(Mis) Discos del mes: Can, Faust, Alice Coltrane y Sun Ra
Criaturas irresistibles: máquinas que bailan; hipnosis rítmica; música cósmica; canciones místicas... De todo hay en estos recién estrenados álbumes. Además, la nueva playlist va de leyendas como Alan Vega a jóvenes visionarios como King Gizzard & The Lizard Wizard.

Por José David Cano

Conste, Tom Waits se lo dijo a Tom Waits —en una (auto)entrevista de 2008—:

“El mundo está haciendo música todo el tiempo”.

La frase, certera y concisa, me sirve ahora como preámbulo para estas nuevas «Criaturas». No hay mucho que agregar aquí. Acaso, que ojalá disfruten (también) de estos discos.

Volver al futuro: la libertad desbocada de Can

Primero, pongamos un poco de contexto: a finales de los años sesenta —y durante gran parte de los setenta—, (la entonces) Alemania Occidental vivió una eclosión de vanguardia musical, una verdadera efervescencia creativa.

Con el trauma de la Segunda Guerra Mundial todavía a sus espaldas, pero motivadas por el agitado mayo de 1968, un puñado de bandas comenzaron a plantearse la necesidad de hacer algo nuevo, buscar una identidad, encontrar un sonido propio lejos de los esquemas importados. (Recordemos: hasta ese momento, la música en ese país estaba dominada por el rock inglés y, en menor medida, por el rock estadounidense.)

Con la improvisación como deidad, la materialización de esa necesidad, de ese ideario, llegó de diferentes formas —casi siempre como una sacudida— bajo la etiqueta de rock alemán, y, más específicamente, con el (peyorativo) nombre de krautrock.

¿Nombres? Ahí estaban los psicodélicos Amon Düül II, también los cósmicos Ash Ra Tempel, Popol Vuh, Klaus Schulze, Agitation Free y —sobre todo— Tangerine Dream.

Desde luego, también estaban los grupos de línea vanguardista como Limbus 3 &4, Guru Guru, Annexus Quam, y los grandiosos Neu! —un combo que, en diferentes momentos, se fragmentaría para formar súper grupos como Harmonia o La Düsseldorf… Y, por supuesto, ahí estaban los caóticos Faust…

Eso sí —y mejor dejarlo claro—: de los grupos de esa época, el más visible y conocido fue el majestuoso Kraftwerk; aunque la banda cumbre del rock alemán —no le quepa la menor duda— fueron los intensos (indomables) (inmensos) (inclasificables) Can.

Pongámoslo de esta forma: a finales de los sesenta —con la psicodelia ya de salida y a punto de entrar en su etapa progresiva—, la música rock no esperaba encontrarse con algo como Can.

Inspirados por la música concreta, la experimental, los ritmos étnicos, el free jazz o el funk, Can fue, es —y seguirá siendo—, uno de los ensambles más avanzados y vanguardistas de la música.

Mucho tuvo que ver el origen (musical) de sus integrantes; habían llegado de diferentes campos y formaciones: Michael Karoli había estado en grupos de rock; Jaki Liebezeit era un baterista que venía del jazz; Irmin Schmidt había estudiado para ser un director clásico; y Holger Czukay, además de ser un gran bajista, procedía también de la música clásica y contemporánea.

Esa combinación de estilos y corrientes cristalizó en una obra mutante y poderosa. De hecho su discografía se caracterizó justamente por ello, por esa libertad desbocada que les llevó a probar con todos los estilos posibles —música disco incluida— a lo largo de 12 álbumes grabados entre 1968 y 1979, y luego 1989 (año en el que volvieron a reunirse tras una década separados).

Vamos a ser claro: en (casi) todo su material, incluido el que la banda desechó en su momento —infinidad de tomas y temas inéditos que ha ido publicando en recopilatorios diversos—, raya la excelencia.

Y lo mismo ocurre con estos sencillos que editaron en su momento; los cuales ahora, reunidos en un mismo álbum bajo el título The Singles, ofrecen otro prisma a través del cual estudiar a esta formación tremendamente influyente.

Así que, ¿qué decir de este álbum de 23 temas?

