Criaturas irresistibles: 21 canciones de 21 discos del momento (solo mujeres)
La nueva playlist está integrada por una veintena de temas de álbumes hecho por chicas, o en los que participan ellas. Además, aquí se revisa el minimalismo sombrío de Ryuichi Sakamoto, el extravío de Arcade Fire, la consagración de The War On Drugs...

Por José David Cano

En algún momento lo dijo Ryuichi Sakamoto en entrevista: “A veces puedo sonar más clásico, otras no. Mi objetivo es deshacerme de los muros entre los géneros. Nunca pienso en ellos.”

La frase, que a mi parecer debería guiar nuestro acercamiento hacia la música, me sirve como preámbulo para esta nuevas «Criaturas». No hay mucho que agregar aquí. Acaso, que ojalá disfruten (también) de estos discos.

Ryuichi Sakamoto y su (nuevo) mundo sombrío

En 2014, el aviso causó preocupación: a través de su página web, el mítico compositor y músico japonés Ryuichi Sakamoto, entonces de 62 años, comunicaba a sus seguidores que padecía cáncer de faringe; de paso, anunciaba la cancelación de sus actuaciones pendientes.

Con esa humildad y sencillez que siempre ha caracterizado al maestro, se disculpaba por los inconvenientes que podría causar esto; como si se tratara de una comida que tenía pendiente, escribía: “No he podido evitar tomar esta difícil decisión, ya que al no estar en plena forma no podré trabajar de manera adecuada”.

De su salud poco se supo los meses siguientes, hasta que, en 2015, no solamente dio señales de haberse recuperado, también anunciaba su participación en la película The Revenant de Alejandro G. Iñárritu.

Hoy, para fortuna de él —y para fortuna de todos nosotros (es decir, de todos sus seguidores, incluido Iñárritu)—, el maestro no sólo ha superado la enfermedad y se ha recuperado plenamente —como él mismo lo ha reconocido en entrevistas—, también se ha puesto a trabajar en diversos proyectos; entre ellos, por supuesto, ¡un nuevo álbum!, el cual vio la luz hace un par de meses.

Bajo el título de async, el disco número 16 en plan solista de Ryuichi Sakamoto —el primero en ocho años tras Out of Time, de 2009— es una muestra perfecta de los distintos caminos sonoros que ha abarcado el músico japonés en su prolífica trayectoria musical…

Aquí abro un paréntesis. A sus 65 años, está claro que uno no debe nombrar el nombre de Ryuichi Sakamoto en vano. Después de todo, hablamos de unos de los grandes artistas de nuestra era: compositor precoz, pianista de formación clásica, pionero de la música electrónica, ganador de Oscares, Grammys y Globos de Oro, padrino de causas justas, incluso actor. Su demostrada sensibilidad y sus firmes posicionamientos (pacifista, ecologista, además de activista antinuclear) han marcado su vida y su obra. Cerremos paréntesis.

Tres años después de ese diagnóstico, y ahora en plena remisión, Sakamoto regresa con este álbum maravilloso, que carga con una sensación de mortalidad en torno a cada uno de sus sonidos. A diferencia de su apogeo de los años ochenta en el que abrazó sin temor el pop (y se encontró en el estudio con Iggy Pop, David Byrne o Maceo Parker), async está más alineado con su lado experimental de los últimos 20 años (y sus colaboraciones en curso con otros grandes artistas, como Christian Fennesz, Alva Noto y Christopher Willits).

En el álbum, de hecho, él juega con la repetición y la distorsión de sonidos y concede un gran protagonismo al silencio, un estilo a caballo entre los géneros del ambient y el drone que ha explorado con Alva Noto y Christian Fennesz. Este último músico, por cierto, aparece como invitado al igual que David Sylvian, quien recita —en el tema “Life, Life”— el poema “And this I dreamt, and this I dream” de Arseny Tarkovsky, padre del cineasta ruso Andrei Tarkovsky, en el que también se ha inspirado Sakamoto.

Como él mismo lo ha dicho: async surgió como una banda sonora para una película imaginaria de Andrei Tarkovsky. Y sí, hay algo de cierto, pues uno de los temas incluidos en el disco es el majestuoso “solari”, que trae a la mente la obra maestra de Tarkovsky, llamada del mismo modo, Solaris (1972).

