opinión*
El “volver a nacer” de Rulfo y Baudelaire (Apunte para nuevos escritores) | Artículo
por Julio Moguel
Cuartoscuro / Archivo

Julio Moguel

I

Harto de ubicarse en determinadas escuelas o moldes literarios, Juan Rulfo decidió un buen día tirar a la basura su primera novela, dedicada a una historia tejida en los sueños asfálticos de la urbe, para entrar de lleno en su propia y muy particular manera de “sentir” y de “vivir” la traza literaria desde un ámbito dominantemente rural (aunque no haya poca materia “urbana” en las líneas de su obra mayor). Fue en ese movimiento liberador que empezó a redactar los cuentos que compusieron primero El Llano en llamas (1953), y consecutivamente –o en paralelo, pudiera pensarse– su novela Pedro Páramo (1955). Sobra decir que con ello se convirtió en el personaje mayor de la literatura del México moderno, y en uno de los más grandes escritores del mundo de todos los tiempos (Borges dixit).
Estas líneas deben decirle o demostrarle algo a quienes tienen deseos de escribir buenas historias, cuentos, poemas o novelas: cuando se tiene la formación y la genialidad de un personaje como Rulfo, la frase de “Haz de cambiar tu vida” recogida en reciente libro por Sloterdijk adquiere o puede adquirir un día todo su sentido de valor, pensada también quizás desde aquellas extrañas líneas de Pessoa cuando en sus magníficas Odas nos convoca a “abdicar”.
Porque dar el salto hacia buenos niveles de escritura requiere acaso una especie de “desculturación”; un dejar atrás las viejas y sobadas maneras de pensar la vida y de sentir; una renovación que pueda incluso llegar en dicha abdicación hasta “la infancia”, si por ello entendemos la capacidad adquirida (adquirida, forjada: no mágicamente recibida por algún designio mayor) para “volver a nacer” (en la idea arendtiana del nacer).

II

Charles Baudelaire fue lo que fue por razones muy similares a las que condujeron Rulfo a escribir lo que escribió. En un hermoso texto de 1855, cuando el autor de Las flores del mal contaba con 34 años, escribió: “Condenado siempre a la humillación de una nueva conversión, tomé una gran decisión. Para escapar del horror de las apostasías filosóficas, me resigné orgullosamente a la modestia: me contenté con sentir; regresé a encontrar un asilo en la impecable ingenuidad. Pido perdón a los espíritus académicos de toda clase que habitan los diferentes talleres de nuestra fábrica artística […] ¡Oh vanidad! Prefiero hablar en nombre del sentimiento, de la moral y del placer. Espero que algunas personas, sabias y sin pedantería, encontrarán de buen gusto mi ignorancia.
Es Roberto Calasso, en La Folie Baudelaire, quien explica con suficiencia dicha conversión: “Cuando Baudelaire entró en el paisaje de la poesía francesa los puntos cardinales se llamaban Hugo, Lamartine, Musset, Vigny. Toda posición podía ser definida en relación con ellos. Adondequiera que se mirase el espacio ya estaba ocupado, observó Sainte-Beuve. Pero sólo en horizontal. Baudelaire eligió la verticalidad. Hacía falta introducir en la lengua una gota de metafísica, que hasta entonces faltaba. Baudelaire […] tenía algo de lo que estaban desprovistos sus contemporáneos, y que le faltaba incluso a Chateaubriand: el anatema metafísico […] Preliminar a todo pensamiento, la pura aprehensión del instante, la congénita inclinación a sorprenderse en ciertas ocasiones en que la vida, como desenrollando una gran alfombra, revelaba la profundidad definitiva de sus planos.”

III

Juan Rulfo identifica esa necesidad de “renacimiento” en la mencionada “abdicación” pessoeana cuando explicaba, en una entrevista concedida a Alejandro Avilés en 1969, que “la novela latinoamericana [había] equivocado el camino debido a influencias negativas: textos verbalistas, llenos de retórica. Regodeo en la palabra y en la forma, que fue también lo que liquidó la novela española, [y] cuando al fin se libera de ese lastre surgen valores como Roa Bastos, José María Arguedas, Alejo Carpentier. Entre los argentinos insistiría en el Cortázar cuentista y en Sábato. Entre los colombianos García Márquez y Enrique Buenaventura. Hay bolivianos y paraguayos con relatos estremecedores de la guerra del Chaco […] Oye, tengo muy mala memoria: se me olvidan muchos nombres. Ahora recuerdo Al boliviano Céspedes. Por supuesto, no se me olvida Miguel Ángel Asturias, con El señor Presidente y Hombre de maíz”.
Interesante similitud con la manera en que Baudelaire se libera de la novela romántica y de autores tan dominantes como Hugo, quienes tejen sus novelas e historias en complejas combinaciones de lenguaje que sirven grandemente, así sea con maestría, al regodeo egocentrista del francés medio y aristocrático de su época y a la construcción de un pensamiento incapaz de ubicarse en la posibilidad de ruptura: el mundo es redondo y su centro vital es París.
Pero he aquí que Baudelaire rompe el cordón umbilical de esa coartada literaria y se alimenta, entre otros, de dos extranjeros magníficos: Poe, norteamericano, y el inglés De Quincey. Y suena su rebeldía en su muy personal elección iconoclasta de quién es o será su pintor de la vida moderna: ni Ingres ni Delacroix (a quien tanto había llegado a admirar), sino Constantins Guys: un pintor “de la calle” y “de las calles”, capaz de retratar a vuelapluma a “personajes-cualquiera” de la gran ciudad. Con él lograba captarse “lo transitorio, lo fugaz, lo contingente”.
“Personajes-cualquiera”. De ésos están llenas las páginas de la literatura de Rulfo y de Baudelaire. “Personajes-cualquiera” que tendrán que llenar las páginas nuevas de aquellos que, atreviéndose en estos nuevos tiempos a “abdicar”, abran nuevos horizontes a la literatura de nuestros tiempos.

Julio Moguel

Economista de la UNAM, con estudios de doctorado en Toulouse, Francia. Colaboró, durante más de 15 años, como articulista y como coordinador de un suplemento especializado sobre el campo, en La Jornada. Fue profesor de economía y de sociología en la UNAM de 1972 a 1997. Traductor del francés y del inglés, destaca su versión de El cementerio marino de Paul Valéry (Juan Pablos Editor). Ha sido autor y coautor de varios libros de economía, sociología, historia y literatura, entre los que destacan, de la editorial Siglo XXI, Historia de la Cuestión Agraria Mexicana (tomos VII, VIII y IX) y Los nuevos sujetos sociales del desarrollo rural; Chiapas: la guerra de los signos, de ediciones La Jornada; y, de Juan Pablos Editor, Juan Rulfo: otras miradas. Ha dirigido diversas revistas, entre ellas: Economía Informa, Rojo-amate y la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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