La cara desconocida de Pumas: privatización de recursos de la UNAM y subsidio permanente | Reportaje
El club nació privado, fue expropiado y luego reprivatizado; De 2014 a junio de 2019, la Universidad entregó a la asociación civil 338 millones 908 mil 980 pesos.

Por Mauricio Romero

El mito de Pumas de la UNAM se sostiene en tres mentiras propagadas tanto por los asociados como por las autoridades, y repetidas por periodistas, directivos y hasta casas de apuestas:

•Que el equipo es de la Universidad Nacional Autónoma de México,
•Que no recibe recursos de la casa de estudios, y
•Que comparte sus ganancias con la UNAM.

Empero, la realidad sobre uno de los equipos más populares del futbol mexicano dista de la narrativa oficial:

El club nace privado en 1954. Es expropiado en 1956. Durante dos décadas se mantiene como universitario hasta que finalmente se reprivatiza en 1977 con las promesas de que nunca utilizaría ni 1 centavo de la Universidad y que hasta le cedería íntegramente las ganancias que generara.

Actualmente, Club Universidad Nacional, asociación civil que es bien de empresarios y funcionarios de primer nivel, recibe cada año millones de pesos del presupuesto académico, utiliza gratis el estadio y los campos de entrenamiento de la Cantera Oriente; explota y subarrienda los símbolos que le dan razón de ser por medio de convenios que han llegado a ser saldados con bultos de ropa o sencillamente condonados.

A cambio, no comparte ni 1 peso de sus ingresos y hasta le ha cobrado a la institución por el uso de la pantalla instalada en el propio Estadio Olímpico Universitario.

La privatización del patrimonio y los recursos universitarios en favor de la asociación empresarial es diversa y permanente, y la gracia alcanza directamente a su actual presidente, Rodrigo Ares de Parga, quien por su lado ha facturado millones como contratista amigo de Rectoría.

Millones de pesos cada año, subsidio disfrazado

Dueños y funcionarios lo niegan públicamente, pero Pumas goza de millonarias aportaciones anuales de la UNAM.

De 2014 al primer semestre de 2019, la Universidad entregó a la asociación civil por lo menos 338 millones 908 mil 980 pesos, admite el Patronato Universitario por medio de la Dirección General de Finanzas.

Por año, las erogaciones han sido las siguientes:

•2014: 54 millones 212 mil 420;
•2015: 61 millones 198 mil 470;
•2016: 73 millones 550 mil 366.8;
•2017: 5 millones 547 mil 800;
•2018: 74 millones 369 mil 250;
•2019 (correspondiente al torneo Clausura anterior): 37 millones 3 mil 520 pesos.

300 Millones UNAM a Pumas 2014 a 2019_2 by Aristegui Noticias on Scribd

El monto total es mucho mayor al otorgado a diversas instancias universitarias. Por ejemplo, en los últimos cinco años, la Dirección General de Deporte Universitario tuvo un presupuesto de 226.3 millones de pesos… parte del cual también acabó en las arcas del club.

Los pagos no se dan como un financiamiento directo. Existe un mecanismo para disimular el subsidio:

Personal académico y trabajadores sindicalizados, como parte de las prestaciones conquistadas en los contratos colectivos, reciben entradas para asistir a eventos organizados en instalaciones de la casa de estudios.

Además de las salas, teatros y museos que acogen a los afiliados del Sindicato Único de Trabajadores de la UNAM (STUNAM) y la Asociación Autónoma del Personal Académico de la UNAM (AAPAUNAM), el Estadio Olímpico forma parte de los acuerdos laborales.

Entonces, la UNAM no negoció con el club ni mucho menos lo conminó a permitir la entrada a sus partidos a un porcentaje de la comunidad universitaria sindicalizada, sino que se le ocurrió pagarle contante y sonante la boletería, justificando así los millones de pesos que cada año recibe Pumas.