Para empezar, The Singles confirma una cosa: que durante su periodo más efervescente —Tago Mago, Ege Bamyasi y Future Days—, Can operaba a un nivel sobrenatural y no hacían nada mal.

También queda claro que es un álbum de iniciación. (¿Qué quiero decir? Que puede ser prescindible para los que ya entraron al universo de Can a través de discos que son pura Historia con mayúsculas del rock experimental, como Soundtracks o los ya citados arriba.) Incluye canciones emblemáticas de su repertorio: ‘She brings the rain’, ‘Spoon’, ‘Vitamin C’, ‘Mushroom’, o ‘Moonshake’.

Decía: The Singles es un disco de iniciación que sirve, sobre todo, como un ameno viaje por sus diferentes etapas: desde la primeriza con Malcolm Mooney como cantante; la más memorable, con el japonés Damo Suzuki en la voz; aquella que arranca con Soon Over Babaluma (1974) en la que el guitarrista Michael Karoli ejerce de vocalista; y el declive final, con el cuarteto dejándose acompañar por músicos de Traffic.

Advierto: algunas canciones aparecen aquí editadas, como la sublime ‘Halleluwah’ que de sus 18 minutos pasa a tres minutos. Ni se ofenda: según Irmin Schmidt —en una charla con Página 12—, “todas estas canciones fueron editadas, en su momento, en ese formato”, aunque muchas veces ellos ni se enteraron: “Vivíamos encerrados, grabando, tocando, sin notar que el mundo continuaba girando”.

Tampoco vale enojarse por semejante recorte: “A veces la gente piensa que solo hicimos temas que duran 20 minutos, pero el disco muestra que también hicimos muchos de tres minutos.”

Un par de detalles más: el disco incluye dos inéditos: ‘Turtles have short legs’ —una canción que fue creada como sencillo y nunca se incluyó en ningún álbum— y su lado B, ‘Shikako Maru Ten’. También, hay bromas desconcertante, que terminan por sonrojar (sobre todo en un contexto musical tan sesudo como el de Can): se cuela una versión del villancico ‘Silent night’ y una adaptación electrónica del ‘Can-can’.

Lo sé: una peccata minuta tomando en cuenta que, 50 años después, el legado de Can sigue influyendo (y filtrándose) en infinidad de músicas de toda índole…

Editado por Mute y Spoon Records, puedes escuchar The Singles a través de YouTube.

También por Spotify.

Faust: una aventura musical que refleja el momento preciso

Decíamos líneas arriba —en el comentario del disco de Can—, que el Krautrock fue un estilo que revolucionó la escena musical de la Alemania Occidental, a partir de finales de los años sesenta. Pero no sólo eso: a la postre, también se filtraría e influiría en la confección y desarrollo de géneros como la música industrial, la electrónica, el ambient, el synth pop, el punk, el post-punk, el post-rock, el hip hop…

Basta aguzar el oído en algunas obras musicales, o poner atención a los nombres que los músicos citan como sus influencias, para darse cuenta cómo el Krautrock y sus derivados han marcado la música de (por lo menos) los últimos 40 años; por nombrar algunos, Public Image Ltd, Cabaret Voltaire, Alternative TV, Pixies, Sonic Youth, Stereolab, Pavement, Kanye West, A Tribe Called Quest, Tortoise, David Bowie o Radiohead citan a Can (sobre todo, a Can), pero también a Neu! y Faust entre sus referentes…

Hoy, la anécdota parece broma: Faust fue el resultado de una idea bizarra de crear a los Beatles alemanes, lo cual evidentemente no le funcionó a Polydor —la compañía discográfica—; al menos no como ellos esperaban. Cuentan que cuando los representantes del sello escucharon por primera vez esas primeras cintas del grupo, se les pusieron los pelos de punta: aquello era un desastre, algo horrible e incomprensible sin perspectivas comerciales…

Desde luego, el primer disco de Faust de 1971 —con su mítica portada de una mano transparente, captada con rayos X— fue un éxito en los circuitos underground, elevando el listón para la anarquía auditiva en la música, y encendiendo una base de fans que no ha dejado de crecer.