Aquí aviso: desde los primeros emotivos acordes de piano de “andata” que abren su nuevo disco, está claro que el mundo de Ryuichi se ha vuelto mucho más sombrío, pues evoca temas como la muerte, la memoria o los sueños.

Es una obra bella, bellísima, pero requiere su tiempo, ya que el álbum es minimalista, por momentos, pero también ambient: grabaciones de campo y “sonidos encontrados”, sintetizadores, percusiones, guitarra eléctrica, incluso un piano medio desafinado (recuperado de entre el lodo y los escombros en Fukushima, tras el tsunami de 2014).

En async, el compositor juega también con ideas de sincronismo, números primos, caos, física cuántica y las delgadas líneas entre la vida y lo artificial. Pero también cuestiona la línea divisoria entre la música y el ruido y explora el hinterland donde se desvanecen los sonidos hasta que se funden en el ruido ambiente. Así que hay momentos de gran intensidad, belleza, inquietantes, misteriosos, oscuros (por ejemplo, la voz de Paul Bowles recitando “Because we don’t know when we will die, we get to think of life as an inexhaustible well”)…

En fin: Ryuichi Sakamoto está de vuelta y, hasta ahora, no ha dado señales de ser predecible, muchos menos aburrido. Por eso, simple y sencillamente por eso, todos debemos estar agradecidos.

Editado por Milan Records, escucha async vía YouTube.

También por Spotify.

La consagración de The War On Drugs (y el extravío de Arcade Fire)

Sucede muy a menudo: en el afán de no querer parecerse demasiado a sí mismo entre un álbum y otro, en el afán de cambiar de registro a toda costa de una obra a otra, el músico corre el peligro de terminar alejándose demasiado de sus puntos fuertes. Incluso, de extraviarse y desorientarse; desde luego, musicalmente hablando.

Es un hecho: si no se tienen claras las ideas, estos cambios —la mayor parte de las veces— resultan más contraproducentes que benéficos.

Pongamos como ejemplo los nuevos álbumes de Arcade Fire y The War On Drugs.

Cuando a mediados del año los canadienses de Arcade Fire lanzaron dos nuevos sencillos —“Everything now” y “Creature comfort”—, nos emocionaron a todos; sin embargo, ahora que ha visto la luz el álbum completo —llamado también Everything Now—, el resultado ha sido decepcionante.

No me malentienda: en general, el disco no es malo; de hecho, el pulso lo mantienen. Sin embargo, por el deseo de querer darle más color y expandir aún más su sonido —como si le hiciera falta a Arcade Fire—, el disco se les salió de las manos a los productores Thomas Bangalter (de Daft Punk) y a Steve Mackey (de Pulp). Ya en Reflektor (2013), el productor James Murphy (de LCD Soundsystem) había agregado ritmos de música dance con tal de procurar una mezcla carnavalesca de seriedad y frivolidad. El problema es que ahora las cosas se salieron de control: el álbum es un híbrido entre la música disco (más comercial), la new wave (más cursi) y el electropop (más pueril).

Y ni hablemos de las letras: han perdido rabia y rebeldía, y se han tornado en una crítica ligera a la sociedad tecnológica y al desapego humano entre las personas. Es cierto: algunas de las composiciones examinan el miedo, el amor y el suicidio en nuestro moderno panorama de redes sociales y los medios de comunicación; sin embargo, son canciones débiles que exclama con poca fuerza sus intenciones.

Al final, es un disco demasiado frágil, deshilvanado, inconsistente, con un estancamiento musical y lírico… Eso sí, y lo pongo en claro: es una pequeña pifia en el impecable historial musical de una de las bandas más creativas e interesantes de los últimos 15 años.

Vayamos con los otros chicos.

A diferencia de Arcade Fire, la banda estadounidense The War On Drugs ha querido avanzar manteniéndose fiel a sí misma; es decir, afianzándose a esa “voz” que ha ido moldeando a través de una década de existencia; hablo de ese sonido (sublime) (etéreo) (hipnótico) (evocador) (expansivo) al que llegaron hace tres años y que quedó registrado en el abrumador Lost in the Dream, uno de los mejores discos de 2014.