 

Nacimiento, expropiación y reprivatización

Club Universidad Nacional es una asociación privada. No forma parte de la estructura de la UNAM ni la representa formalmente. Sin embargo, impera la idea de que Pumas-es-de-la-Universidad.

La historia oficial del club, aunque desconocida por el grueso de la sociedad, se encuentra en el Archivo Histórico de la institución.

Su origen es como club privado: Sin la anuencia de la Rectoría ni del Patronato ni del Consejo Universitario o la Junta de Gobierno, pero tras un bombardeo epistolar al entonces rector Nabor Carrillo en el que predominaron las mentiras abiertas –como que el club ingresaría automáticamente a la primera división o que sería un gran negocio para la institución–, un grupo de empresarios y funcionarios, encabezado por Guillermo Aguilar Álvarez padre y Max Tejeda Vega, constituye furtivamente en 1954 Universitarios FC, una asociación civil que incluso llega a emitir acciones entre los interesados en poseer un porcentaje de la naciente empresa.

Ya fundado e incluso debutado en el circuito profesional, el equipo recibe permisos para jugar en el recién construido Estadio Universitario a cambio de un porcentaje de la taquilla.

“Nunca se les reconoció el nombre”, denunció en su momento Daniel Rubín de la Borbolla, director de Promoción durante la Rectoría de Nabor Carrillo y testigo del proceso completo. “El equipo inició sus actividades fuera del control de las autoridades universitarias”, añade Javier Ortiz Tirado, entonces tesorero de la UNAM.

Después de las primeras dos temporadas, la Universidad adquiere los derechos de la escuadra en 1956. Por la expropiación, Aguilar Álvarez y compañía recibieron 20 mil pesos de la época, unos 240 mil de 2019, según estimación hecha por el economista Marcos Chávez.

En las siguientes dos décadas el equipo pertenece a la Universidad. Asume el nombre de Pumas. Se proclama campeón de la Segunda División en la temporada 61-62: consigue el ascenso. El trabajo formativo se ve reflejado con aportaciones directas a selecciones, tanto para Juegos Olímpicos como para Copas del Mundo. Figuras del futbol mexicano de la  talla de Miguel Mejía Barón, Guillermo Vázquez padre, Aarón Padilla, Luis Regueiro, Héctor Sanabria, Mario Velarde, Enrique Borja, Leonardo Cuéllar o Hugo Sánchez surgen durante la época en la que el club fue propiedad de la UNAM.

 

“Nuestro Equipo de Futbol de Primera División tiene un alto valor monetario, pues en el supuesto de que se quiera poner a la venta se obtendría una suma muy elevada por los derechos de plaza y por las cartas de los jugadores”, llega a escribir Javier Ortiz Tirado, quien como tesorero del Patronato Universitario y presidente del club durante 1 década (de 1958 a 1967), bien sabía de la importancia que Pumas había adquirido en el circuito local en esa época.

El equipo literalmente fue universitario hasta que el rector Guillermo Soberón, de la mano de Javier Jiménez Espriú, su Secretario General Administrativo, integrantes ambos de la asociación civil a la postre –el primero como presidente, el segundo como vicepresidente–, lo ceden a un grupo encabezado por Bernardo Quintana Arrioja y el hijo de Aguilar Álvarez.

El martes 5 de julio de 1977, ante el notario público Tomás Lozano Molina, se constituye Club Universidad Nacional, AC (folio real 00011520). La reprivatización de Pumas se da entre dos hechos trascendentales: el primer campeonato de Liga, conquistado el domingo 3 de ese mes, y la huelga de trabajadores y académicos de ese año, derrotada el jueves 7 por la alianza del gobierno de José López Portillo (judicialización contra los huelguistas), la administración de Soberón y Televisa (golpeteo mediático, apertura de sus canales para “clases extramuros” y el Estadio Azteca para la final).

