(Mis) discos del mes: Mount Eerie, Vagabon, Roberto Fonseca y Sampha
Criaturas irresistibles. Introspectivos, viscerales, festivos, incluso una elegía... Todos tienen álbumes nuevos. Aquí los comentamos y compartimos sus enlaces. Además, agregamos nuestra playlist.

Por José David Cano

En su delicioso libro 31 canciones, Nick Hornby escribe: “Yo intento no creer en Dios, por supuesto, pero a veces en la música, en las canciones, pasan cosas que me dejan de piedra, me hacen pensarlo dos veces. Cuando las cosas suman más que la adición de sus partes, cuando los efectos conseguidos son inexplicables, los ateos como yo empiezan a entrar en terreno difícil”.

La cita me sirve ahora como preámbulo para este nueva entrega. No hay mucho que agregar aquí. Acaso, que ojalá disfruten (también) de estos discos.

El agónico y amoroso lamento de Mount Eerie

Mejor advierto desde ahora: A Crow Looked at Me, lo nuevo de Mount Eerie, es uno de los discos más hermosos y bellos —a su manera— en lo que va del año. Pero, también, es uno de los más profundos, dolorosos, desgarradores y descarnados no sólo de este 2017, sino en la historia de la música en las últimas décadas. No es exageración.

Mount Eerie - A Crow Looked at Me

En él, Phil Elverum, el músico estadounidense detrás de Mount Eerie, narra, describe —nos cuenta—, lo que han sido los meses más recientes en su vida, en la que vio a su esposa —Geneviève Castrée— ser mamá y luego ser diagnosticada de cáncer, fallecer, y de pronto verse a sí mismo como un hombre solo, viudo, y padre de una pequeña niña. Del verano de 2015 al de 2016, su vida sufrió una completa transformación.

Lo sé: la historia no es diferente a las miles que se viven en el mundo. Lo que la hace distinta, en este caso, es que Elverum abrió su corazón y —a través de su música— optó por mostrar al público el impacto de la tragedia prescindiendo de cualquier edulcorante. Porque la muerte se muestra aquí en una dimensión demasiado personal, demasiado directa, demasiado cruda.

Y hay una razón. En la única entrevista que ha dado para hablar del disco, Elverum contaba que comenzó a escribir y grabar de nuevo sólo dos meses más tarde de la muerte de su esposa —ella también músico y artista visual. En el pasado, las palabras por lo general llegaban en segundo lugar, pero esta vez escribió sin parar. Algunos de las letras provenían directamente de las notas que había garabateado para sí mismo entre citas en el hospital y los tratamientos de quimioterapia. Otras, en cambio, nacieron del dolor y la ausencia y la incertidumbre. Así escribió y grabó el disco el otoño pasado, en su casa, en la misma habitación donde murió su mujer y utilizando justamente los mismos instrumentos que ella tenía ahí.

El álbum resultante, A Crow Looked at Me, son 41 minutos de música elegíaca, una crónica detallada de su luto, un crudo y devastador relato cronológico de su vida. Aclaro: no se trata tanto de la enfermedad o de la muerte en sí, sino del estupor alucinante del dolor, ese estado en el que todo —ropa, cepillo de dientes, una puesta de sol— te recuerda al ausente. Phil mide el impacto de la muerte en lo trascendente, sí, pero especialmente en lo mundano. En cada canción habla de las distintas etapas del duelo: la aceptación y la negación, de la perplejidad de los primeros días, de los sueños truncados, del enfrentamiento con una vida que sigue, del rehacer las rutinas más básicas (ahora en soledad y con su hija), de las dificultades de relacionarse de nuevo con la gente, y, desde luego, el constante recuerdo de aquel momento fatídico.

Una niebla de pesadumbre invade estas 11 canciones agónicas, donde el músico raciona las notas de la guitarra y alterna entre el susurro, el recitado y el canto doliente. “Este nuevo disco es apenas música”, dijo Phil en la citada entrevista. “Sólo soy yo quien dice su nombre en voz alta, recordando su memoria.”

Un último detalle: empecé el comentario diciendo que A Crow Looked at Me es un álbum hermoso y bello a su manera. Y lo es: uno descubre la infinita capacidad de amar de Phil y la asombrosa facilidad que tiene para mostrárselo al mundo. Cierto: en él se habla de la ausencia y de la pérdida, pero respira amor en cada canción agónica, en cada estrofa y en cada sollozo; en cada lamento que surge de su voz rota.

Es, a grosso modo, una meditación a la memoria de su mujer; también, sobre lo que significa seguir viviendo… Para un álbum tan firmemente anclado por la muerte, A Crow Looked at Me está lleno de vida.

Publicado por P. W. Elverum & Sun, escuche A Crow Looked at Me vía YouTube.

O por Spotify. 

El rock intimista y visceral de Vagabon

En 1974, el entonces crítico musical Jon Landau publicó un artículo en The Real Paper donde escribió: «He visto el futuro del rock and roll, y su nombre es Bruce Springsteen».

