Descubren un posible nuevo planeta enano en los confines del sistema solar
El reciente descubrimiento de un objeto transneptuniano, gracias al telescopio Vera C. Rubin, abre nuevas interrogantes sobre las regiones más lejanas del sistema solar y la posible existencia de otros planetas enanos aún desconocidos.
- Redacción AN / MDS

Por Julio García G. /Periodista de Ciencia
En ciencia, y particularmente en lo concerniente a la exploración espacial, a veces parece que todo ha sido descubierto, sobre todo en lo que incumbe al estudio de nuestro sistema solar.
Sin embargo, hace unos días, el pasado 27 de octubre, un equipo internacional de astrónomos nos sorprendió al anunciar la presencia de un objeto celeste situado en las regiones exteriores del sistema solar que, por sus dimensiones, podría convertirse en uno de los planetas enanos más grandes conocidos hasta ahora.
La búsqueda de planetas cercanos a la Tierra se remonta a varios siglos atrás. Por ejemplo, Nicolás Copérnico, en el siglo XVI, formuló el modelo heliocéntrico moderno, situando al Sol cerca del centro del sistema planetario y reconociendo a la Tierra como un planeta.
También, figuras tan destacadas por sus aportaciones a los ámbitos de la física, la astronomía y la óptica, como el mismísimo Galileo Galilei, Isaac Newton o Johannes Kepler, contribuyeron al descubrimiento y al estudio de planetas.
El objeto recientemente hallado -gracias al telescopio Vera C. Rubin- se encuentra en los confines del sistema solar, más allá de la órbita de Plutón (al que ya no se le considera como un planeta desde hace algunos años) y, según las observaciones, es un objeto transneptuniano grande y brillante que los científicos han identificado como candidato a planeta enano.
Aunque todavía faltan observaciones más precisas, de confirmarse, 2026 ED138 -como lo han bautizado- estaría entre aquellos planetas enanos más grandes descubiertos hasta la fecha en esta región del Sistema Solar.
¿Qué son los objetos transneptunianos?
Quizá el concepto “transneptuniano” pueda parecer muy complejo de entender, pero, en realidad, los objetos transneptunianos son cuerpos que orbitan alrededor del Sol y cuya distancia media a nuestra estrella es mayor que la de Neptuno, el planeta más alejado del sistema solar.
Neptuno se encuentra a unos 4,500 millones de kilómetros del Sol, por tanto, debido a la distancia, la luz y la radiación que llega de este último no es suficiente para producir calor. De ahí que muchos de los llamados planetas gigantes, como Neptuno, tengan temperaturas extremadamente bajas, lo que hace que sean mundos congelados.
Además de ser gélidos, estos objetos están constituidos principalmente por distintas proporciones de roca y materiales helados, como agua, metano y nitrógeno congelado. También, forman parte del llamado cinturón de Kuiper, una extensa región situada más allá de la órbita de Neptuno.
De hecho, uno de los objetos transneptunianos más conocidos es Plutón, que durante décadas fue considerado el noveno planeta del sistema solar, hasta que en el año 2006 la Unión Astronómica Internacional (la máxima autoridad en el mundo para clasificar y nombrar objetos celestes) lo reclasificó como planeta enano tras un acalorado debate.
Por otro lado, la órbita de 2026 ED138 describe una órbita elíptica, ligeramente excéntrica, pero bastante inclinada con respecto al plano que orbitan los ocho planetas.
Si pudiésemos visualizar al sistema solar desde afuera, desde una nave espacial que se aproxiamara a él, muy probablemente veríamos cómo la órbita de 2026 ED138 hace un trazo bastante excéntrico que va de arriba abajo y de abajo arriba (en el espacio, hay que enfatizarlo, no existen un arriba y un abajo absolutos), en lugar de mantenerse en el mismo plano con respecto al Sol que los demás planetas (aunque, también, los planetas del sistema solar no tienen una órbita perfectamente plana con respecto al Sol, sino que están ligeramente inclinados).
En lo concerniente a qué tan relevante es que se confirme la existencia de un mundo como 2026 ED138 (la presencia del objeto ya está confirmada, pero solamente falta determinar si es un planeta enano o no) hay que decir que es sumamente relevante porque los astrónomos podrían enriquecer la información que actualmente tienen sobre el origen de nuestro sistema de planetas.
Ello se debe a que, como los planetas helados cambian poco debido a las bajas temperaturas -así permanecen casi inalterados- pueden guardar durante miles de millones de años muchos datos relevantes sobre cómo se formó y cómo es que los planetas actuales -incluyendo a la Tierra- llegaron a tener las características que hoy tienen.
También, los investigadores podrían estudiar cómo influye la gravedad de Neptuno en los cuerpos transneptunianos y viceversa, ya que estos ayudarían a comprender cómo los planetas gigantes modificaron sus posiciones durante la evolución del sistema solar.
La curiosidad siempre nos ha impulsado a buscar respuestas en torno a lo que nos rodea, ya sea el funcionamiento de nuestra propia mente, la existencia de vida, por qué el mundo que habitamos es como es o por qué el Universo es tan complejo.
Con mucho esfuerzo hemos logrado responder a muchas interrogantes a lo largo de los siglos, pero, a pesar de nuestra relativa cercanía con el resto de los objetos de nuestro sistema solar, paradójicamente seguimos sin conocer realmente cómo se formó.
¿Para qué lo querríamos saber? Más allá de la curiosidad, quizá conocerlo nos ayude a comprender cómo se formaron otros sistemas estelares y qué tan fácil, o no, es que nazcan sistemas solares aptos para el surgimiento de la vida y de organismos tan sofisticados como nosotros los seres humanos.