Desde Pedro Ramírez Vázquez, primer vocal de la asociación privada, numerosos personajes ligados a la televisora han estado entre los propietarios de Pumas, lo mismo empresarios de estirpe priísta como el propio Quintana Arrioja, Víctor Mahbub, los Borja Navarrete o la familia Slim, así como universitarios de alto nivel como los rectores o miembros de las Juntas de Gobierno y Patronatos como el mismo Jiménez Espriú o Alfredo Adam Adam.

A pesar del diagnóstico de Ortiz Tirado sobre el valor del club, la UNAM no solo no recibió retribución alguna por la reprivatización de Pumas sino que hasta les entregó a los “distinguidos exalumnos” que se quedaron con él 7 millones de pesos de entonces, alrededor de 20 millones actuales. ¿El motivo formal?: que supuestamente en los primeros años los nuevos dueños sufrirían pérdidas económicas.

 

Vigente privatización de bienes universitarios

Las autoridades y los empresarios justificaron el desfalco con dos promesas: la primera, que la UNAM dejaría de gastar en el futbol profesional. A partir de entonces, juran y perjuran que Pumas no volvió a gozar de las arcas ni de los bienes de la institución.

“Si la pregunta de fondo es si la Universidad destina recursos de su presupuesto o de su subsidio federal o de sus ingresos propios: no, la respuesta es no. No le destinamos un solo centavo”, asegura Leopoldo Silva Gutiérrez, Secretario Administrativo de la UNAM.

Sentado en uno de los sillones de piel de su amplia oficina en el quinto piso de la Torre de Rectoría, el también asociado “desde hace, por lo menos, 15 años” –lo cual no considera como conflicto de intereses, por supuesto–, continúa, convencido de lo que dice:

─Reitero: no nos cuesta. Si el equipo costara un peso ─enfatiza erizando el dedo índice─, sería otra cosa.

“Perdón que lo ponga en los términos comerciales, esa marca, la marca Pumas, que se ha vuelto muy valiosa, y que encima no nos cuesta ningún centavo… ¡Qué maravilla! Yo lo veo así. Yo le aseguro que mucha gente lo ve así dentro de la Universidad, que no saben cómo están las cosas pero que saben que la Universidad no pone dinero…”. 

Debido al alud de solicitudes de información y recursos de revisión presentados con motivo de un trabajo mayor, de la propia Rectoría buscaron a este reportero. Era julio de 2017. Ni antes ni después aceptaron una entrevista:

Guadalupe Díaz Silva, directora de Enlace y Relaciones Públicas –asociada del club también–, ha sido la encargada de rechazar amablemente las peticiones. En todo caso, los involucrados continúan asegurando que la UNAM no financia de ninguna forma al equipo.

A pesar del discurso oficial, ahora es la Tesorería la que contradice la opinión generalizada, aunque omite informar sobre otras transferencias que se han hecho en favor de la asociación privada, más allá de los 338 millones 908 mil 980 pesos antes mencionados.

Por ejemplo, la Dirección General de Deporte Universitario le ha pagado a Pumas por el uso de la pantalla instalada en el propio Estadio Olímpico Universitario, así sea en competencias estudiantiles, eventos organizados por las facultades o juegos de futbol americano, revelan las facturas de las que se tiene copia, como de las cartas, respuestas y datos mencionados a lo largo del texto.

Entre 19 y 24 mil pesos por evento es la tarifa que Club Universidad Nacional le ha impuesto a la UNAM. Tan solo como muestra, en la temporada de la Liga Mayor 2014-2015 la asociación privada cobró 126 mil 672 pesos por operar la pantalla en los juegos de futbol americano.

¿Cómo explica el Secretario Administrativo que la Universidad tenga que desembolsar recursos por utilizar mobiliario instalado en su estadio?:

─Es que la pantalla no es nuestra… Entonces cuando algo no es de uno pues se tiene que pagar por usarlo, ¿no? ─responde Silva Gutiérrez. Y con una sonrisita sarcástica, aclara:

“Pero por el uso del estadio por supuesto que no le pagamos absolutamente nada al club, eh.”

