Baja California: la hora de votar en el reino del abstencionismo
Algo ocurrió en Baja California en 30 años: en 1989, la esperanza ciudadana se depositó en un empresario rebelde y anti sistema llamado Ernesto Ruffo; hoy, la balanza se inclina por el candidato oficial Jaime Bonilla.

Por Ernesto Núñez Albarrán/ @chamanesco

Aquí empezó la transición a la democracia, hace exactamente 30 años. Y aquí, en 2019, estará a prueba todo lo avanzado en las últimas décadas.

El próximo 2 de junio, 2.8 millones de electores votarán aquí por un nuevo gobernador, cinco ayuntamientos y 25 diputados locales. Pero, que Baja California sea la entidad con los niveles más altos de abstencionismo en las últimas elecciones federales no es un buen augurio para los comicios.

Algo ocurrió en ese estado fronterizo, que transitó de la efervescencia ciudadana que sacó al PRI del Palacio de Gobierno en 1989, al desánimo con el que apenas 52 por ciento de sus electores decidieron votar en la “fiesta democrática” de 2018. Un porcentaje de participación muy por debajo del rango nacional, de casi 64 por ciento.

Después de cinco gobiernos panistas al hilo, a los bajacalifornianos parece no animarles acudir a las urnas, pues en 2012 y 2015 también fueron los más abstencionistas del país. La cuna de la democracia es hoy –como lo definió Elías Cahmaji en un reportaje de El País– el reino del abstencionismo.

La violencia y la migración parecen explicarlo todo.

La entidad ocupa el segundo lugar nacional en homicidios dolosos, con una tasa de 6.33 casos por cada cien mil habitantes. Y, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, allí se cometieron 15 mil 361 delitos en el primer bimestre. Es una tierra famosa por la presencia del Cártel de Tijuana, y la disputa permanente con sus vecinos de Sinaloa y, ahora, con el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Es una zona de tránsito y asentamiento de migrantes, y Tijuana –allí donde mataron a Luis Donaldo Colosio en 1994– es el puente fronterizo más transitado del continente, con más de 20 mil cruces por tierra todos los días. Eso la convierte en una de las entidades con mayor población flotante del territorio nacional.

Pero existe otra razón que explica el desánimo: la mala calificación del gobernador Kiko Vega, cuya administración ha flotado entre la frivolidad y la ineficiencia, entre la corrupción y la confrontación con la sociedad.

Al sexto y último de los mandatarios panistas, las urnas lo vapulearon el 1 de julio de 2018: Andrés Manuel López Obrador, Morena y sus partidos aliados (PT y PES) triplicaron la votación de Acción Nacional en las elecciones de Presidente, senador y diputados federales.

En Baja California, AMLO cosechó más de 918 mil votos, frente a 275 mil del panista Ricardo Anaya. Morena se llevó las dos senadurías y las ocho diputaciones federales de mayoría.

Jaime Bonilla Valdez era el candidato al Senado, y obtuvo 824 mil votos, una cifra que casi duplica los 442 mil sufragios con los que Kiko Vega ganó la gubernatura en 2013.

Bonilla despachó como senador sólo tres meses; en diciembre se convirtió en el “súper delegado” del gobierno federal en la entidad, lo que le dio el manejo de los programas sociales, el censo del bienestar y los hilos de la política local.

Hoy, Bonilla es candidato de Morena a gobernador, con todo el respaldo del nuevo aparato gubernamental y del presidente en persona, quien apenas hace cuatro días se reunió con él en un restaurante de Tijuana, para dar una señal (“no se hagan bolas”) hacia dentro y fuera de Morena.

Bonilla enfrenta en esta elección a cinco candidatos: José Óscar Vega, a quien le toca defender la plaza como abanderado del PAN; Jaime Martínez Veloz, que al no ser candidato de Morena a la alcaldía de Tijuana acabó como candidato del PRD a gobernador; Enrique Acosta Fregoso, ex líder estatal de un PRI cada vez más desdibujado; Héctor Osuna Jaime, quien se salió el PAN y ahora es abanderado de MC, e Ignacio Anaya, del partido local PBC.

Con un voto disperso entre cinco opciones opositoras, al candidato del gobierno federal sólo parece acongojarle una cosa: que su gubernatura será de dos y no de cinco años.

Así lo mandata la ley que busca homologar los calendarios electorales con el federal. Y, aunque Morena había logrado que se aprobara extender a 2024 el plazo de la mini gubernatura, el Tribunal Electoral a nivel federal revirtió la decisión, y Bonilla deberá conformarse con una administración de 24 meses.

Algo ocurrió en Baja California en 30 años: en 1989, la esperanza ciudadana se depositó en un empresario rebelde y anti sistema llamado Ernesto Ruffo; hoy, la balanza se inclina por el candidato oficial Jaime Bonilla, hombre de negocios que, desde 2015, apostó a crear un movimiento anti sistema para dar vida a Morena en una tierra hostil para la izquierda.

Bonilla es hoy es el candidato oficial, y tiene como reto revivir la esperanza en el reino del abstencionismo.






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