Daniel Cosío Villegas fue uno de los grandes constructores del México moderno
En el 50 aniversario de su fallecimiento se le rindió un homenaje en El Colegio Nacional.
- Redacción AN / HG
11 Mar, 2026 20:56

“Daniel Cosío Villegas fue uno de los grandes constructores del México moderno”, aseguró el historiador Javier Garciadiego, miembro de El Colegio Nacional, durante la sesión homenaje por su 50 aniversario luctuoso, coordinado por Enrique Krauze.
En el Aula Mayor de la institución, recordó unas palabras de Cosío Villegas al inicio de su último curso, en las cuales les dijo a sus alumnos de la existencia de “dos ‘Danieles’: Daniel mártir y Daniel profeta”.
“Quedaba claro que él no tenía nada de mártir y de profeta tampoco mucho, pues a lo largo del curso vaticinó que el candidato presidencial del PRI sería Mario Moya Palencia. Hoy me queda claro que había un tercer tipo de Daniel: ni mártir, ni profeta, sino Daniel constructor. Daniel Cosío Villegas fue uno de los grandes constructores del México moderno.
El mejor ejemplo de lo anterior —agregó Garciadiego—, es que dos de sus creaciones institucionales, el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México obtuvieron el Premio Príncipe de Asturias, “algo que ningún otro ser humano ha logrado”.
“Hay quienes presumen que su papel en la historia es destruir instituciones. No tengo la menor duda de que los mexicanos debemos enaltecer a los constructores y cuestionar a los destructores. Hasta aquí, la grandeza del legado de don Daniel Cosío Villegas en la construcción de un México justo, ordenado, informado y progresista, con viabilidad futura”, destacó el catedrático e investigador de El Colegio de México.
Aun cuando existe un consenso sobre que Alfonso Reyes fue el fundador de la Casa de España y de su sucedáneo, El Colegio de México, ello se basa más en la repetición que en la verdad. “Aprovechemos el cincuentenario del fallecimiento de don Daniel Cosío Villegas para dejar bien asentado que el creador de ambas instituciones fue don Daniel”.
Testigo de su época
Durante su intervención, Javier Garciadiego rememoró que Cosío Villegas estudió en la Escuela de Jurisprudencia, “aunque significativamente primero había querido ser ingeniero”. Le tocó ser testigo de la violencia revolucionaria y luego participó en la etapa reconstructiva de la Revolución.
Si Reyes fue miembro del culturalista grupo del Ateneo de la Juventud, Cosío fue parte de la generación de 1915, llamada así por haber coincidido en la universidad, jurisprudencia, durante aquel fatídico, dura experiencia que definió su destino: colaborar con sus conocimientos técnicos en la edificación del nuevo país. “Ajenos a la nostalgia del porfiriato, los jóvenes de 1915 tuvieron que ser prácticos y operativos. El primer trabajo de Daniel Cosío Villegas, antes incluso de titularse, fue ser asistente de Antonio Caso en el curso de sociología y el segundo trabajo fue colaborar muy cerca de José Vasconcelos en su afán de refundar el sistema educativo mexicano”.
En sus memorias, don Daniel destacó que su colaboración con Vasconcelos fue una experiencia extraordinaria; después de estudiar economía en Harvard, especializándose en economía agrícola, hacia los años 20 se afanó en la creación de la primera carrera de economía, pues la terrible crisis de 1929 hacía imperativo que México tuviera economistas profesionales, capacitados para paliar secuelas de dichas crisis.
“No hay duda alguna, su colaboración con Vasconcelos y su participación en la creación de los estudios económicos en México nos anuncian y explican su posterior involucramiento en la construcción de instituciones dedicadas a la enseñanza de las ciencias sociales de nivel universitario.
Considerado uno de los pocos economistas profesionales y actualizados del país, en 1935 fue enviado como consejero económico en la embajada en Washington, con la encomienda de que se abocara para que México pudiera tener con Estados Unidos un nuevo tratado comercial, a partir de la revisión de los aranceles, fíjense nada más que contemporáneo”.
Una vida intelectual
Las anteriores son apenas una muestra de las múltiples aportaciones de Daniel Cosío Villegas a la vida institucional de México, pero en la sesión también se dio espacio a la reflexión de su obra literaria, tarea encargada a Christopher Domínguez Michael.
Durante su participación, el crítico recordó que los autores más comentados de la prensa literaria nacional en su tiempo fueron Daniel Cosío Villegas y Octavio Paz, nombres que se remontan a su infancia, a su primera juventud, porque estaban en las preocupaciones, en las críticas, “en la buena y mala onda que en mi familia hacia ellos, como parte de un México desastrosamente parecido al actual, en que la función de quienes formaban parte, en el caso de mi familia, de las profesiones liberales eran quejarse del gobierno, ilusionarse del gobierno, pero no actuar”.