Desde luego aquí no haremos una predicción semejante, un vaticinio de tal magnitud, pero sí diremos que Laetitia Tamko, la chica que está detrás del proyecto Vagabon, ya es parte de la pléyade que tiene en sus manos el futuro del rock and roll; sobre todo, si sigue editando discos tan audaces como ha sido su debut, Infinite Worlds.

Vagabon - Infinite worlds

El álbum es una de las sorpresas del año. Y no es para menos. Hablamos de un disco impresionante e inesperado, fresco y atrevido, imaginativo y de gran calidad, que sirve como documento de lo que puede logra aún el rock, particularmente el llamado indie.

Eso sí: el ascenso de Laetitia Tamko ha sido igualmente impresionante. Con sólo cuatro años en carretera, se ha ganado un inusitado prestigio entre el público que busca los sonidos emergentes.

Resumamos: junto con su familia, y siendo aún una adolescente, salió de Camerún rumbo a Nueva York. La música siempre estuvo presente, pero terminar la escuela de ingeniería era su prioridad (antes de que la música pudiera ser una posibilidad real). Finiquitado ese asunto, puso entonces manos a la obra. Empezó subiendo canciones en BandCamp, aprovechó las invitaciones que le hacían en el circuito de Brooklyn de bares, especialmente en Silent Barn, y así logró editar un EP en 2014, Persian Garden.

Algunas de las canciones que aparecen en Infinite Worlds empezaron, en ese EP, como bosquejos más ásperos y experimentales. Escuchando ahora ese trabajo anterior, está claro cuánto ha crecido Tamko.

Infinite Worlds conserva la frescura, la potencia, la energía del primer EP; empero, al final es un álbum más redondo, más maduro. Hay más: Tamko toca todos y cada uno de los instrumentos: la batería, bajo, los sintetizadores, y, desde luego, la guitarra (se desenvuelve bien con los punteos relajados, con los arpegios suaves, pero cuando toma impulso despliega un arsenal de distorsiones crudas y poderosas).

Luego está su voz, que sabe moldear y que es, al final, el ancla de todos estos nuevos temas.

En ese sentido, las rolas son casi incómodamente íntimas: canta sobre una relación fallida, el aislamiento, la búsqueda de un santuario. Pero, también, habla de encontrar el espacio ideal —ya sea físico, emocional, social— para desarrollarse como personas, para encontrar la confianza en uno mismo y poder seguir creciendo.

Así que son 28 minutos de música emocionante —en ocho canciones inclasificable—, en donde se cuela un rock intimista y visceral, baladas acústicas, hipnóticos collages electrónicos, brillante ráfagas de punk.

Guiada por un sonido más maduro,Vagabon parece emerger como una fuerza creadora inmutable, en un mundo musical donde todo lo demás se desmorona.

Publicado por Father/Daughter Records, puede escuchar Infinite Worlds vía Bandcamp.

También por Spotify. 

Roberto Fonseca y su viaje por la Cuba musical

Arrebatador. El nuevo material del músico cubano Roberto Fonseca es arrebatador (apasionante) (embriagador) (electrizante). Candela pura, pues.

Intitulado Abuc —simplemente es Cuba al revés—, en él Roberto narra una historia de ida y vuelta —o, más bien, su historia personal— por el grandioso y rico compendio de la música cubana, de ayer a hoy. Es un viaje a través de los sonidos y eras musicales que han marcado la isla.

Roberto Fonseca - Abuc_

Aclaremos: Roberto Fonseca es uno de los mas destacados pianistas cubanos en la actualidad. Nacido en 1975 en una familia de músicos, ya ha demostrado su (enorme) talento para fusionar una base de jazz con las diversas corrientes musicales presentes en Cuba.

Y no sólo eso. Fonseca está haciendo con la música de su patria lo que músicos estadounidenses, como Robert Glasper, están haciendo con el jazz: profundizar en las raíces de la música, y examinar las influencias que crearon la generación actual. Y todo ello sin nostalgia ni imitación simplista o banal.

El mejor ejemplo es este Abuc. En él, busca recorrer el amplio espectro musical cubano que incluye el mambo, el bolero, el chachachá, el jazz y también géneros de la época colonial como contrandanza. Después de todo, hablamos de un músico que está orgánicamente conectado a sus raíces.

Eso sí: no se olvida de los sonidos contemporáneos, ya sea agregando detallitos de funk o de afrobeat a algunos temas, ya sea construyendo canciones de hip hop o R&B. Como canta en “Velas y flores” —un rola en la que se describe—: “Soy el resultado de lo clásico con lo urbano”.

Y habría que creerle lo de lo urbano. Basta echar un oída a una canción como “Family”, con ese órgano delirante y apoteósico que nos remite al sonido más auténtico de las orquestas cubanas de los años cuarenta; la explosiva y potente sección de metales en “Afro Mambo”, ese frenético mambo que nos remite a la década de los cincuenta y al punto más alto de este género.

