Felipe Leal evoca a Teodoro González de León, en su centenario
El arquitecto prepara la muestra 'Teodoro multidimensional. Centenario de Teodoro González de León (1926-2026)', que se inaugurará este martes 8 de septiembre en El Colegio Nacional.
- Redacción AN / MDS

Por Andrea Martínez / El Colegio Nacional*
Teodoro González de León (1926) llegaba en auto al proyecto arquitectónico que entonces dirigía al sur de la Ciudad de México: un centro de cómputo de Nacional Financiera. Próximo a la obra vivía Felipe Leal (1956) y, en ocasiones, desde la ventana de su departamento, lo veía estacionarse frente a la construcción.
Una mañana decidió bajar a saludarlo. Y es que Leal sentía admiración por González de León desde que era estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Particularmente, le conmovieron dos de los edificios que había proyectado años atrás: la sede del Infonavit (1975) y El Colegio de México (1976).
Ambos proyectos sorprendieron al joven arquitecto, porque en la Ciudad de México no se habían visto edificios como aquellos: robustos, integrados a la naturaleza y al paisaje urbano; construidos con muros de concreto cincelado, con amplias entradas y bocas sin cristales y pérgolas que permitían que la luz bañara los vestíbulos o plazas de acceso. Más que edificios, le parecían obras de arte.
“Bajé de mi departamento para abordarlo y me presenté. Le dije: ‘Mucho gusto arquitecto. Soy Felipe Leal y también arquitecto’. Me preguntó: ‘¿De dónde?’. ‘De la UNAM’, le respondí. ‘¡Yo también soy egresado! Estudié en la Academia de San Carlos; de alguna forma también soy egresado de la UNAM’, me contestó. Ahí lo conocí”, narra en entrevista Felipe Leal.
A partir de ese momento, ambos arquitectos comenzaron una relación cordial. Cuando Leal fue director de la Facultad de Arquitectura (1997-2005) lo invitó a participar en conferencias, congresos y lo incluyó en un Consejo Asesor Externo, con los mejores arquitectos de México del momento, para que opinara sobre cómo mejorar y dinamizar aquella Facultad.
Paulatinamente, la relación que parecía solo profesional se convirtió en una amistad que duró cerca de 20 años. Durante ese tiempo, Leal conoció el proceso creativo que le había permitido a González de León realizar obras como la delegación Cuauhtémoc (1973), la remodelación del Auditorio Nacional (1976), la Universidad Pedagógica Nacional (1981), el Museo Rufino Tamayo (1981), entre otros.
La impronta que González de León dejó en la arquitectura nacional e internacional fue reconocida en México y en el mundo con distintos galardones. En 1989 ingresó a El Colegio Nacional.
“Era un hombre sumamente disciplinado. A las 11:00 de la mañana llegaba a trabajar a su despacho, después iba a comer, regresaba a continuar trabajando. Solo paraba si tenía algún evento social: la inauguración de una exposición o alguna cena. De no salir de su casa, desde las 9:00 hasta las 12:00 de la noche se dedicaba a cultivarse: leía, pintaba o escuchaba música”, recuerda Leal.
Agrega que, además de aquellos pasatiempos, González de León gustaba del cine, de los conciertos y, ante todo, de viajar. Salía del país para conocer las nuevas arquitecturas que se inauguraban alrededor del mundo. “Si había un nuevo museo, organizaba un viaje para visitarlo. Le encantaba estar al día”.
Además, todas las mañanas hacía ejercicio. “Construyó un canal de nado en su casa, donde se introducía en el agua todas las mañanas. Era un hombre de una gran disciplina y rigor intelectual”.
Más allá de sus aficiones y rutinas, Leal conoció el lado sensible del arquitecto. De hecho, aún admira “su capacidad de goce frente a las experiencias estéticas, que lo motivaron mucho”. Cuenta que estaba “muy interesado en todo el arte de su época”.
