“Después de dos décadas de movimientos feministas fuertes, hoy estamos en retroceso”: Selva Almada
La narradora argentina hace una crítica al antropocentrismo en ‘Una casa sola’, su nueva novela.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
¿Qué historias guarda una casa abandonada? Al interior de un espacio silencioso y empolvado se esconden episodios protagonizados por hombres y mujeres que han enarbolado luchas internas. Con un poco de atención y oficio, ambas cualidades de las que puede presumir Selva Almada (Entre Ríos, Argentina, 1953), se puede hurgar en esos pasajes.
Amante de los escenarios rurales y periféricos, la narradora argentina publica Una casa sola (Penguin Random House), su nueva novela y desde la cual lanza una crítica certera a las narrativas con mirada antropocentrista. A partir de un notable ejercicio de imaginación y trabajo literario, da voz no solo a lo que en su momento fue una casa llena de vida, sino también a todo el entorno natural que la rodea.
¿Cómo fue el proceso de darle voz a una casa?
Esto surgió durante la escritura de la primera versión, de hecho, al principio me generó muchas dudas porque me parecía demasiado arriesgado hacer hablar una casa y sostener la voz a lo largo de una novela, pero decidí probar. Al mismo tiempo me parecía que agregar una segunda voz, la del monte, podía quitar tedio y equilibrar. Creo que son dos tonos complementarios.
En eso hay una perspectiva crítica al antropocentrismo, porque pones al ser humano como un bicho más.
Así es, creo que es una idea muy presente en toda la novela. Una vez que nosotros nos retiramos de ciertos espacios, ¿qué es lo que sucede con los sitios vacíos de humanidad? Por eso la mirada de la casa se empapa de lo que pasa con otros animalitos o las plantas del monte.
En principio, darle voz a una casa tiene que ver con una cuestión muy infantil y relacionada con las casas misteriosas.
Sin duda, las casas encantadas de los cuentos que leíamos en la infancia. Mi abuelo paterno vivía en el campo cuando era chica, eran los años ochenta, época en que los campesinos migraron a la ciudad porque ya no podían a vivir en territorios rurales. Recuerdo que cuando me quedaba con mi abuelo y salía con mis tías a caminar, entrábamos a casas que quedaban como ruinas. Mientras escribí esta novela me acordé mucho de esos paseos. Ya después, como estudiante, viví en muchas casas distintas y siempre me he preguntado cómo era la vida en esos espacios.
¿Alguna casa en particular que despertara tu inquietud?
La casa donde vivo desde hace veinte años. Durante mucho tiempo la alquilamos, pero cuando la compramos hicimos una remodelación grande y como que a la casa no le gustó. El piso se levantó cuatro veces, aparecieron goteras donde no debía haberlas. Ahora la casa se está calmando, pero al principio nos dio muchos dolores de cabeza.
Ahí está el germen de la novela, ¿no?
Sí, todo eso ocurría mientras fui a hacer una residencia. Mi marido era quien me daba las noticias y yo estaba muy preocupada por el tema de la casa.
En la historia de la casa de tu novela hay episodios de violencia.
Sí, porque la última familia que la habitó desapareció de manera misteriosa, siendo de una familia de trabajadores rurales. Eso marcó mucho el tema de la relación entre quienes trabajan la tierra y los dueños, relaciones tirantes y difíciles.
Sueles ubicar tu escritura en las periferias, ¿por qué?
Me interesa trabajar espacios o territorios donde veo una potencia lírica que no he encontrado en espacios urbanos. Me llama la atención la oralidad de esa zona, que es similar al lugar donde viví. Creo que todo eso le da atmósfera y textura a lo que escribo.
¿Crees que la literatura o el arte argentino tiene una deuda con las comunidades rurales u originarias?
En el último tiempo hay más trabajo artístico sobre estos temas. Hay autores y autoras de pueblos originarios que ponen en la discusión asuntos como este. Sin embargo, no es algo abundante en la literatura argentina. Hay autoras que me encantan como Liliana Ancalao, una poeta mapuche. Hay una literatura que antes no despertaba mucho interés y que ahora está tomando fuerza.
Me parece que eres de las autoras latinoamericanas que más y de la mejor manera, han hurgado en las masculinidades.
No sé, creo que en las tres novelas donde trabajé con personajes varones me acerqué a esos universos desde las preguntas que me planteaba como feminista. ¿Cuánto pesan los pactos, el honor o la traición?, son conceptos con los que las mujeres no nos relacionamos tanto. Sin embargo, creo que en Una casa sola hay una mirada más femenina, de entrada, la casa está concebida casi como un vientre materno y otros personajes son mujeres con mucha determinación. En esta novela lo femenino está mucho más presente.
Varios de los conceptos que mencionas están muy ligados con la política y en cambio, las descripciones, las narraciones de esta novela son muy sensoriales, creo que esto le da una dimensión política importante a la novela.
Sí, siempre lo político atraviesa mis textos de una manera inconsciente.
No creo que sea tan inconsciente…
Cierto, no es tan inconsciente, pero es que tampoco podría escribir una novela sin que eso aparezca. Provengo de una clase obrera y trabajadora, mi abuelo materno fue peón de estancia y las luchas sociales que aparecen en la trama de la novela tienen que ver con mi propio origen. Lamentablemente me parece que después de dos décadas de movimientos feministas muy fuertes, hoy estamos en una etapa de retroceso. Hace treinta años en Argentina se lograron leyes que hoy son impensables sobre asuntos como el aborto. Ahora, con la llegada al gobierno de una derecha muy burda todo eso está en peligro.
Parece paradójico, por un lado, tenemos la etapa de retroceso que mencionas y por otro una buena parte de la mejor literatura latinoamericana de hoy, es la escrita por mujeres.
Es verdad, creo que este fue un proceso que inició con los feminismos latinoamericanos. Creo nos dieron visibilidad, además, había un montón de escritoras que veníamos publicando desde hacía tiempo en editoriales pequeñas. Apenas se corrió la cortina para mostrar nuestro trabajo, se descubrió una literatura de mucha calidad.