Hoy, han pasado 46 años desde aquel primer álbum futurista, y la agrupación —con su idas y vueltas, sus recesos y regresos— no sólo ha logrado mantenerse y adaptarse a los nuevos tiempos, también ha seguido aventurándose por los caminos sonoros. Jean-Hervé Péron y Werner “Zappi” Diermaier —fundadores originales— han mantenido vivo el espíritu original, publicando nueva música con una frecuencia envidiable y sin perder ese pulso creativo.

Su nuevo disco, Fresh Air, es un ejemplo de ello. Grabado en sesiones de estudio y en vivo —estas últimas durante una gira que la banda hizo por Estados Unidos entre marzo y abril de 2016—, el álbum abre con el extenso tema homónimo de 17 minutos y medio, que es uno de esos collages sonoros tan clásicos en la obra de Faust. Comienza de manera sutil, misteriosa, con un monólogo femenino por parte de Barbara Manning, y adornado con la viola de otro invitado: el compositor Ysanne Spevack… Así, poco a poco el tema va subiendo en intensidad hasta convertirse en un track de rock crudo, poderoso, que taladra.

En cuanto a los demás tracks, el álbum no desmerece para nada. Por el contrario: en él están todas las señas de identidad de Faust: texturas mutantes, asombrosa capacidad rítmica, libre albedrío en la experimentación. Como dice Jean-Hervé Péron: el único plan es que la banda despegue sin un plan. “Así, dejamos que la música toque a través de nosotros.” Todo lo demás, ya depende del oyente…

Una última consideración: Fresh Air es un excelente disco, pero no va a cambiar el rumbo de la música. Sin embargo, el mero hecho de que tengamos música nueva de la mítica banda, en esta última etapa de su carrera —buena parte de ella es asombrosa, por otra parte—, es harto bienvenida.

Al final, en el disco —como en la mayor parte de su obra— hay muchas caras, muchas facetas, muchas direcciones… Queda claro que Faust es un grupo de artistas que sigue sus propias inspiraciones, esperanzas, deseos, miedos. No experimentan, lo que hacen es reflejar el momento preciso.

Editado por Bureau B, puede escuchar Fresh Air vía Spotify.

Los cantos espirituales (y reivindicativos) de Alice Coltrane

Luaka Bop, la discográfica fundada por el inquieto David Byrne en 1988, anunció hace algunos meses que echaría a andar una nueva colección, bajo el título «World Spirituality Classics». La idea de la nueva serie, han dicho desde el sello, es editar trabajos en los que lo musical y lo espiritual vayan de la mano.

Bueno, el primer lanzamiento de la colección ya está aquí —y quien mejor que Alice Coltrane para inaugurarla—, y se llama The Ecstatic Music of Alice Coltrane. Turiyasangitananda.

Verán, pocos artistas trabajaron esa línea —lo musical y lo espiritual— como esta fascinante mujer (de quien se conmemoró en enero de este 2017, por cierto, 10 años de su fallecimiento).

Me explico: desde 1967, justamente tras la muerte de su esposo —el legendario John Coltrane—, y hasta 2007, cuando ella partió de este mundo, Alice no dejaría de profesar (con enorme devoción) la religión hinduista, adoptando el nombre en sánscrito de Turiyasangitananda y dando un brusco viraje a su carrera y vida, vinculada a esa nueva faceta espiritual. De hecho, a su vuelta de unos viajes que hizo a la India —durante los años setenta—, fundó un centro espiritual en California, el Vedantic Center, donde ejercería de swami (líder espiritual).

Precisamente de esta época proviene la música que compone The Ecstatic Music of Alice Coltrane. Turiyasangitananda. Y es que, aunque dedicada a la búsqueda de sabiduría y a la afirmación de la fe, su vena musical no la dejaría estática: a la par de las ceremonias védicas que guiaba, en donde los cantos (en solitario o en grupo) sobresalían, ella comenzó a desarrollar melodías originales a partir de los cantos tradicionales. También, empezó a experimentar incluyendo sintetizadores y estructuras sofisticadas.

Esta búsqueda musical culminaría con algunas grabaciones caseras, registradas en una serie de cassettes que sólo fue lanzada para los miembros del centro.

