‘La izquierda y la derecha, ilusiones vanas con las que nos entretenemos’: Luisgé Martín
El filólogo español publica ‘El mundo feliz. Una apología de la vida falsa’.
(Anagrama).

Por Héctor González

¿Es posible la felicidad? El escritor español Luisgé Martín (Madrid, 1962), dedica su nuevo libro El mundo feliz. Una apología de la vida falsa (Anagrama), a cuestionar los grandes mitos de la vida contemporánea. “La vida es un sumidero de mierda, un acto ridículo o absurdo, pero nos comportamos ante ella con una estricta solemnidad”, plantea en un tono provocador.

En su nuevo ensayo, el ganador de los premios Ramón López de la Serna y Vargas Llosa NH de relatos, pone sobre tela de juicio nociones como izquierda, derecha, igualdad, libertad o heroísmo.

Empecemos por el principio. ¿Qué es para ti la felicidad?

Pues antes era algo líquido, un éxtasis en la altura, un sentimiento sublime que perduraba. A partir de un momento me di cuenta de que eso no es real nunca. Y la felicidad se convirtió en una cosa pequeña: la cercanía de amigos, una copa de vino, un plan de viaje. La ausencia de dolor es felicidad. Tengo una mirada más cercana a la felicidad budista.

¿Podríamos vivir sin Shakespeare?, ¿el arte está sobrevalorado?

Deberíamos poder vivir sin Shakespeare, que no es lo mismo. Mientras sigamos siendo ese saco de células sin sentido, necesitamos engañarnos, y para eso Shakespeare es todavía fundamental. A mí la literatura me ha salvado la vida muchas veces. Pero preferiría que no hubiera hecho falta.

En el libro hablas del transhumanismo como una alternativa…

Yo creo que sí. Hay que poder soñar con un hombre biológicamente mejorado y espiritualmente compensado. Somos seres desequilibrados, irracionales, furiosos, arbitrarios. A algunos les parece bien. A mí no. Y por eso me gustaría estar mejorado.

En el libro cuestionas también el heroísmo, ¿qué tipo de consuelo nos da que lo buscamos constantemente, incluso a veces entre los políticos?

Nunca he creído demasiado en el heroísmo. Creí en la abnegación, en la lucha, en el arrojo, pero el heroísmo siempre me pareció una memez. En esto vuelvo a ser muy minúsculo: creo en los héroes en miniatura, en los que pelean por conquistas reales. Y ese heroísmo no nos da consuelo, nos da una vida mejor.

Partiendo de que escribe que “el fundamento mayor del pensamiento izquierdista puro: lo que está mal es el sistema –el capitalismo-, no el hombre”. ¿Qué piensas de la izquierda y la derecha?

Hay dos respuestas posibles. Una existencial, que es la que busca mi libro, y ahí pienso que la izquierda y la derecha son ilusiones vanas en las que nos entretenemos. La otra dimensión es la política. No la transhumana, sino la humana. Y en ese aspecto soy y seré siempre un hombre de izquierdas. Creo en el valor de lo público, creo en la libertad y creo en los valores de la Revolución Francesa aplicados a las sociedades en las que vivimos. Creo que, aunque la igualdad de oportunidades siempre es falsa, cuanto más cerca de ella estemos, mucho mejor.

Leer que la gran diferencia de ahora respecto al siglo XII es que ahora la mayor parte de los imbéciles creen que no lo son y que incluso se consideran a sí mismos personas informadas y con criterio, es preocupante, ¿no te parece?

Preocupante y peligroso. Yo siempre recuerdo que en mi entorno, que tenía un origen humilde, las personas eran igualmente humildes. Opinaban, pero respetaban a aquellos que tenían una determinada autoridad. Porque habían estudiado, porque habían dedicado tiempo a analizar algo, porque conocían el mundo más ampliamente. Ya sé que eso a veces produce abusos, pero yo prefiero esos abusos controlados que esta democratización de la opinión imbécil en la que vivimos ahora. De hecho, algunos son líderes políticos justamente porque están aupados a través de esa estupidez orgullosa.