“En los libros de Cosío Villegas hay un rescate que hizo Luis Mario Schneider, quien nos permite seguir el camino que no tomó, quizás afortunadamente o muy probablemente, con mucha fortuna, Cosío Villegas para dedicarse a la construcción de las instituciones de las que se ha hablado aquí, a la escritura de la historia moderna de México y a respaldar proyectos de los cuales ya fueron figuras importantes ustedes (Jean Meyer y Enrique Krauze)”.
Desde su perspectiva, siempre es interesante, sobre todo cuando se tiene la ventaja de lo que se llama “la pedantería de la posteridad”, buscar en las obras primerizas aquello que se quedó y “para mí no fue inútil la lectura de la obra literaria del joven Cosío Villegas, porque el autor que más aparece es José Martínez Ruiz, alias Azorín”.
Si bien no halló similitudes en la actitud, porque para Domínguez Michael Azorín “fue un hombre melifluo, ciertamente cobarde, acomodaticio; nada que ver con el Daniel Cosío Villegas militante”, en especial a partir del movimiento estudiantil del 68, en la revista Plural, en el diario Excélsior.
“Pero, sí se parecen en algo, o, más bien, el joven Cosío Villegas tomó de Azorín algo que se quedó en la historia moderna de México y en sus artículos periodísticos: la idea de que la sencillez en la escritura no le quita nada a la complejidad de los problemas tratados”.
Gratitud
Jean Meyer, quien fue un discípulo muy cercano a don Daniel, ofreció un ejercicio de gratitud “por todo lo que le debo”, como la lectura de los manuscritos de los primeros tomos de la historia de la Revolución mexicana que publicó El Colegio de México y leía con una atención no solamente el fondo sino la forma, y “recuerdo muy bien, porque me lo enseñó: ‘Jean, no hay que decir Calles. Hay que decir Plutarco Elías Calles, todas las personas merece su nombre completo”.
Antes de llegar a México, en septiembre de 1965, en El Colegio de México, Fernand Braudel, el cacique de Francia que se decía el gran mandarín de la historia, “me encargó reseñar para la revista Anales siete tomos de la Historia moderna de México. Salí de su oficina con una maleta que consiguió la secretaria y me pasé todo el verano para cumplir con mi tarea: fue el primer contacto con don Daniel y con el estilo y con los títulos, a veces irónicos, picarescos, poéticos también, de los capítulos”.
En México, entre septiembre de 1965 y julio de 69, no tuvo la oportunidad de conocerlo, sino hasta los últimos cinco días de su estancia en México, pero todos sus mentores del Colmex, como Luis González, Rafael Segovia, Antonio Alatorre o Mario Ojeda le hablaban de don Daniel, con quien comían cada lunes.
“Hasta que, en julio de 1969, la Secretaría de Gobernación me avisó que tenía que salir cuanto antes del país. Y cuando estaba preparando rápidamente la salida recibo una invitación a comer con Don Daniel, quien pronunció unas palabras de desagravio, porque me sacaban del país.
Pasaron tres años, estaba en París, me sentía exiliado; no sabía si algún día podía volver a México. Me dieron una beca que me permitió redactar La cristiada y defender la tesis, hasta que un día recibo una carta de Luis González, en la que le comentaba que donde Daniel le informaba que podía regresar a México, siempre y cuando guardara prudencia”.
Legado
En la sesión, así como se habló de don Daniel como el creador de instituciones, había que reflexionar acerca de las circunstancias actuales del Fondo de Cultura Económica, enfatizó Enrique Krauze: la editorial que le dio el mayor prestigio a México en el mundo de habla hispana desde 1934 hasta hace poco tiempo.
“Cuando España estaba sumida en la guerra civil, y cuando Argentina, la otra potencia editorial, caía bajo la bota militar del peronismo, Cosío Villegas, desde los años 30, había notado que en nuestra cultura de habla hispana hacía falta una oferta de libros traducidos de manera impecable, primero de economía, luego de sociología, historia, lingüística… de toda índole de las humanidades”.
En sus palabras, lo más importante de Cosío Villegas es que no teorizaba sobre las cosas, sino las llevaba a cabo con inmenso esfuerzo y gran discreción, porque esa labor de empresario cultural es solitaria e ingrata, “pero celebraba, según él me decía, la aparición de un libro como si hubiera nacido un nuevo hijo”.
“Ese fue el Fondo de Cultura Económica que dirigió Daniel Cosío Villegas y que, después, dirigió con brillo Arnaldo Orfila, dándole un enfoque más literario, que publicó a Octavio Paz, a Carlos Fuentes, a Juan José Arreola, a Juan Rulfo. ¿Qué sería de México sin la construcción del FCE, que está en terapia intensiva? Espero que, como tantas cosas en México, pueda salvarse”.









