opinión*
Minorías sexuales, camiones, y la ‘ideología de género’
A renglón seguido por José Carlos G. Aguiar
(Foto: Twitter/@confamiliamx).

#NoTeMetasConLosDerechosDeLosOtros

El verano se ha convertido en una celebración de las libertades civiles y la igualdad de las minorías sexuales. En ciudades de todas las regiones del mundo, se festeja la diversidad y derechos de las minorías sexuales por medio de marchas, debates, programas culturales y muchas fiestas. En Toronto el primer ministro canadiense Justin Trudeau su unió al colectivo por segundo año consecutivo; esta vez se llevó a sus dos hijos y esposa. También dio un discurso para decir que todas las formas de fobia y discriminación contra las minorías son inaceptables. Hoy mismo, el parlamento alemán ha extendido el derecho al matrimonio a personas del mismo sexo; Alemania es de los últimos países de Europa Occidental en dar el histórico paso.

En Mexico, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera designó el mes de junio como el mes de las minorías sexuales. El sábado pasado, la marcha por el orgullo en la Ciudad de México fue un éxito por su asistencia y un bálsamo para la magullada cultura cívica mexicana. Incluso en la ciudad de Guadalajara, tierra de “los machos de a de veras”, el gobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval participó en la marcha, algo impensable hasta ahora, convirtiéndose así en el primer gobernador del estado en manifestarse por el reconocimiento de los derechos de las minorías. Todo muy bien.

Es claro que el tema está vivo en la sociedad mexicana, y en todo el mundo. Es relevante y para todos cercano. El reconocimiento de las minorías sexuales toca todas las relaciones sociales, laborales, familiares, y de pareja. Por un lado, reconocer la dignidad de todos es la forma más esencial de igualdad humana, pero también un tabú en muchas religiones.

La ola rosa en América Latina

Los derechos de las minorías sexuales es un tema que también está inserto en la política transnacional; hay actores nacionales pero también internacionales que influyen en el reconocimiento de estas garantías. Es decir, lo que pasa en México está definido también por procesos que van más allá del territorio nacional. Tanto entre los los movimientos progresistas, que buscan extender los derechos legales, pero también del lado de los sectores religiosos más conservadores, que ponen obstáculos jurídicos y promueven discursos antagónicos.

En el reporte de Javier Corrales, profesor de Ciencia Política en Amherst College y especialista en las reformas legales LGBTTTI, titulado Derechos y representación LGBT en América Latina y el Caribe: la influencia de la estructura, movimientos, instituciones y cultura, se explica el rol que han tenido las alianzas con partidos políticos y actores internacionales. La ‘ola rosa’ en América Latina de los últimos 10 años, representa el más rápido reconocimiento de minorías sexuales en el Sur.

Típicamente en las ciencias políticas, el reconocimiento de derechos LGBTTTI es el resultado de largas luchas sociales, de la organización de las sociedad civil en países con ingresos altos y donde la religión tiene una influencia política bien acotada. Latinoamérica no sigue este modelo. Además, en los países de América Latina no hay registro de movimientos sociales amplios a favor de las minorías; las mayorías, siempre más conservadoras, han estado más bien en contra. El reconocimiento de los derechos de las minorías ha sido posible gracias a las alianzas hechas con partidos políticos, como en el caso de la Ciudad de México con el PRD, donde la agenda LGBTTTI ha servido a ese partido para diferenciarse como uno progresista frente a los otros de centro derecha.

La homofobia viaja en camión

“Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. Ése fue el mensaje que se le ocurrió a la agrupación católica Hazte Oír para promover el rechazo de personas transexuales. La leyenda fue colocada en camiones por toda España a principios de año, causando mucha polémica en ciudades como Madrid y Barcelona. Un camión con el mismo mensaje circuló por la ciudad de Nueva York.

El camión promueve, en primer lugar, la intolerancia hacia las personas que no se identifican con el sexo biológico con el cual nacieron. Además, el simplismo del lenguaje de la campaña reduce a los niños a sus genitales, como si un órgano reproductivo pudiera fijar la identidad y psicología de un individuo. La respuesta no se hizo esperar y diversos actores sociales, que incluyeron a instituciones, partidos, sindicatos y organizaciones civiles en toda España, interpusieron un recurso legal para detener el camión. Con éxito.

Para el día en contra de la homofobia el pasado 17 de mayo, la embajada de los Países Bajos en México apoyó una iniciativa de la asociación Yaaj para colocar mensajes en camiones de la Ciudad de México. Los camiones fueron pintados con el mensaje ‘Por una terapia de aceptación, no de conversión. La homosexualidad no es una enfermedad’; se podía leer con grandes letras “La sexualidad no se elige, se descubre’, y mostraban una ilustración de una pareja del mismo sexo dándose un beso. Se espera que camiones similares también se vean en las ciudades de Guadalajara, Mérida, Monterrey, y Tijuana durante los siguientes meses.

La invención de la ‘ideología de género’

Pero la circulación de los camiones en contra de la homofobia despertó reacciones de los sectores más conservadores. Un par de semanas después las agrupaciones conservadoras Consejo Mexicano de la Familia y Hazte Oír patrocinaron el #BusDeLaLibertad con el mensaje ‘Dejen a los niños en paz! #ConMisHijosNoSeMetan’, ‘en educación ¡biología, no ideología de género’. Desde mayo los camiones naranjas han circulado en Veracruz, Mérida, Ciudad de México y Puebla, causando mucha polémica.

La campaña de los camiones naranjas fue organizada junto con CitizenGo, una red internacional de ultraconservadores religiosos que buscan influir en temas morales, como el aborto, derechos reproductivos, eutanasia, maternidad subrogada, y por supuesto los derechos de las minorías sexuales. La extrema derecha promueve la intolerancia hacia la identidad y sexualidad de los otros, rechazando una supuesta ‘ideología de genero’ promovida por actores como la ONU y otros. CitizenGo es una red es financiada y organizada por grupos de protestantes, evangélicos, católicos y otros grupos ultraconservadores cristianos en los Estados Unidos, y cuentan con divisiones como Hazte Oír, que promueven una agenda de ultraderecha en los países de habla hispana.

Estamos pues ante un conservadurismo transnacional que, de la misma manera que actores internacionales han apoyado a las minorías sexuales, estas agrupaciones ‘de afuera’ organizan y dan formato a las fobias e intolerancia de grupos de ultra derecha en México. Para Javier Corrales, estos grupos representan un ‘backlash’, una reacción agresiva contra las reformas que han tenido lugar en toda la región. Para estos grupos, los derechos de las minorías son una ‘ideología’ que atenta contra la familia, y dependen de la aprobación de las mayorías. Como si no hubiéramos aprendido nada de la experiencia histórica de la esclavitud o discriminación contra las mujeres.

José Carlos G. Aguiar

Doctor en ciencias sociales. Antropólogo mexicano especializado en estudios urbanos, ilegalidad, legitimidad política, seguridad, propiedad intelectual, economías callejeras y la Santa Muerte. Profesor e investigador de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, CONACyT. Cumbianchero por convicción, ciclista antes de la era hipster, y fotógrafo por amor a la estética callejera.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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