¿Crees que vivimos en una época de pereza mental?

No. Creo que hemos vivido hace un par de décadas en una época de pereza mental. Porque todo “iba bien”, porque el futuro estaba ahí, porque se veía el progreso. La crisis cambió eso, al menos en Europa, y se sacudió la pereza. Ahora hay mucha gente pensando en muchas direcciones, sin miedo, sin pereza.

¿Por qué habría que poner la felicidad en el centro de la acción política? El actual presidente de México propone una renovación moral, ¿es posible esto?

La felicidad es lo único que nos mueve. La libertad la queremos porque de lo contrario no somos felices. La igualdad, a veces ni la queremos. La felicidad es lo único que no queremos negociar. Y respecto a las renovaciones morales, claro que son posibles, lo que pasa es que tardan tiempo. Se necesitan dos o tres generaciones para que ocurran de verdad. En España lo estamos viendo ahora, una vez más. Algunas cosas medio escondidas, afloran, porque todavía quedan en la memoria. Las costumbres tienen un poso darwiniano, hace falta tiempo para que evolucionen.

¿Por qué si la ni la educación ni la inteligencia nos salvan, si habría de hacerlo la mentira?

Porque la mentira podemos diseñarla. El mundo es el que es, pero en una novela yo puedo modificarlo a mi gusto. Y eso es lo que yo propongo. Convertir las novelas en algo real. Vivir dentro de una novela, pero no imaginariamente.

¿Cómo entiendes la libertad?

Como una mentira que tiene que ser muy convincente. No creo que seamos nunca libres, pero tenemos que creer que lo somos para poder vivir. Y es evidente que las democracias liberales, en este sentido, son el paraíso. La libertad —o la sensación de libertad— nos da el impulso que necesitamos para imaginar, para actuar, para tratar de ser felices. ¿Libertad para qué? Para ser libres.

¿En verdad en nombre de la libertad se han cometido las mayores tropelías?

Y se siguen cometiendo. Cualquier régimen autoritario invoca siempre la libertad, es un axioma matemático. Y lo peor es que muchos de sus defensores lo aceptan dócilmente. Para ser libre hay que tener también un entrenamiento. Hay mucha gente que prefiere no tener que decidir, que es algo muy cansado.

¿Por qué es mejor creer que se es libre a en realidad serlo?

Serlo del todo nunca lo somos. Pero en la medida en que podamos serlo, es mejor serlo que simplemente creerlo. En todo caso, los beneficios de la libertad tienen que ver con el estímulo que crea en nosotros. Con la sensación de que podemos alargar los brazos y crear algo.

Si no funciona la libertad, ni igualdad ni la fraternidad, ¿entonces qué nos queda?

La vida falsa. Es lo que sostengo en el libro. Somos un saco de mierda y unos seres ridículos, pero tenemos una cierta capacidad de imaginación. Hagamos un mundo en el que la mentira nos dé dignidad.

¿Entre Hobbes y Rousseau con quien te irías a tomar una cerveza?

Yo, cervezas me tomo con casi todo el mundo. Y con estos dos me las tomaría seguro. Su hay que elegir uno, con Rousseau, porque estoy más en desacuerdo con sus ideas, y en las cervezas —sobre todo a partir de la tercera— me gusta discutir. Con él lo haría mejor.

Pensar en un Hombre Nuevo o en un mundo feliz, ¿no es caer en un idealismo similar al precisamente cuestiona?

Pues es posible. Alguien me dijo: si usted se creyera de verdad todo lo que dice en su libro, no lo habría escrito. Y tenía razón. Pero es que tengo las herramientas que tengo. Soy un ser humano. Con mis limitaciones cerebrales, con mis sentimientos, con mi romanticismo cultural.

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