De hecho, este anterior trabajo fue su álbum de madurez absoluta. No sólo eso: les dio su pase a la primera división del rock y el empujón necesario para entrar a una discográfica multinacional.

Algo es verdad: todo ha sucedido muy rápido para los de Filadelfia; apenas hace diez años eran una de las tantas bandas que poblaban el rock gabacho sin destacarse demasiado, por lo menos en repercusión. Sus dos primeros discos, Wagonwheel Blues y Slave Ambient —publicados en 2008 y 2011, respectivamente—, pasaron sin hacer demasiado ruido en listas de venta o en los medios. Pero en 2014, luego de muchos cambios de integrantes y la partida del magnifico músico Kurt Vile (para hacer su propio camino como solista), el grupo editó Lost in the Dream. Y todo cambió.

Ahora, esa colección de canciones cocinadas a fuego lento y marcadas por la depresión de Adam Granduciel —compositor, líder y cabeza más visible de la banda—, han dado paso a unas nuevas preocupaciones y reflexiones y búsquedas, que son lo que le da forma al excelso y nuevo álbum del grupo, A Deeper Understanding.

En su icónica canción “Anthem”, el magnánimo Leonard Cohen ya lo decía: “Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. Seguramente Adam ya lo ha experimentado y ya lo ha vivido, y ahora ha visto la luz. Porque luego de su crisis de identidad, las letras del cuarto trabajo de The War On Drugs nos acercan a un compositor más poético y más contenido. Esta vez ha plasmado noctámbulas escenas robadas de sus sueños y sueña con aquello que puedo ser y no fue en clave romántica, algo de lo que carecía su álbum pasado —el cual era más crudo, más descarnado, más introspectivo.

Ahora son historias cotidianas sobre la supervivencia en el día a día. Granduciel canta a los amores imposibles o acabados, a la pérdida y la soledad, a la alienación y el sufrimiento, pero, también, a los raros momentos en que se puede dejar todo atrás.

Y sí: son canciones para dejarse llevar y perderse en ellas. Y aclaro: no sólo es la composición, también es la ejecución, el tratamiento sonoro y producción. Porque nuevamente el disco está poblado de atmósferas tristes pero muy delicadas y bellas.

Está claro que Adam Granduciel no han querido modificar demasiado el sonido del grupo, por lo que ha regresado con todos los aciertos que los convirtieron en todo un fenómeno en 2014. De hecho, A Deeper Understanding es el primero de los cuatro discos de The War On Drugs que no supone un salto vanguardista para el grupo.

Al contrario, parece que Granduciel —quien una vez más produce y toca la mitad de los instrumentos— ha encontrado definitivamente el sonido que buscaba, esa “voz” de la que hablábamos. (Es más, el salto al mainstream desde el sello independiente Secretly Canadian hasta la multinacional Warner apenas se hace notar.) Así, estas diez canciones suponen la continuación natural de un trabajo que terminó de perfilar el sonido del grupo. Temas, la mayoría de ellos, que podrían haber sido parte del anterior material, porque apenas hay diferencias entre Lost in the Dream y este disco nuevo —por ejemplo, la ausencia del saxo y de temas instrumentales de corte más experimental que servían de enlaces y descansos.

Eso sí: se sigue tratando de un rock que abreva de un pozo profundo: un poquito de Bob Dylan, unas pizcas del Jefe Springsteen, unas gotas de Jackson Browne, porciones de Tom Petty, algo de Fleetwood Mac, de los Byrds o los Supertramp.

Así que no hay ruptura en este disco, pero tampoco hacía falta —visto los nombres que le han dado forma a este sonido. Lo que no quiere decir, por otra parte, que Adam haya renunciado a sus característicos giros y progresiones melódicas que llevan a las canciones a los seis, siete y hasta 11 minutos, y que tienen sus cotas de máxima expresión y emoción en piezas que rayan la perfección, como lo es “Holding on”, el cierre “You don’t have to go” y los temas “In Chains” y “Thinking of a place”, posiblemente los momentos más alto de todo el álbum.