Este recopilatorio recoge justamente esa música registrada entre 1982 y 1995 —a partir de las cuatro cintas existente—: Turiya Sings, Divine Songs, Infinite Chants y Glorious Chants. El lanzamiento está repleto de percusiones orientales, sintetizadores, órganos y cuerdas, lo que lo convierte en una obra hipnótica. Desde luego, son piezas en las que el protagonismo pasa del arpa —el instrumento principal de Alice— a las texturas electrónicas. En el apartado vocal, podemos escuchar tanto la interpretación de la propia artista como de un impresionante coro de 24 voces.

Por cierto, y perdón por la suspicacia. Pero, desde otro punto de vista, el álbum también puede entenderse como una reivindicación ante la obra de Alice Coltrane. Verán, desde que su nombre entró en el vocabulario del jazz cuando se incorporó como pianista en el cuarteto de su marido, su trabajo siempre levantó suspicacias. No lo tuvo fácil: para la crítica, sus discos carecían de argumentos jazzísticos de peso y resultaban grandilocuentes y efectistas; sobre todo, en la medida en que se sustentaban en una espiritualidad ramplona, demasiado básica.

Eso sí: inmune a las críticas, Alice no sólo siguió publicando con la misma compañía discográfica de su marido, Impulse!, sino que empleó a muchos de sus antiguos músicos como acompañantes musicales…

En fin, algo es cierto: la música cósmica de Alice Coltrane está de regreso.

Editado por Luaka Bop, escucha The Ecstatic Music of Alice Coltrane vía Bandcamp.

O por Spotify.

Saludos desde Saturno: la vigencia de Sun Ra

Antes de que David Bowie regresara de Marte, convertido en Ziggy Stardust, otro terrestre ya había viajado más lejos —muchísimo más lejos— que él. Le habían bautizado con el nombre de Herman Blount, pero tras un viaje a Saturno en los años treinta regresaría convertido en Sun Ra.

Hablo en serio.

Los poderosos paisajes musicales del Sun Ra más interplanetario no sólo son el producto de una educación musical disciplinada y rigurosa, una musicalidad inherente y virtuosa, y una intensa curiosidad por el Universo. Gran parte del profundo interés de Sun Ra por el espacio proviene de ‘un encuentro cercano’: fue un viaje a Saturno a finales de los años treinta del siglo pasado, que Ra lo reconoció como un llamado a la acción. Tal cual.

(De acuerdo, de acuerdo: en su transformación tuvo mucho que ver Alton Abraham, un místico pragmático que ejercía de mentor, agente de contratación, manager personal, asesor de grabaciones y socio. Por consejo de él, Herman Sonny Blount adoptó el nombre de Le Sun Ra y empezó a desvelar una elaborada filosofía cósmica sin precedentes en sus composiciones, títulos de canciones, poesía, delirante vestimenta y un innovador grupo musical en constante crecimiento que pasará a la historia musical con el nombre de Arkestra.)

Vale. Le cuento esto porque, a 24 años de su muerte, de transformarse en energía —falleció en 1993—, Sun Ra no sólo sigue vigente, también muy presente; al menos, musicalmente hablando…

En cierto sentido, tampoco es raro: el legendario pianista, compositor, jefe de banda, artista performer, pionero musical y filósofo del espacio fue un individuo encantadoramente singular que, con su sorprendente e innovadora Arkestra (y su provocadora personalidad), dio lugar a un gran mito de la segunda mitad del siglo XX. También, a una profusa y profunda y abundante y compleja obra.

Vea si no: en los últimos siete meses han aparecido, ya, tres excelentes trabajos. Seré breve…

Apenas en diciembre pasado, el sello Strut presentó una monumental colección definitiva de singles lanzados por este inconformista de jazz durante sus años en la Tierra —que van de 1952 a 1991. La mayoría de éstos fueron publicados durante la década de los cincuenta, otros más fueron aparecieron después de manera más espaciada.

Compuesta por 65 track, en Singles (The Definitive 45’s Collection 1952–1991) van a encontrar la versión más “accesible” y “normal” de Ra, y a su Arkestra convertida en una espectacular big band llena de swing y groovie y bebop.

Por otra parte, también ha sido reeditado Discipline 27-11, que es otro tipo de acercamiento a la obra del poeta interestelar.

El álbum salió de las mastodónticas sesiones en el Streeterville Studios de Chicago, en el ya lejano octubre de 1972.

