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“Insólito: FMI evalúa la viabilidad del ingreso ciudadano universal y la política fiscal progresiva”, por @_AraceliDamian
por Araceli Damián

Por: @_AraceliDamian

En octubre el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó el Fiscal Monitor, titulado “Tackling Inequality” (Enfrentando la desigualdad),[1] en el que reflexiona sobre el impacto negativo que tiene la excesiva desigualdad del ingreso en el crecimiento económico y en la conflictividad social. En el documento se discuten medidas fiscales que los gobiernos pueden usar para reducir la desigualdad:

1) impuestos progresivos, 2) implantar el ingreso “básico” universal (IBU) y 3) ampliar el gasto público en educación y salud.

Las tres medidas ahora recomendadas fueron satanizadas desde la ideología neoliberal desde finales de los setenta. Ronald Reagan ex presidente de Estados Unidos y Margaret Thatcher ex primer ministro de Gran Bretaña iniciaron una serie de reformas “estructurales” que consistían, entre otras, en reducir los impuestos y el gasto social. Estas políticas fueron antes adoptadas en Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet y, posteriormente, con la crisis de los ochenta, en toda América Latina y África. Al mismo tiempo que las reformas, se implantaron programas focalizados de transferencias monetarias condicionadas hacia los pobres extremos (no a toda la población), como el hoy Prospera (primero Progresa y luego Oportunidades).

Según el documento, si bien la globalización y, sobre todo, el rápido crecimiento de las economías de China e India, llevó a una reducción de la desigualdad entre países, al interior de un número importante de ellos se registró una elevación de la desigualdad, lo que erosionó la cohesión social, provocó una polarización política y conllevó un menor crecimiento económico.

Con un notable cambio de discurso, el FMI afirma que la política fiscal puede lograr una redistribución del ingreso. De acuerdo con el Fondo, al comparar la desigualdad del ingreso de los países de América Latina y el Caribe, donde se registra el nivel más alto, con la de los países desarrollados, que tienen la más baja, el FMI encuentra que tres cuartas partes de la diferencia se explica por la redistribución lograda con una política fiscal progresiva en las economías más avanzadas. Sin embargo, advierte que, a partir de 1995, el poder redistributivo de dicha política se deterioró y, actualmente, no contrarresta los aumentos de la desigualdad provocados por el funcionamiento del mercado en esos países.

El FMI explica que esto se debe a que el impuesto sobre el ingreso derivado del capital (ganancias, intereses, acciones en bolsa) es más bajo que el del ingreso por trabajo. Reconoce que, como el primer tipo de ingreso está muy concentrado, la política fiscal es regresiva. De igual forma, explica que el impuesto al consumo ha crecido, siendo este uno de los instrumentos fiscales más regresivos, debido a que los ricos dedican una proporción más baja, en comparación con los pobres, de su ingreso al consumo. El FMI propone ampliar los impuestos al capital y dar apoyos fiscales a los que se encuentran en la escala más baja de la distribución del ingreso, con impuesto cero o negativo, así como establecer un impuesto a la riqueza, lo cual había sido ya sugerido por Piketty.

Lo más insólito del documento es que el FMI discute la posibilidad de otorgar un Ingreso Básico Universal (IBU), en sustitución de los programas focalizados. Retoma estudios que argumentan que la focalización deja amplios sectores de la población sin atender. Plantea que el IBU puede reducir la desigualdad y la pobreza de manera más efectiva y que puede ser un buen instrumento de política para enfrentar la incertidumbre de los hogares sobre la disponibilidad de ingresos por trabajo, generada por la falta de empleo a raíz de la creciente automatización.

Para mostrar el posible impacto del IBU en la reducción de la desigualdad y la pobreza, el Fondo realiza un ejercicio simulando que toda la población de ocho países, incluyendo México, lo recibe. Para la simulación el FMI fija dos montos del IBU, uno igual a 25% y otro a 10% de la mediana del ingreso per cápita (pc) mensual. Como veremos, ninguno de esos montos alcanzaría en México para satisfacer la necesidad de alimentación.

Veamos a cuánto ascendería el IBU en México. Con base en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 2014, la mediana del ingreso mensual pc era de $2,040 pesos, por lo que el IBU habría sido de $510 pesos pc al mes con la opción de 25% o de $204 pesos con la de 10%. El primer monto sería incluso más bajo que lo otorgado en el programa federal de adultos mayores, 65 y más ($580 pesos, en 2014), mientras que la segunda cantidad sería ligeramente superior al dinero recibido por persona por los beneficiaros del Prospera ($175 pesos).

Según el FMI, el costo fiscal del IBU de la primera opción sería de 3.5% del PIB y reduciría 6 puntos el Gini (coeficiente con el que se mide la desigualdad, varía de 0 a 1, representando 0 la igualdad total del ingreso) y la pobreza 12 puntos porcentuales. Con la segunda opción, el costo disminuye a 1.5%, pero el efecto en la desigualdad es de sólo 3 puntos del Gini y de 6 en la pobreza.

La propuesta del FMI contrasta fuertemente con la del Ingreso Ciudadano Universal (ICU) que he propuesto. [2] En una primera etapa se cubriría el costo de alimentarse adecuadamente (ICUA) y el apoyo mensual hubiera ascendido en 2014 a $1,680 pesos por persona al mes. Con el ICUA, la pobreza oficial se eliminaría casi por completo, además de que permitiría a todas las personas en México tener un nivel de vida austero, pero digno.

Aunque el IBU no es la propuesta idónea, es de celebrar que el FMI empiece a promover propuestas como ésta y los impuestos progresivos. Además, sus planteamientos son más progresistas que los de Carlos Slim, quien propuso recientemente un salario para los más pobres, eliminando tanto los programas de transferencias, como los gastos en educación y salud. En cambio, el Fondo recomienda ampliar el gasto en estos rubros, precisamente por su efecto positivo en la reducción de la desigualdad y la pobreza. Por

Nunca pensé sugerirlo, pero es un buen momento para que los partidos y el gobierno federal presenten atención a las recomendaciones del FMI.

[1] http://www.imf.org/en/Publications/FM/Issues/2017/10/05/fiscal-monitor-october-2017

[2] http://aristeguinoticias.com/2407/mexico/unica-salida-de-la-pobreza-el-ingreso-ciudadano-universal/?fb_comment_id=1765431613508181_1774446285940047#f5295bb77c0e28

Araceli Damián

Es Diputada Federal por Morena y preside la Comisión de Seguridad en la Cámara de Diputados. Es Profesora-Investigadora con licencia del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es Doctora en economía urbana por la Universidad de Londres, Inglaterra.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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