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“Entendí la ficción a partir de una teleserie que tuvo que haber sido mexicana”: Paulina Flores Naturaleza Aristegui

La escritora chilena habla de ‘La próxima vez que te vea, te mato’, su nueva novela que será presentada durante la FIL de Guadalajara.

  • Redacción AN / HG
30 Nov, 2025 06:20
“Entendí la ficción a partir de una teleserie que tuvo que haber sido mexicana”: Paulina Flores

Por Héctor González

Javiera es una joven chilena que ha llegado a Barcelona para estudiar literatura. En búsqueda del lugar idóneo se instala en un piso compartido con Manuel, un peruano que toca en dos bandas de punk y escribe una tesis sobre los boleros en las películas de Almodóvar. Entre ambos se empieza a dar una relación que va de la tranquilidad a la estridencia en un tronar de dedos.

Sobre esta historia se sostiene La próxima vez que te vea, te mato (Anagrama), la nueva novela de la chilena Paulina Flores (Santiago, 1988), y en donde plantea una ácida y provocadora visión de las relaciones contemporáneas en donde lo que se conocía como “el amor romántico” parece desmoronarse.

¿Qué entendiste o hacia dónde se movió tu idea de las relaciones amorosas después de esta novela?

No entendí nada y me confundí con todo. Comprendí la enorme influencia que tiene el capitalismo en el amor. Las condiciones materiales influyen en las relaciones. No es lo mismo tener treinta años y vivir con tres o cuatro compañeras o compañeros, eso que veíamos en las series donde cada uno es independiente no pasa ahora. El sistema capitalista nos necesita intensos e infantiles para que le salgamos más baratos, para no darnos contratos o seguridad social. Eso afecta en la intensidad en que vivimos. El sistema económico rige el valor del tiempo y esto es cada vez más salvaje.

¿En qué sentido lo afecta?

En todos los sentidos. El feminismo de hace tiempo dejó una impronta que tal vez se ha convertido en cliché, pero no por ello es menos importante: “lo personal es político”. Uno de los puntos que focalizó la última ola del feminismo es el fin del amor romántico y eso es muy importante porque el amor romántico es una forma de subyugar a la mujer por el machismo, y eso ha permeado por generaciones y más allá de la clase. A partir de esta última ola feminista algunos hombres han empezado a preguntarle a la mujer si había tenido un orgasmo durante la relación sexual, por ejemplo. Sin embargo, todavía hay muchos hombres a los que incomoda que el feminismo se acerque a la intimidad, cuando los problemas justamente nacen de la intimidad. La novela trata algo de esto porque pese a todo, el amor es una fuerza incontrolable e irracional, hay un misterio que no alcanza la teoría ni se puede convertir en discurso, y a su vez esa justamente, es la gracia del amor.

Claro porque en esta idea del amor, Javiera la protagonista vive el amor como un tipo de posesión.

Hay que poner las cosas en contexto. No se trata de la posesión o de los celos por los celos. Javiera en su historia personal tiene un abandono familiar muy importante. No tiene celos porque sí, ella sabe lo que es que un hombre la deje porque su padre se fue. Además, tiene una vulnerabilidad de residencia porque no tiene papeles y no puede trabajar en Barcelona. Por supuesto que su condición no es la más tremenda, pero igual está vulnerable entonces desde luego se va a aferrar al amor porque acaba de llegar a una ciudad y no tiene a nadie. No es una posesión masculina motivada por los celos, sino de una posesión femenina contextualizada por la condición social, por eso hablo de capitalismo y economía.

La huella de abandono sobre todo por el lado paterno en Latinoamérica es tremenda y afecta igual a hombres que a mujeres, sucede algo parecido con la vulnerabilidad migratoria.

Sí, por eso la intensidad de nuestras relaciones o de nuestra música, de todo eso surge una pasión desbordada.

Hay bastante trap en la novela, ¿te la planteaste así?

Me encanta la música. En los últimos años el trap ha sido importante en mi formación. Hace poco escribí un artículo de reguetón que me tiene muy contenta. Pero escucho de todo, estamos hegemonizados por la cultura gringa así que tengo un amplio registro musical.

¿Crees que a partir de tu generación se ha establecido una relación más desprejuiciada hacia el reguetón?

Es parte de nuestra identidad, al menos de la mía. Tenía 13 años cuando estalló “Gasolina” de Daddy Yankee. He visto la evolución y el cambio del reguetón. De “Pobre diabla”, que habla de una mujer que era una pobre diabla que vaga triste por las calles porque un hombre la embarazo, pasamos a “Candy”, que habla de una chica libertina que está soltera y puede vivirlo así. Al mismo tiempo soy una nerd porque amo la literatura griega. No debería haber estudiado literatura sino algo que me diera trabajo. Siempre he querido unir la alta cultura con la cultura popular, es de ahí de donde saqué mis primeras experiencias estéticas. Entendí la ficción a partir de una teleserie que tuvo que haber sido mexicana.

¿Qué te dijeron en casa cuando supieron que querías ser escritora?

Me fui de casa a los 18 entonces cuando me iban a decir algo yo ya estaba fuera. Por suerte, mi mamá estuvo muy permeada por el momento de transición chilena en los noventa. Ahora ese periodo se critica mucho porque solo se vendió del sistema público al privado, pero pese a todo la concertación cuidó mucho a la cultura. En el Día de la Música podías ver a Los jaibas o a Los prisioneros, había mucho teatro en la calle. Mi mamá podía ver a Jodorowsky en charlas masivas, de modo que pese a que en casa no había libros, la cultura fue algo importante. Incluso recuerdo haber visto a Silvio Rodríguez gratis.

¿Qué relación tienes con la obra de Jodorowsky?

No puedo opinar mucho porque no lo he leído, lo tengo más referenciado por sus películas. La montaña mágica me conmovió, pero no es mi tipo. Me pasa como con Godard, me parece un antes y después, pero no me llega. Lo veo como un ícono.

¿Y Silvio Rodríguez?

Durante un tiempo lo dejé de escuchar para no quedarme enganchada en la nostalgia de mi adolescencia. Durante ese periodo si bien escuchaba punk, también me encantaba el folclor chileno y latinoamericano. Pero fue necesario dejarlo un tiempo para escuchar a David Bowie o a Charly García. Ahora cada tanto lo pongo y me emociono. El otro día estaba en un avión y vi a una niña de cuatro años escuchando “Un verano sin ti”, de Bad Bunny y yo pensé “esa niña no entiende nada”, pero claro a mi me pasaba lo mismo con Silvio cuando tenía cinco años. Es lindo eso.

De hecho, tu literatura, ahora que lo mencionas tiene un pie en una escritura popular y otro en una escritura más profunda.

Creo que hay una oralidad que viene del campo chileno, de poetas como Nicanor Parra. Es un juego rítmico que reconozco también en Alejandro Zambra y tiene que ver en el juego de las palabras y en las repeticiones. Mi libro anterior Isla decepción, fue una novela experimental que en un punto no se entendió. Ahora tenía la voluntad de ser más generosa y no ser tan hermética. Durante mucho tiempo odiaba como escribía, me leía y me encontraba fea, ahora me dejé ir más relajada.

¿Te preocupan o piensas en los lectores?

Me gusta entender la literatura como algo de dos, como un coqueteo. Cuando me dices parece ligero, pero no lo es, ese “parece” para mí es importante porque eso sucede en el coqueteo. Ese espacio es de vital importancia porque es lo que mantiene al escritor y al lector en el mismo juego.

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