En palabras de Leal, González de León, además de salir a habitar la ciudad y admirar los edificios, visitaba museos y salas de concierto: “tenía una gran sensibilidad para escuchar música contemporánea y un vasto conocimiento de otras disciplinas”. Enfatiza:
“Lo admiré mucho. Siento su influencia muy marcada, y es alguien a quien tengo muy presente en mi vida cotidiana: en cómo analizo y en ser contundente. Cuando estás convencido de algo, hay que ser contundente; no hay que dudar, ya sea una decisión arquitectónica o de vida, se tiene que tomar con absoluta convicción”.
Y con respecto a la obra arquitectónica González de León, Leal siente especial aprecio por El Colegio de México y el Museo Tamayo. Ambos son “donde mejor se expresa su interés por la arquitectura masiva, con oquedades, luces y puntos de encuentro”. Y si estos edificios tuvieran un acompañamiento musical, Arvo Pärt haría el paisaje sonoro a las obras del “renacentista del siglo XX”, el “florentino del Anáhuac”, como lo define Leal.
González de León multidisciplinario
Leal toma esta llamada telefónica mientras prepara la exposición Teodoro multidimensional. Centenario de Teodoro González de León (1926-2026), que se inaugurará el próximo martes 8 de septiembre en la sala de exposiciones de El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, CDMX).
Esta exposición mostrará las inquietudes plásticas de González de León, más allá de su conocida faceta de arquitecto. “La mayoría del público desconoce su pintura. Esta exhibición será, ante todo, sobre su arte plástico, su conocimiento sobre la geometría, su paso por El Colegio Nacional y cómo se interrelacionó, desde la arquitectura, con intelectuales y artistas de otras disciplinas”.
La muestra estará integrada por 49 obras plásticas, provenientes de varias colecciones, como del Archivo Teodoro González de León, del Museo Tamayo, así como de El Colegio Nacional. Estas piezas, algunas tridimensionales y elaboradas con materiales distintos, destacan por sus líneas, curvas, volúmenes y por su paleta de colores, inspirada en la del arquitecto suizo-francés Le Corbusier, con quien González de León trabajó en París, Francia.
Entre estas obras se exhibirá una pieza monocromática, a la que Leal le guarda un cariño especial, porque se la regaló el propio González de León. En un extremo de la pieza, escrito con la fina letra mayúscula del arquitecto, se lee: “Pasaje cóncavo. Para Felipe Leal con amistad”.
Ahora, aquella pieza, que originalmente decora la sala de su casa, estará exhibida en esta muestra, junto con 41 fotografías y 19 libros que publicó González de León y que resguarda el Centro de Documentación de esta institución. En ellos están contenidos “sus saberes y sus opiniones”.
Así, a través de su obra, literatura y fotografías, esta exposición mostrará que González de León “además de hacer arquitectura, era un hombre que pintaba, escribía, polemizaba y se interesaba por otros territorios del saber”.
Conversaciones con Teodoro González de León
Previo a la inauguración de la muestra, a las 18h, Felipe Leal presentará su libro Conversaciones con Teodoro González de León. La arquitectura, el arte y la ciudad (El Colegio Nacional, 2026), en compañía del escritor Juan Villoro, miembro de El Colegio Nacional; de Gerardo Estrada, y de Graciela de la Torre: “dignos testigos de las reflexiones de Teodoro, y de su pasión por el arte y por la arquitectura”.
Se trata de un volumen que reúne cuatro entrevistas que Leal le hizo a González de León entre 1996 y 2013. En estas conversaciones, el arquitecto compartió qué le impactó de Roma, Nueva York o París, ciudades que frecuentaba; debatió si la arquitectura debe exhibirse en museos o si, en cambio, la ciudad es el gran escenario, entre otros temas.
En el libro “se observa su amplia capacidad intelectual y su conocimiento sobre la historia de la arquitectura; reflexiona sobre el pasado, el tiempo y cómo nos organizamos los humanos en los espacios habitables” concluye el arquitecto.
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* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.


