Honduras vota en presidenciales ensombrecidas por acusaciones de fraude 
Los comicios del domingo, en los que también serán escogidos los 128 miembros del Congreso unicameral, cientos de alcaldes y miles de otros cargos públicos, se desarrollan en un clima de alta polarización, con los tres principales candidatos acusándose mutuamente de planear un fraude
- Redacción AN / LP

Los hondureños votaban el domingo para elegir al presidente que gobernará entre el 2026 y 2030 a uno de los dos países más pobres de América, en unos comicios que lucen muy reñidos y que se disputan bajo la lupa de la comunidad internacional tras denuncias cruzadas de fraude y advertencias de desconocer los resultados oficiales.
La gran mayoría de las encuestas le dan un empate técnico en la cima a tres de los cinco contendientes: la candidata del partido oficialista de izquierda LIBRE, la exministra de Defensa Rixi Moncada; el exalcalde de Tegucigalpa, que postula por el derechista Partido Nacional, Nasry Asfura; y el presentador de televisión que corre por el centrista Partido Liberal, Salvador Nasralla.
La Organización de Estados Americanos (OEA) celebró esta semana una sesión extraordinaria en la que la mayoría de sus miembros exigió al gobierno de la presidenta saliente, Xiomara Castro, un proceso electoral libre de intimidación, fraude e injerencia política. Estados Unidos fue más allá y advirtió que actuaría con “rapidez y firmeza” ante cualquier intento por desconocer los resultados y su presidente, Donald Trump, llamó a votar por Asfura y dijo que, si no gana, “Estados Unidos no malgastará su dinero”.
“Tengo miedo del fraude, hemos visto situaciones atípicas en las elecciones pasadas (primarias) y escuchado sus discursos de no aceptar resultados si no son a favor del partido de gobierno”, dijo Ada Muñoz, una estudiante de derecho de 27 años en Tegucigalpa.
“Pueden ser capaces de muchas cosas como autoridades actuales y también me dan miedo los disturbios en las calles, ya que ellos llaman al desorden si no ganan”, agregó, mientras hacía fila para emitir su voto.
Honduras, donde seis de cada 10 ciudadanos vive en la pobreza, aún enfrenta las secuelas del golpe de Estado en el que una alianza de militares, políticos y empresarios de derecha derrocó a mediados de 2009 a Manuel Zelaya, esposo de la actual mandataria y fundador de Libertad y Refundación (LIBRE).
Ese golpe marcó profundamente la institucionalidad y a la ciudadanía hondureña, que votó masivamente por LIBRE en las presidenciales de 2021 para poner fin a más de un siglo de gobiernos de los partidos Nacional y Liberal.
Las urnas empezarán a cerrar a las 17:00 hora local (2300 GMT). Los primeros resultados se esperan a partir de las 21:00 hora local.
Los comicios del domingo, en los que también serán escogidos los 128 miembros del Congreso unicameral, cientos de alcaldes y miles de otros cargos públicos, se desarrollan en un clima de alta polarización, con los tres principales candidatos acusándose mutuamente de planear un fraude. Moncada y la plana mayor de LIBRE han dejado entrever que no reconocerán los resultados oficiales.
Durante la campaña electoral, el fiscal general de Honduras, afín a LIBRE, acusó a los partidos de oposición de planear un fraude electoral, un señalamiento que ellos niegan. A fines de octubre, el Ministerio Público abrió una investigación por unos audios en los que presuntamente un diputado y la representante ante el árbitro electoral CNE del Partido Nacional, Cossette López, hablan con un militar no identificado de planes para afectar la votación. Las supuestas grabaciones, que según el Partido Nacional fueron creadas con inteligencia artificial, se volvieron fundamentales para la campaña de Moncada.
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Las Fuerzas Armadas también han sido criticadas por solicitar al CNE copias de las actas del escrutinio el día de las elecciones, contraviniendo la ley hondureña.
Estas tensiones han contribuido a una creciente desconfianza pública hacia las autoridades electorales y el proceso electoral en general. También se han producido retrasos en la entrega de material electoral.
En medio de un ambiente caldeado, 6.5 millones de hondureños decidirán entre la continuidad de la agenda social y económica de izquierda de Castro o un giro hacia el conservadurismo y el libre mercado apoyando a los candidatos del Partido Liberal o del Partido Nacional.
Castro, la primera mujer en gobernar Honduras, ha aumentado la inversión pública y el gasto social. Bajo su administración, la economía ha crecido moderadamente y la pobreza y la desigualdad han disminuido, aunque ambas se mantienen elevadas. A pesar de que figuras de la oposición y hasta Trump la califican de “comunista”, su gobierno ha recibido elogios del Fondo Monetario Internacional (FMI) por su prudente gestión fiscal.
La tasa de homicidios también ha caído a su nivel más bajo en la historia reciente, pero la violencia persiste. Grupos de derechos humanos han criticado a Castro por mantener un prolongado estado de emergencia en algunas partes del país y por continuar con la política de militarización de su predecesor, Juan Orlando Hernández (2014-2022), quien purga 45 años de prisión en Estados Unidos acusado de narcotráfico y será indultado por Trump.
“No dejemos que nadie defina nuestro destino. Vamos a la urna. Usemos el derecho que tenemos al sufragio”, arengó Moncada, vestida enteramente de blanco, tras emitir su voto en una escuela de Tegucigalpa. Además, pidió a sus correligionarios “defender los resultados” en las juntas receptoras de votos.
Los otros candidatos también llamaron a los hondureños a emitir su voto, en un país donde el sufragio es obligatorio. En las últimas elecciones de 2021, la participación rozó el 70%, el porcentaje más alto desde 1997.
La campaña se centró en ataques entre los tres principales candidatos, sin planes concretos para resolver los grandes problemas que aquejan a Honduras: narcotráfico, corrupción y un débil crecimiento económico que ha colocado al país como el segundo más pobre de América, solo por detrás de Haití.
Las elecciones hondureñas también son seguidas con atención desde Asia. Tanto Asfura como Nasralla han dicho que, de ganar, podrían retomar las relaciones diplomáticas con Taiwán, rotas por el gobierno de Castro en 2023. El cambio representaría el mayor revés diplomático en la región para China desde 1990, cuando el gobierno nicaragüense de Violeta Chamorro restableció sus propias relaciones con Taipéi.
Reuters