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Pumas tampoco paga 1 solo centavo por el Estadio Olímpico, monumento artístico de la nación y patrimonio cultural de la humanidad a su disposición. El club no paga por la limpieza ni por el mantenimiento del inmueble ni mucho menos se preocupa por el agua o la energía eléctrica que se consume cada vez que juega “de local”: todos los gastos corren a cuenta del presupuesto de la UNAM. La misma gratuidad ocurre con las instalaciones de entrenamiento en la Cantera Oriente: más de 8 hectáreas cedidas en comodato a la AC hasta 2027.

La segunda promesa sobre la que se sostiene el montaje es la que quedó asentada en el artículo 50 de los Estatutos del club: “Los excedentes de la operación de la Asociación serán cedidos a título gratuito a la Universidad Nacional Autónoma de México”. Sin embargo, jamás ha entregado ni 1 quinto de las ganancias generadas por uno de los equipos más populares del futbol mexicano.

─Se acordó que en el caso de que el club tuviera remanentes, éstos pasarían a la Universidad –repite Silva Gutiérrez–, lo que ha sucedido en diferentes ocasiones, sobre todo a través de recursos que se han transferido en especie…

─¿Sobre todo o únicamente?

─Únicamente.

El funcionario-asociado se refiere a diversas “donaciones”. Entonces se le preguntó a la Universidad cuáles habían sido todos los donativos hechos por el club durante cinco años, y la respuesta fue que dos entregas de ropa deportiva con un valor de 1.3 millones de pesos cada una. En reciprocidad, el equipo también ha gozado de la caridad de la institución, la cual le ha regalado desde computadoras y escritorios, con ratones, teclados y sillas incluidas, hasta automóviles, pues el grupo de empresarios ha llegado a declararse por escrito como carente “de equipo suficiente para sus actividades”.

Lo único por lo que Pumas paga es por la renta de la tienda de artículos oficiales ubicada al poniente de Ciudad Universitaria (entre 34 y 40 mil pesos al mes, más frecuentes penas por morosos), y por el permiso para explotar las “marcas”, es decir el nombre y la imagen de la cara estilizada del puma.

El club pervive gracias al disfraz universitario. Es su mayor bien en tanto sostén del teatro por el que la afición sigue creyendo que los Pumas y la UNAM son lo mismo. Sin embargo, los convenios de uso de marcas son muy enfáticos al aclarar que el hecho de que el club utilice la simbología no lo hace representante de la casa de estudios ni crea ningún vínculo entre la AC y la institución. “Cada una tiene su personalidad jurídica propia”, explica Silva Gutiérrez.

─Entonces Pumas no pertenece a la Universidad ─se le comenta.

─No. Por supuesto que no.

El Secretario Administrativo siente el peso de sus palabras, y matiza:

─Ahora, participan muchos universitarios en ellas.

─Por ello tanto en la Universidad como en la sociedad se tiene la idea de que estas asociaciones privadas, como el club, pertenecen a la UNAM…

─Bueno, es una idea errónea ─sentencia Silva con la mirada hacia uno de los ventanales de su oficina. Él, desde las alturas, lo tiene claro.

Entre 2014 y 2018, Pumas desembolsó 38.6 millones no solo por comercializar el nombre y el logo de forma exclusiva, sino por subarrendarlos también. No obstante, debió pagar mucho más, ya que por contrato tenía la obligación de compartir un porcentaje de las utilidades… pero el club nunca ha retribuido ni 1 centavo de las regalías generadas por los símbolos universitarios; incluso ha mentido, ocultado información e inflado gastos para evitarse la molestia, irregularidades conocidas por el Patronato Universitario, ya que fueron develadas en auditorías internas. Pero lejos de provocar sanciones, los acuerdos continúan siendo renovados. El convenio de uso de marcas vigente fenece en octubre de 2019.