Al final, algo es cierto: el grupo sigue cultivando un estilo seductor y elegante, con un sonido envolvente y sofisticado. En palabras del propio Granduciel: “Éste es el disco que mejor representa a The War On Drugs como banda”.

Y es verdad. En este momento, pocos son los discos con el poder expansivo de A Deeper Understanding. Cuando las cosas están tan bien hecha, tan bien confeccionada e hilvanada, que logran tocar las fibras más profundas de un alma, uno tiene que preguntarse hacia dónde quieren ir sus impulsos creativos. Si te llevan a lograr un conjunto de temas tan maravillosos y bellos como los de A Deeper Understanding, no se necesita más. ¿O sí?

Escucha Everything Now de Arcade Fire vía YouTube.

O por Spotify.

Escucha A Deeper Understanding de The War on Drugs vía YouTube.

O por Spotify.

Tower of Song (Session 6) / Torre de la Canción (Sesión 6)

Ahora, sólo mujeres. Así es. La nueva playlist, la lista de reproducción, está dedicada exclusivamente a mujeres, ya sean líderes de sus propios grupos, solistas aventureras siguiendo sus impulsos creativos; incluso, me he permitido agregar a vocalistas y/o compositoras esenciales en sus respectivas agrupaciones…

Todas, en efecto, son ¡Chicas Superpoderosas!

Hablo de mujeres sumamente inteligentes, extraordinariamente talentosas, todas ellas con diferentes registros vocales e intensidades —que transmiten infinidad de sensaciones o llevan por diversos estados emocionales—: voces elegantes, voces sensuales, alaridos provocativos.

Son 21 canciones extraídas de 21 discos del momento, cuya temática —al igual que los géneros musicales con los que se podrían identificar— es heterogénea, variada, múltiple: van del amor al desamor, y de ahí a las desventuras, las rupturas amorosas, la búsqueda, la soledad, los viajes interiores (y exteriores), la rabia ante el orden político y social, las preocupaciones ecológicas. Pero, también, la felicidad, la fuerza femenina, el hedonismo, el goce…

A todo le cantan estas mujeres. Y lo hacen desde cualquier género y estilo: el folk reflexivo e introspectivo, el pop fino, el omnipotente rock, el rhythm & blues elegante, el llamado indie, el punk contestatario, la sofisticada electrónica.

Aviso: algunos son debuts, otros son discos segundos (que sólo vienen a confirmar el buen camino), y unos más son álbumes consagratorios. Eso sí: de lo que estoy convencido es que todos merecen su atención y su escucha. En serio.

¿Nombres? Aquí van con sus respectivos discos: Madonnatron (Madonnatron), Fazerdaze (Morningside), Rose Elinor Dougall (Stellular), Jesca Hoop (Memories Are Now), Rhiannon Giddens (Freedom Highway), Ani DiFranco (Binary), Downtown Boys (Cost of Living), Pumarosa (The Witch), All We Are (Sunny Hills), Allison Crutchfield (Tourist in This Town), EMA (Exile in the Outer Ring), Syd (Fin), Japanese Breakfast (Soft Sounds From Another Planet), Jane Weaver (Modern Kosmology), Aimee Mann (Mental Illness), Nadia Reid (Preservation), Hurray for the Riff Raff (The Navigator), Juana Molina (Halo), Waxahatchee (Out in the Storm), Sleater-Kinney (Sleater-Kinney: Live in Paris), Jlin (Black Origami).

Al final, las chicas de Sleater-Kinney lo dicen muy bien en su tema “Surface Envy”: “Nosotros ganamos, nosotras perdemos, sólo juntas rompemos las reglas”. Y, pues sí. Eso.

Escúchala a través de YouTube.

También puedes escucharla vía Spotify.



Temas relacionados:
Arte
Cultura
Música




    Contenido Relacionado


  1. (Mis) Discos del mes: Can, Faust, Alice Coltrane y Sun Ra
    Julio 31, 2017 10:04 pm
  2. Criaturas irresistibles: (mis) discos del mes
    Marzo 19, 2017 2:21 pm
Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a [email protected]