¿Funciona o no “Sembrando Vida”? (Artículo)
"No está claro qué pasará con las decenas de miles de jóvenes becarios que dependen del programa SV una vez que concluya el año", escribe Raúl Benet.
Foto: Ian Benet Rosas

Por Raúl Benet

Hace unos meses publiqué en este portal Aristegui Noticias una opinión sobre Sembrando Vida, en la que señalaba algunas virtudes, algunos riesgos y omisiones de ese programa emblemático del gobierno actual. Después de varios meses en los que se han instrumentado las actividades del programa, decidí hacer una nueva visita a los beneficiarios (los sembradores), a los jóvenes becarios, y a los técnicos del programa (los ‘binomios’). Visité también a algunos campesinos críticos al programa, todo esto para contrastar mis opiniones y predicciones de entonces con el desempeño real del programa hasta la fecha. Visité varias ‘comunidades de aprendizaje campesino’ y varias parcelas en el estado de Yucatán. Aquí expongo lo que he podido entender al respecto.

Controversia. Varios temas han resultado controvertidos con Sembrando Vida, y existen diversos señalamientos a la forma como se ha implementado el programa. Uno de los más sobresalientes es el cuestionamiento relativo a la entrega de recursos directamente a los beneficiarios a través de tarjetas bancarias (yo señalé mis reservas al respecto).

Dinero plástico. Por un lado se ha señalado que este mecanismo está desarticulando organizaciones sociales ancestrales, que está restando relevancia a las asambleas ejidales y a mecanismos organizativos tradicionales en las regiones en donde está operando el programa. Lo que yo pude constatar a este respecto, es que en la mayoría de los casos fue en las asambleas de los mismos ejidos donde decidieron participar (o no hacerlo), e incluso que algunas asambleas ejidales que no estaban funcionando retomaron su dinámica a partir de las convocatorias de SV. Muchos de quienes se quedaron fuera en la primera etapa, en los territorios donde opera el programa, fue más por motivos personales o por presiones de presidentes municipales priístas y otros detractores, que por haber sido marginados por el programa.

Foto: Ian Benet Rosas

Varios beneficiarios me compartieron un gran acuerdo y beneplácito por el hecho de recibir los recursos de manera directa, pues me señalaron que en el pasado había muchos filtros (los llamados moches): el presidente municipal, el comité ejidal, los ingenieros, los funcionarios medios y de los diversos niveles del programa, las organizaciones de varios tipos (y no solo las de corte prifascista), todos metían la mano en los magros recursos que llegaban tarde, mochos y condicionados. Con este nuevo mecanismo de tarjetas, el dinero está completo y a tiempo en manos del beneficiario y eso genera confianza y gusto entre ellos.

Por otro lado, y aun en el tema del pago por tarjeta, se ha señalado que los principales beneficiarios serían empresas como las de Salinas Pliego, amigo del régimen, y su Banco Azteca, pues este sería el único mecanismo para la dispersión de los recursos. Sin duda que los bancos, y no sólo el del susodicho Salinas Pliego, están muy interesados en el manejo de cuentas bancarias, sobre todo considerando en este caso que sus nuevos clientes bancarios son también potenciales deudores de las tiendas Elektra en las que se encuentran las sucursales del Banco Azteca. Esto sin duda es un riesgo importante que tiene que ser considerado y abordado de manera seria, urgente y transparente. Pude constatar que no es obligatorio para los beneficiarios el abrir sus cuentas con Azteca, pues hay otros bancos como Bansefi que están contribuyendo a la dispersión de los recursos, pero el abuso de los bancos sobre sus clientes ha sido generalizado a lo largo de décadas. Considero que el programa tiene que establecer mecanismos muy precisos para evitar los previsibles y acostumbrados abusos de los bancos, y por supuesto se debe evitar y transparentar el claro conflicto de interés que existe con la participación de Banco Azteca, tomando en cuenta la cercanía de Salinas Pliego con el presidente López Obrador.