Durante tres décadas, la Universidad no recibió ni 1 centavo por la comercialización de su identidad: de 1977 a 2007 fue totalmente gratis para el club privado. No solo eso: a tal grado ha llegado la gracia que hasta se le han condonado pagos e incluso los permisos para la explotación de emblemas como el mural de la Biblioteca Central o el escudo académico. También han sido gratuitos.

Rodrigo Ares de Parga / Cuartoscuro / Archivo

Ares de Parga, presidente-contratista

Cinco semanas antes de ser nombrado presidente del Club Universidad, Rodrigo Ares de Parga recibió otra buena noticia: su primer contrato millonario con la administración de Enrique Graue.

El directivo es dueño de Arapau y Asociados, SC, firma consultora a través de la que cobró 5 millones 631 mil 800 pesos por un par de trabajos de evaluación, uno de ellos del Subprograma de Retiro Voluntario 2013-2017.

Rodrigo Ares de Parga fue investido presidente de Pumas el 20 de mayo de 2016. Era conocido por dos cosas: su cercanía con el grupo de Carlos Slim, pues había fungido como director de Operaciones en el club durante la gestión del yerno Arturo Elías Ayub, y por su estrecha relación con el grupo de médicos que ha despachado desde Rectoría durante lo que va del presente siglo, sobre todo con el actual rector, cuya amistad es un hecho notorio.

Los contratos entre Ares de Parga –quien tampoco contestó la solicitud de entrevista– y la administración de Graue son formalmente asignados por la Dirección General de Presupuesto, también bajo el mando de la Secretaría Administrativa de Leopoldo Silva Gutiérrez, quien al igual que el rector rehusó hacer pública su declaración de situación patrimonial y de intereses.

El subsidio de la UNAM a Pumas se da de múltiples formas, y es permanente.

Todos los rectores, desde Guillermo Soberón Acevedo hasta Enrique Graue Wiechers, junto a varios integrantes de las Juntas de Gobierno y los Patronatos y Consejos Universitarios como Javier Jiménez Espriú, Alfredo Adam Adam, Jorge Borja Navarrete o Bernardo Quintana Isaac, han fungido como funcionarios con poder de decisión a la vez que son o han sido asociados del club privado, preservando así el montaje durante décadas.

Fuentes:

Archivo Histórico de la UNAM. Registro Público de la Propiedad y de Comercio de la Ciudad de México. Estatutos del Club Universidad Nacional, AC; Convenio de Administración del Equipo de Futbol denominado “Club Universidad, Asociación Civil”. Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. UNAM: Dirección General de Finanzas, Dirección General de Deporte Universitario, Dirección General de Presupuesto, Secretaría Administrativa, Dirección General de Patrimonio Universitario, Dirección General de Prevención y Protección Civil, Dirección General de Obras y Conservación y Secretaría de Atención a la Comunidad Universitaria. Solicitudes de acceso a la información: 6440000118419, 6440000117919, 6440000141118, 6440000138217, 6440000110117, 6440000054217, 6440000054117, 6440000083518, 6440000083418, 6440000138017, 6440000119917, 1116100033017, 1116100031617, 6440000105617, 11161000029617, 6440000098417, 644000092217, 6440000089817, 6440000086717, 8443, 6440000052217, 6440000105419, 6440000047417, 644000021851, 6440000177217, 6440000171517, 6440000248318, 6440000244718, 6440000142517, 6440000122719, 6440000085217, 6440000118619, 6440000054017, 6440000089717, 6440000244718, 6440000095019, 6440000197217, 6440000105519, 6440000008519; recursos de revisión: 4399/17, 4389/17, 3345/17, 883/17, 5180/18, 7981/17, 4073/17, 6744/19 (en curso, sobre la clasificación de las declaraciones de Graue y Silva).

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