Impotencia y temor en Venezuela: rescatando entre escombros mientras el miedo a las réplicas no cede
Días después de los dos terremotos que sacudieron Venezuela, la emergencia humanitaria persiste. Hay zonas sin ayuda, rescatistas aún buscan sobrevivientes bajo los escombros y el número de muertos supera los 1,700. Mientras tanto, refugios temporales en Caracas albergan a cientos de damnificados.
- Redacción AN / MDS

Por Ramiro Cué Barberena y Daniella Zambrano / FRANCE 24
Han pasado seis días desde que dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela, y aún no se conoce la dimensión completa de la catástrofe.
El reporte actualizado del Gobierno, difundido el lunes por la noche, indicó que 1,719 personas murieron, otras 5,000 resultaron heridas y alrededor de 15,000 quedaron damnificadas. Sin embargo, esas cifras parciales no incluirían a cientos de personas que permanecen bajo los escombros, según familiares y vecinos que han intentado sin éxito socorrer a víctimas atrapadas que piden ayuda.
La falta de equipos especializados y la demora en la llegada de los servicios de emergencia frustraron algunos rescates. En varios casos, los gritos de las personas atrapadas dejaron de escucharse, lo que ha generado una profunda sensación de impotencia entre los sobrevivientes.
“Me atrevo a decir que ninguna ayuda es suficiente por la magnitud de la devastación que vimos en La Guaira”, afirmó la corresponsal de France 24 en Venezuela, Daniella Zambrano, quien relató situaciones que observó en primera persona.
Zambrano señaló que hay zonas afectadas a las que aún no ha llegado ayuda local ni extranjera, por lo que disminuyen las esperanzas de encontrar personas con vida.
“La cifra es mucho mayor porque hay edificaciones de 12 torres, de 14 pisos cada una, que resultaron afectadas, y la cantidad de gente desaparecida es muchísima. Hemos sido testigos de que anoche y durante el día han logrado rescatar gente con vida. Las labores son sumamente difíciles”, apuntó.
“Son solo unos ciudadanos intentando recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Hay testimonios desgarradores de quienes dicen que había personas vivas, que intentaron ayudarlas, pero que, al no tener ni un pico ni una pala ni recursos para remover los escombros, no lo lograron y, por ende, estas fallecieron”, dijo la periodista.
A su vez, explicó que rescatistas de distintos países participan en las labores de búsqueda, pero que cada caso puede tomar muchas horas. Uno de los socorristas le contó que tardaron hasta 16 horas en sacar con vida a una mujer, una situación que dificulta la llegada de los equipos a otros puntos afectados.
Además, por trámites burocráticos, algunos rescatistas tardaron hasta 48 horas en poder ingresar a Venezuela.
Mientras tanto, los centros de acopio en Caracas reciben a cientos de personas. Alrededor de 500 familias están albergadas en el Parque del Este, donde se instalaron carpas para acoger a quienes llegan en busca de asistencia.
Algunos damnificados de La Guaira llegaron a la capital venezolana. Sin embargo, según denuncias extraoficiales de personas alojadas en las tiendas de campaña, también habría habitantes de zonas urbanas que necesitan ayuda, aunque no fueron afectados directamente por los terremotos. Su presencia, según esos testimonios, dificulta la atención de quienes perdieron sus hogares por la actividad sísmica.
¿Y las réplicas?
Un tercer grupo de personas ronda Caracas buscando auxilio: los que huyen de sus casas, gravemente golpeadas por los terremotos, y temen que las próximas réplicas terminen de derrumbarlas.
Alrededor de las 7:00 a.m. del lunes, un sismo de magnitud aproximada de 4.6 hizo que algunos habitantes salieran corriendo de sus viviendas por temor a que las infraestructuras afectadas colapsaran.
Una de las grandes preocupaciones de los venezolanos son las frecuentes réplicas, que alimentan el temor de que un nuevo terremoto esté por venir o de que las estructuras golpeadas terminen de caer.
Sin embargo, este fenómeno tiene una explicación natural: después de los terremotos, la corteza terrestre inicia un proceso de reajuste. Eso no implica necesariamente que vaya a ocurrir un nuevo terremoto.
Tras el choque de las placas tectónicas que genera la gran actividad sísmica, estas se reacomodan, dando lugar a una secuencia de réplicas.
No obstante, estos sucesos aminoran con el paso de los días, tanto en cantidad como en potencia por la liberación de presión, hasta que vuelvan a sus lugares normales. Los analistas recalcan que no hay un período fijo para que todo regrese a la normalidad.
Estos reacomodamientos ocurren en la misma zona en la que se dio el epicentro del golpe sísmico, en este caso, en La Guaira.