Foto: Ian Benet Rosas

La mayoría de los beneficiarios han podido despejar sus dudas e incredulidad (y la mía) respecto a que les llegarían tarjetas bancarias donde recibirían cuatro mil quinientos pesos mensuales cada uno, más quinientos pesos para un fondo de ahorro, también en sus manos. Salvo algunas excepciones derivadas de problemas bancarios y documentación incompleta, la gran mayoría del cuarto de millón de personas que participan en el programa han recibido ya varias mensualidades directamente en su tarjeta. Algunos a quienes se les retrasó el pago recibieron finalmente cheques de 20 o 25 mil pesos. El entusiasmo de los sembradores y becarios se expresa en las labores colectivas, particularmente la construcción de viveros comunitarios y bio fábricas, además del avance en la plantación de árboles maderables en sus parcelas.

Organización social. Las asambleas y otras instancias de participación siguen teniendo lugar, pero ahora incluyen temas relacionados con los viveros y biofábricas, o con el acopio de árboles y semillas, y es de esperar que un poco más adelante estas asambleas aborden temas como el establecimiento y desarrollo de cooperativas para la producción, la transformación y la comercialización de los productos que se generen del proyecto y otras actividades directa e indirectamente asociadas.

En cuanto al riesgo de sustitución o desplazamiento de redes y organizaciones campesinas como resultado del pago individualizado, al menos en la Península el programa SV está logrando consolidar alianzas con cooperativas chicleras y forestales, como la Alianza Selva Maya y el Consorcio Chiclero, así como con sólidas organizaciones de representación campesina y forestal.

Sin duda en aquellas regiones donde existe una tradición de lucha y organización los campesinos no dejarán de abordar los temas relativos a la autonomía y a la defensa del territorio, sino que por el contrario, esta participación renovada en torno a la producción colectiva puede constituir una nueva fuente de cohesión social y comunitaria y un relevo generacional de la misma.

Foto: Ian Benet Rosas

De manera contraria a la idea de que el pago individualizado barrería con la organización, los campesinos están trabajando estrechamente en forma colectiva, de una manera que hasta hace poco era rarísima, casi impensable, salvo en ejidos forestales, donde el trabajo colectivo es más frecuente. Es posible ver a muchos jóvenes aprendiendo de los campesinos mayores el trabajo de campo, y compartiendo con ellos el uso de tecnologías y sistemas digitales, todos aportando lo que a cada quien le toca. Un grupo de jóvenes becarios estaba enseñando a unos campesinos mayores a utilizar un dron y un GPS, en labores tanto de documentación de las actividades como de ubicación de los materiales en el monte para la construcción de los viveros; por su parte, los jóvenes comentaron que estaban muy contentos de aprender a sembrar la tierra directamente de sus padres y otras personas mayores de la comunidad.

Sembrar con fuego. Otro de los cuestionamientos fuertes al programa es que la apertura de muchas de las parcelas para incorporarlas al programa se hizo y se sigue haciendo mediante la utilización del fuego para la preparación de los terrenos. Este también es un tema muy delicado. Es un hecho que el uso del fuego en la preparación de los terrenos agrícolas es generalizado en algunas regiones del país, y que es una causa importante en la propagación de incendios forestales. Esto no es privativo del programa Sembrando Vida, es una práctica campesina tradicional, ancestral y que en muchos casos contribuye a la viabilidad de los ecosistemas en donde se establecen las parcelas. Algunos de los grandes expertos en manejo integrado del fuego, como el Dr. Enrique Jardel de la Universidad de Guadalajara, el Dr. Diego Pérez Salicrup y el Dr. Omar Masera, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, entre otros, han llevado a cabo investigación y han desarrollado metodologías en las que demuestran que el uso del fuego en prácticas agrícolas y forestales puede resultar benéfico desde el punto de vista ambiental para determinados ecosistemas. Aun así, influidos por la sensibilidad del público general al respecto, los técnicos del programa parecen haber procurado que no se utilizara el fuego en la preparación de los predios, aunque es un hecho que no lograron a cabalidad ese objetivo. Eso no me parece tan grave, pues el manejo integrado del fuego en determinados ecosistemas y bajo determinadas prácticas es plenamente compatible con objetivos de conservación y restauración de los ecosistemas. Además muchos colegas que trabajan en los bosques y selvas sostienen que la mejor manera de conservar los bosques, e incluso incrementar sus acervos de carbono, es mediante el manejo activo del suelo y no mediante la inacción y la pasividad.

