opinión*
Corrupción ya tenemos, no necesitamos que nos manden la suya
Alegatos por Miguel Pulido

Por Miguel Pulido

En política, el repudio tiene más alcurnia que la indiferencia. Y así estamos: cansados del desastre en lo público, hastiados del saqueo organizado y de la impunidad infinita.

Pero ojo, aunque nos hagamos los especiales, lo cierto es que esta irritación se vive en un considerable número de países y con importante intensidad en nuestra vecina Centroamérica.

Precisamente de ahí han venido interesantes noticias para México. Siendo la corrupción un problema transfronterizo, las formas de solución que se exploran tienen cada vez más tintes internacionales.

En Guatemala, por ejemplo, gracias a un acuerdo con las Naciones Unidas surgió la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG). Acusada por algunos de invención intervencionista, por otros de ser un bodoque de intereses espurios, lo cierto es que se convirtió en un referente que demostró cómo nuevas formas de institucionalidad pueden dar respuesta a graves crisis de captura del Estado.

Sin más, en ese país vecino, sendas investigaciones judiciales y extenuantes juicios llevaron a prisión al propio Presidente y la Vicepresidenta, y sirvieron para revelar pesadas redes y estructuras criminales.

Siguiendo ese ejemplo, aunque con mayor tibieza, en Honduras también exploraron la creación de un mecanismo poco convencional para lidiar con la rapacería política. Entonces, un acuerdo con la Organización de los Estados Americanos dio vida a la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH).

Hay que decir que el país catracho es territorio delicado para hablar de estos temas. En un marco de violencia desbordada, la concentración de poder es extraordinaria y la debilidad institucional sobresaliente. Con todo, fueron poderosas movilizaciones de repudio por parte de la ciudadanía las que lograron agrietar la estructura.

Con la gente en la calle y expresando con toda claridad su repudio, quedo poco margen de maniobra. Aceptaron entonces la llegada de un grupo internacional de funcionarios para complementar las capacidades locales, y avanzar así en el desmantelamiento del aparato criminal estatal.

Ahí va, pues, a tientos la MACCIH. Tratando de construir su legitimidad en un ambiente hostil para las instituciones y con la política retacada de descrédito. Es un complicadísimo contexto en el que lo que menos necesitan es que la maltrecha clase política mexicana extienda su manto deslegitimador.

Y eso es, precisamente, de lo que acusan en Honduras a Jacobo Domínguez Gudini, un político veracruzano contundentemente vinculado al PRI y al propio Javier Duarte, exportado vía sus contactos en la OEA, en calidad de experto electoral.

En los últimos 2 años, por razones profesionales, he tenido la oportunidad de visitar varias veces Honduras. Lo mismo he entablado trato con expertos en temas de seguridad, diplomáticos, funcionarios gubernamentales, representantes de ONG’s, de la iglesia, líderes indígenas y comunitarios.

Pues bien. Contra Jacobo Domínguez, un grupo considerable de ellos endereza en privado durísimas, gravísimas acusaciones. En público, tal y como ha retomado la prensa hondureña, lo califican como un personaje obscuro, con nexos irregulares con los poderes de facto. Incluso lo llegan a señalar como parte de un plan para boicotear el éxito de la MACCIH.

Como es de suponer, un paso tan polémico en una misión de tanta importancia no es cosa de bajo perfil. Tanto en México -en la SRE- como en Washington -en la OEA-, tendrían que tomar bien el pulso de esta situación. La crítica contra Domínguez Gudini, está lejos de dejar indiferentes a los actores locales. Ha escalado considerablemente y está en las fronteras de convertirse en repudio.

Y ya sabemos que el repudio moviliza.

Están enojados, preocupados, decepcionados. Como me dijo un colega: “de México queremos ayuda, corrupción ya tenemos, no necesitamos que nos manden la suya”.

Miguel Pulido

Miguel Pulido es abogado. Ha sido director de Fundar, profesor en la Universidad Iberoamericana y visitante en la Universidad de Yale. Actualmente participa en Antifaz (www.antifaz.org.mx) un proyecto que busca abordar críticamente los asuntos públicos, las élites políticas y las dinámicas de poder.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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