problema de las botellas de pet o de la supuesta energía limpia de los eólicos que en realidad no genera ningún bienestar para la gente, es universal. Pero al mismo tiempo tenemos las fiestas de las velas en Juchitán que son un reventón enorme, lleno de vida y de este México que resiste y se niega a morir. Tampoco nos interesaba hacer una película fatalista.
Al final se pone énfasis en la resistencia de la comunidad.
Desde luego, me emociona el final porque vemos a este personaje volver a la tierra. Quería hacer un homenaje al lugar de donde venimos y abrazarlo. No podemos pelearnos con las cosas hacia afuera. Me parece que regresar a la raíz sí puede ser una propuesta política, una base de lucha o de consejo. Al mismo tiempo es difícil porque no creo en esto de “el pueblo unido jamás será vencido”, me cuesta trabajo ese discurso porque ya no son así las cosas. Finalmente, el reconocimiento de tu tierra no conoce de izquierdas o derechas.
¿Cómo consigues hacer una película política sin tomar una posición de izquierda o derecha?
Hablando del sentido común. Hay una política sensata. La política implica darle la palabra a la gente, no permitirnos eso equivale a una declaración de guerra. Más allá de izquierdas o derechas, lo importante es la no sobre explotación de los espacios naturales para vivir mejor. El problema es que los intereses políticos parecen determinar el significado de “vivir mejor” y nos llevan a sitios donde no hay mucho futuro. Algo está pasando con el sentido común porque ya no sabemos hacia donde gira la veleta, por eso es importante escuchar a la gente y elevar nuestro nivel de diálogo. El cine, en este sentido, cumple como una herramienta de manifestación política que hay que escuchar más que nunca.
¿Cómo interpretas los estímulos al cine mexicano y al mismo tiempo los conflictos laborales en la industria?
Es complejo y confuso. Esto de los estímulos me parece bien para las grandes industrias y productores, llámese Netflix o Amazon, pero creo que al cine independiente no le aportan nada. Los trabajadores no se ven beneficiados de todo esto. Creo que es buen momento para retomar la posibilidad de crear el Sindicato de los Trabajadores Cinematográficos y que permee a todas las capas de la industria. De pronto parece que en México no se quiere a los cineastas, se cree que todos son Eugenio Derbez, Adal Ramones o Salma Hayek, pero hay muchos más que son tratados como si no existieran. Falta mucho trabajo en rubros como exhibición, mejores salariales, el seguro social. A nivel de estímulos falta creer que la cultura es una base fundamental para el bienestar social.
¿Por qué no se ha creado el sindicato?
Estamos en eso desde la pandemia. La Ley General del Trabajo lo permitió, pero un problema es que la gente no cree en los sindicatos y en las escuelas de cine lo ven como el algo ajeno o viejo. Necesitamos cambiar esto porque es una herramienta que puede beneficiar a las nuevas generaciones. Necesitamos concebir un futuro diferente para la creación cultural.