Las grabaciones engendraron dos álbumes, el celebrado Space Is The Place, y Discipline 27-11, que era considerado su gemelo oculto. Para entonces, la Arkestra era universalmente reconocida dentro del jazz como la principal big band avant-garde. Y en el disco se nota: es una oportunidad para un viaje musical y espiritual a través del cosmos del sonido.

Finalmente, también ha visto la luz Thunder of the Gods, un conjunto de grabaciones inéditas proveniente de las cintas de Universe in Blue y de las sesiones de Strange Strings.

Este conjunto de temas inéditos es emocionante y desafiante, como se espera de la leyenda del free jazz. Las piezas se basan en reconocer (y abrazar) lo que se desconoce frente a nuevas experiencias e ideas. Y la banda, por lo que se oye en esta sesión, está dispuesta a experimentar y viajar más allá de lo que saben.

El álbum abre con ‘Calling Planet Earth – We’ll wait for you’, un opus caótico de free jazz de 23 minutos, y le siguen las no menos complejas ‘Moonshots across the sky’ y ‘Thunder of the gods’.

Algo queda claro: al igual que otras densas composiciones de Ra, las piezas del disco parece describir un mundo y un plano de existencia drásticamente separados del nuestro.

Aviso: esto no es música para los débiles de corazón o los impacientes de oído; esto es audaz, extraño y difícil, pero, una vez dentro, pondrán ser testigos del inconmensurable universos sonoro de Sun Ra.

Puedes escuchar Singles vía Bandcamp.

O por Spotify.

El álbum Discipline 27-11 puedes escucharlo vía Bandcamp.

Y por Spotify.

El disco Thunder of the Gods escúchalo por Spotify.

Tower of Song (Session 5) / Torre de la Canción (Sesión 5)

Ya está aquí. Y, esta vez, nos hemos puestos (un poco) más densos. Si en la sesión anterior nos decantamos más por el funk y algo de rica música electrónica, la nueva playlist, la nueva lista de reproducción, toma los rumbos del rock alternativo, el punk electrónico, el rock duro, el punk y rock psicodélico, el noise rock…

Así, hemos recuperado del año pasado una de las nuevas canciones de The Faint —incluida en su compilatorio Capsule:1999-2016—, algo del grupo sensación francés La Femme, y también lo más reciente de Zack de la Rocha —el inquieto músico publicó el tema ‘Digging for windows’ en septiembre, y, desde entonces, no hemos tenido noticias de él.

Asimismo, hemos incluido algunos estrenos; entre ellos el de Beak> —proyecto experimental de Geoff Barrow, cofundador de Portishead—, y también lo nuevo de Foo Fighters y Mount Kimbie —ambos estrenan discos en septiembre. Además, se ha colado Steven Wilson —la mente maestra de la majestuosa banda Porcupine Tree edita, por estos días, su quinto álbum en solitario—, y el recién estrenado tema de Garbage —que lanzaron como apoyo para su gira que realizan junto a Blondie (la cual, por cierto, llega a México este 14 de agosto).

Mención aparte merece el por ahora septeto australiano King Gizzard & The Lizard Wizard, el cual se ha convertido en un referente del rock y psicodelia actual, con un modus operandi por demás atractivo: para este 2017 ha prometido cinco discos conceptuales/microtonales (van en el tercero ya).

De los nuevos discos que ya circulan, hemos seleccionado unos temas sensacionales, empezando con uno del vocalista de Suicide, Alan Vega —extraído de su anárquico álbum póstumo, IT—; también incluimos a los autodestructivos Nine Inch Nails —su nuevo EP es estupendo—, a los guerrilleros Sleaford Mods —el electro-punk de su rabioso reciente disco es incontenible—, y a esas criaturas irresistibles que responden al nombre de Adult. —quienes siguen experimentando con los sonidos electrónicos. Además, hemos añadido algo de Portugal. The Man —su reciente entrega es bastante irregular— y algo de los loquillos de Deep Purple —la veterana banda ha editado un álbum más que aceptable. Es más, como dice ‘Time for bedlam’ —la canción que seleccionamos de ellos—: “Te veré en el infierno./ Nos vemos en el infierno”. Yeah!

Escúchala vía YouTube.

También por Spotify.



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