Vivimos en la era del entretenimiento, dice Byung-Chul Han en su nuevo libro
El filósofo de origen coreano advierte que ahora para formar parte “del mundo” hay que ser entretenido.
(Herder).

Por Héctor González

Hace unos días los cineastas Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Ken Loach, lanzaron sendos dardos contra el cine de superhéroes y en particular contra las sagas de la casa Marvel. Aseguran que se producen como maquila y cuestionaron su sentido artístico. Atrás de los argumentos esgrimidos por los legendarios realizadores en realidad hay un debate acerca del tipo de entretenimiento que consumimos y la forma en que nos relacionamos con él.

En su libro, Buen entretenimiento, el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han (1959) aporta algunas coordenadas para ubicar el sentido de la discusión. “El entretenimiento se eleva a un nuevo paradigma, a una nueva fórmula del mundo y del ser. Para ser, para formar parte del mundo, es necesario resultar entretenido”, nos dice.

Los argumentos a favor y en contra atraviesan por un barniz moral. Kafka y Heidegger fueron dos críticos de la disipación. El segundo, en particular abanderó la idea de que el trabajo dignifica al Hombre. Para el alemán, el ocio y los medios distancian el ser humano de su realidad y por lo tanto resultaban evasivos.

No obstante, recuerda Byung-Chul Han, la presencia de espectáculos como el teatro o los conciertos son tan antiguos como la civilización griega.

Los dramaturgos helénicos, Bach e incluso Rossini, hoy celebrados exponentes del teatro y de la música clásica, dedicaron su creatividad a entretener a la aristocracia y realeza de su tiempo.

El coreano incluso va más allá y defiende la presencia de los superhéroes como instrumentos para posicionar ciertos valores morales básicos entre los niños de una manera rápida y efectiva.

Donde sí advierte un cambio que podría ser alarmante, es en la ludificación del sistema de producción. El trabajo hizo suya la dinámica del entretenimiento y con ello nos absorbió aún más. Una de las consignas de nuestra época, particularmente en los países desarrollados, es divertirnos en el centro de trabajo.

Por si fuera poco, nuestra forma de consumir información y conocimiento atraviesa por el mismo tamiz. La tendencia es ceder espacios de análisis e información a presentadores sin preparación, pero con un estilo ligero y “chistosito”. Podría dar algunos nombres, pero tú sabes mejor que yo quiénes son. Una pretensión similar la vemos en la política.

Por supuesto, no se trata de satanizar y menos aún de descalificar per se, sino de estar atento y saber separar lo uno de lo otro. Quizá es en el terreno de las series es donde mejor se ha asimilado la necesidad de contenidos críticos y complejos, pero a la vez ágiles y digeribles para el gran público.

A Scorsese, Coppola y Loach se les paso la mano. Por supuesto, no todo Marvel es superficial y menos aún objeto de maquila consumista, hay excepciones. Donde sí tienen razón y aquí coinciden con Byung-Chul Han, es en el llamado para estar alerta toda vez que el entretenimiento no tiene porque ser trivial y mucho menos superficial.

Byung-Chul Han. Buen entretenimiento. Herder. Trad. Alberto Ciria. 163 pp.

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