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Triunfo de la opción Santa Lucía, refrendo del voto por la izquierda (Artículo)

  • Julio Moguel
29 Oct, 2018 17:59
Triunfo de la opción Santa Lucía, refrendo del voto por la izquierda (Artículo)
Cuartoscuro

Los planes de vuelo desde el Aeropuerto de Santa Lucía

Julio Moguel

I

El triunfo de la opción de Santa Lucía frente a la de Texcoco en la consulta realizada entre el 25 y 28 de octubre, con un 69.9 por ciento de aceptación, constituye en muchísimos sentidos un primer refrendo nacional de los resultados electorales del pasado 1 de julio, pues –¿alguien lo duda?– se trataba ahora de votar por “la opción aeroportuaria” de Andrés Manuel López Obrador frente a la “opción aeroportuaria” de Enrique Peña Nieto. Más aún si la “opción de Peña Nieto” representaba el punto condensado de todos los agravios (lo de Atenco, con su marca indeleble, pero sólo en su condición de ser la punta visible de una enorme madeja de bajezas y despojos), y el laboratorio más sofisticado y en vitrina de esa peculiar manera mexicana de llevar a sus extremos la versión neoliberal de nueva fase, alejada de toda norma de derecho y de derechos y de regulaciones ambientales y sociales, y sin una pizca, en el diseño, de manejos sustentables en la construcción presupuesta de futuros.
El triunfo de la opción de Santa Lucía tiene además la marca de un refrendo que señala, sin mayores sofisticaciones académicas, que el voto por AMLO y sus definiciones programáticas no fueron, en el pasado mes de julio, un hecho singular marcado por efectos de una determinada acción mercadotécnica, o un lance victorioso que entró por las fisuras dejadas por “errores” de campaña de los otros candidatos a la Presidencia. Refrendo que señala entonces, por lo demás, que el sufragio triunfador en este trance fue sin duda alguna un voto de los mexicanos por la izquierda.
El resultado de la encuesta sobre el tema aeroportuario toca sin duda uno de los puntos más sensibles del esquema hegemónico sobre el que venía navegando el amasiato entre determinados sectores de la clase empresarial y el poder político-económico de élite, representado éste, en la cúpula, por tecnócratas como el propio Peña Nieto, Meade o Videgaray (tecnocracia que empezó su verdadero reinado con Salinas de Gortari, pero sobre todo con Ernesto Zedillo), y encuentra algunas de sus derivaciones corrosivas más agudas en la desactivación o desestructuración del sistema de partidos (PRI, PAN, PRD, en su base) que entró en su etapa de agonía el pasado mes de julio.
Porque pone jaque y con anuncio de salida hacia la morgue al “proyecto líder” y de mayor valor monetario y emblemático que el referido amasiato cupular –y sus socios partidarios correspondientes– hubiera tenido jamás en el espacio-tiempo del México moderno, como enclave estratégico para los flujos de la globalidad y la reconversión de recursos naturales, suelo urbano, producciones físicas e inmuebles de la urbe en activos financieros volátiles, “glocales”, puestos a la disposición de los grandes apostadores monetarios de México y del planeta.

II

Que la bien ganada “opción Santa Lucia” lleva el sello de una apuesta hacia la izquierda, y hacia la reafirmación y profundización de un proyecto nacional de grandes vuelos transformadores, fue prácticamente establecido con suficiente claridad el viernes 26 de octubre, cuando López Obrador tomó el micrófono y se presentó en los medios para decir a los críticos de la consulta aeroportuaria que tendrían que “acostumbrarse” a la democracia participativa. “Porque vendrán más ejercicios de este tipo y se reformará la Constitución con el fin de que no haya límites en cuanto al uso del mecanismo”. (Aristegui Noticias, 26 de octubre de 2018).
Y abundó en el tema el presidente electo: “Qué bueno que estamos inaugurando esta etapa de consultas, y a mis adversarios les digo que se vayan acostumbrando, porque cada que sea necesario, cuando se amerite, va la consulta. Es más, vamos a reformar la Constitución para que no haya límites y los ciudadanos puedan solicitar, cuando haya un tema de interés público, que se haga una consulta […] No será la decisión de un puñado de potentados, de una minoría, sino la voluntad de todo un pueblo.”
El proceso vivido para el aterrizaje que se dio en Santa Lucía entra entonces como fórmula de Estado desde la que se avala o convalida la figura –hasta ahora prácticamente no mencionada por AMLO– de la democracia participativa. Democracia que no sólo enmarca los procesos de consulta ciudadana, sino los de “la consulta indígena” que se encuentra claramente delineada en el ordenamiento fino del artículo 6º del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, elemento que, desde la perspectiva planteada ahora por el presidente electo, tendrá que reafirmarse como ordenamiento de ley y como mecanismo sustantivo para crear una nueva relación entre gobierno y gente, entre Estado y sociedad.

III

Ya habrá oportunidad de revisar cómo pudiera quedar establecido el mecanismo de la consulta en general, y de la consulta indígena en particular, en la aprobación y modelación de megaproyectos perfilados tales como el del Tren Maya o el del Tren Interoceánico del Istmo. Pero quisiera aprovechar este breve espacio para retomar el tema de las implicaciones de la “opción Santa Lucía” en el gran reacomodo y realineamiento de fuerzas que se perfila en la presente coyuntura.
El NO al Nuevo Aeropuerto de Texcoco redefine los perfiles de “la alianza” entre un importante sector del gran capitalismo mexicano y extranjero con el gobierno encabezado por AMLO. Las confrontaciones y tensiones económicas aparecerán en lo inmediato –de hecho, tales confrontaciones y tensiones ya han cobrado curso desde antes del inicio del proceso de consulta–, y no menores ni pocos de los “poderes fácticos” abrirán –o profundizarán– una sostenida línea de fuego contra el nuevo gobierno. Como ya lo hizo la Coparmex cuando conoció los resultados de la consulta, considerando que ésta “no era legítima ni legal”, y que tampoco tenía “validez estadística”.
Pero el realineamiento popular en el cierre de filas con la figura de AMLO tendrá nuevas y mayores consistencias que las que quedaron proyectadas en el abultado triunfo electoral del pasado mes de julio. Realineamiento que tendrá sin duda que adquirir connotaciones más precisas, en una ingeniería político-sistémica que se arme desde abajo y desde arriba; y con la mayor rapidez posible, de cara a los peligros y retos que se anuncian. Gran tarea, estratégica, si el curso que finalmente se asuma sea, en efecto, el de “La 4ª Transformación de México”.