Se trata de 14 canciones que son tan distintas y diferentes —netamente
cubanas—, que hacen de este álbum inclasificable. Es un conjunto lleno de contrastes, pero en donde todo encaja perfectamente. Mucho ayudó, además, contar con músicos invitados de primer nivel: Eliades Ochoa, Trombone Shorty, Zé Luis Nascimento, Rafael Lay o Manuel ‘Guajiro’ Mirabal, entre otros.

También es significativo que el disco arranca y cierra con un tema del pianista estadounidense de jazz Ray Bryant, “Cubano chant”: primero en una versión llena de colores, al final a piano solo… Como si con ello Roberto quisiera tender un puente entre tradiciones musicales: el jazz gabacho y la música cubana (ambas cercanas desde hace varios, varios decenios).

Un último detalle: si algunos temas parecen extraídos de la historia, si evocan cierto tiempo, así fueron pensados y grabados, con la tecnología de audio de entonces… Según ha dicho el músico, éste era el efecto que estaba buscando.

Ni lo dude: por este disco de Roberto Fonseca pasa el pasado, presente y futuro de Cuba. ¡Sabor!…

Editado por Impulse!, puede escuchar Abuc vía YouTube.

También por Spotify.

La introspección musical de Sampha

Era uno de los discos más esperados del año, y ya está aquí. Y no, no ha decepcionado en lo absoluto. Por el contrario. El álbum debut de Sampha, Process, es muy bueno, verdaderamente recomendable.

Eso sí: mucho ha tenido que pasar el músico y cantante británico para llegar hasta aquí: pérdidas familiares, problemas de salud, decepciones amorosas, inseguridades, búsquedas internas.

Todo eso lo ha decantado a Process, lo cual ha dado como resultado un álbum íntimo, hermoso y dulce, con un estilo totalmente personal. En cierto modo, se siente como un disco conceptual en el que Sampha se redescubre a sí mismo.

Y es que el disco destila honestidad es cada una de sus canciones, en cada frase que canta. En él, Sampha muestra su lado más sensible al tratar las diferentes etapas por las que ha atravesado: desde la muerte de su padre y su madre a causa del cáncer, hasta el amor y la nostalgia.

Queda claro que aquel chico del sur de Londres que llamó la atención —hace casi ya una década— ha evolucionado, ha cambiado, ha crecido como artista y como persona. Recordemos: aun cuando es su debut, Sampha no es ningún improvisado: ya había publicado dos EP, Sudanza (2010) y Dual (2013), además de haber colaborado con gente como SBTRKT, Jessie Ware, Frank Ocean, Kanye West o Solange.

Musicalmente, Process es un abanico musical asombroso: las diez canciones que componen este disco están envueltas con elementos electrónicos, neosoul, y R&B contemporáneo/experimental.

Líricamente, Process gira en torno al miedo y la inseguridad (“Plastic 100º”), a la pérdida de un amor (“Take me inside”, “Timmy’s prayer”), a la soledad y la identidad (“What shouldn’t I be?’), a la redención por los errores y el tiempo malgastado (“Reverse faults”), a la rutina y la incomunicación en la familia (“Incomplete kisses”) y, desde luego, en torno al fallecimiento de su madre (“Kora sings”, “(No one knows me) Like the piano”); aunque tampoco rehuye de su propios fantasmas (“Blood on me”, ‘Under’). Todo esto, además, aderezado con esa voz totalmente milagrosa, capaz de conmover hasta límites insospechados.

Con este debut, Sampha ha dado un enorme paso en su ascensión al Olimpo de los grandes músicos contemporáneos.

Publicado por Young Turks, puede escuchar Process vía Spotify.

Tower of Song / Torre de la Canción (sesión 2)

En esta ocasión, nuestra lista de reproducciones, nuestra playlist, incluye temas de los más recientes trabajos de Kenny Garrett, de Michael Kiwanuka (por cierto, una pequeña obra maestra), y de Pink Floyd (quienes publicaron el año pasado un boxset de 27 discos, y luego un resumen de éste en un modesto álbum doble).

Asimismo, incluye canciones de los nuevos álbumes de The xx (quienes han dado un gran salto de calidad), de Imelda May (siempre talentosa), del inquieto Father John Misty (su disco es muy recomendable), de Thundercat (altamente adictivo), de la súper banda Hot 8 Brass Band (explosivo), y del pianista Tigran Hamasyan (un álbum regular).

Además, compartimos algunos tracks incluidos en discos de próxima aparición; están aquí Roger Waters (suena a fotocopia de Pink Floyd, aunque uno agradece que no siga traficando con la nostalgia), Chuck Berry (cuyo álbum ahora será ya póstumo), las volcánicas Girlpool, el adorado y controvertido Perfume Genius, los experimentados de Blondie, y Kamasi Washington, quien, tras publicar uno de los mejores discos de esta década —The Epic—, está de regreso con nueva música.

Escúchela por YouTube.

Escúchela por Spotify. 



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