Sembrando vida y servicios ambientales. En cuanto a que se han derribado cafetales y otros sistemas productivos para poder entrar al programa y recibir los beneficios económicos, es posible que eso haya ocurrido en algunos casos, sobre todo en Veracruz, pero es un hecho que en algunas regiones del país el cultivo del café se ha visto severamente afectado por problemas como la roya y los bajos precios, además del grave daño que les provocan corporaciones como Nestlé y Starbucks; resulta natural que los campesinos busquen formas alternativas de enfrentar su situación y sus necesidades. Por otro lado, y pese a que al inicio del programa había mensajes contradictorios al respecto, resulta que cultivos como el café, el cacao, palmas camedoras y otros sí se han integrado en el esquema agroforestal de Sembrando Vida.

Foto: Ian Benet Rosas

También se ha señalado que los campesinos están optando por Sembrando Vida ante otros programas del gobierno como el pago por servicios ambientales que otorga la Conafor. Mientras el PSA puede pagar al ejido unos mil pesos por hectárea y por año a lo largo de cinco años, en el mejor de los casos, el programa Sembrando Vida otorga cinco mil pesos a cada productor cada mes, por dos hectáreas y media a lo largo de seis años, y no impide que otras superficies se mantengan bajo manejo forestal, o que entren al programa de Pago por Servicios Ambientales, o a programas de la Secretaría de Desarrollo Rural, entre otros. En un primer momento se había establecido que los beneficiarios del programa SV no podrían ser beneficiarios de otros programas, sin embargo esto se ha flexibilizado. En el caso de los ejidos que tienen manejo forestal o pago por servicios ambientales, por lo general los parajes en los que se llevan a cabo esas actividades y programas no coinciden con las parcelas agrícolas y terrenos aledaños a las poblaciones, que es principalmente donde se establece el programa SV.

Despojo de tierras. Una acusación bastante imaginativa y especulativa, propalada principalmente por gobiernos municipales priistas y sus organizaciones de corte antorchista, es que la intención oculta y perversa del gobierno actual es quedarse con los terrenos de los campesinos para entregarlos a las empresas privadas y a los mega proyectos, y que para tal fin les exigen a los campesinos sus títulos y otros documentos oficiales. No creo que valga mucho la pena considerar en serio ese argumento, salvo en la medida en que muestra los extremos del discurso de quienes se han visto desplazados en el manejo de los ‘apoyos’.

Sembrando votos. Otro tema interesante a considerar es el carácter clientelar-electoral del programa Sembrando Vida. Sería ingenuo sostener que las acciones de gobierno, sobre todo acciones masivas que implican dispersión de recursos para el campo, no tienen un componente de consolidación política en los territorios. Por supuesto que así es, pero considero que si los programas son efectivos (en caso de que lo fueran), y sus objetivos directos son benéficos para la población, es válido que se busque el voto. Después de todo un sistema democrático electoral debiera funcionar reconociendo las acciones exitosas y positivas, y no como había funcionado hasta hace poco, mediante la violencia, la coerción y la compra de credenciales y votos, y en donde el objetivo central no era propiciar el bienestar de las comunidades sino el manipular la voluntad de voto. Para mí la diferencia entre un programa asistencialista, clientelar y electorero, que reparte dinero a cuenta gotas y de manera políticamente condicionada, a través de organizaciones campesinas o instancias de gobierno, y un programa legítimo de bienestar para el campo, radica en la inversión sistemática y significativa a mediano y largo plazo para el establecimiento de cadenas de valor locales en manos de los campesinos, estrecho acompañamiento técnico para el desarrollo de capacidades y organización para la producción, arraigo de los jóvenes a la tierra, y pleno respeto a los derechos individuales y colectivos y al medio ambiente. Creo que ese es uno de los principales retos de Sembrando Vida, y no me parece justo denostarlo y juzgarlo a priori, aunque si me parece muy necesario establecer y fortalecer mecanismos expresos para poder alcanzar estos objetivos.

Usar o abandonar. Los predios que pude visitar, donde se llevaron a cabo trabajos de chapeo y remoción de vegetación tanto para el establecimiento de parcelas como de biofábricas y viveros, están rodeados por otros terrenos, en su mayoría sub utilizados e incluso abandonados, y no me cabe duda que el mejor destino para muchos de esos terrenos es un manejo cuidadoso y sistemático como el que se está llevando a cabo, sobre todo si se realiza de manera colectiva y con un sólido acompañamiento técnico.

Tal vez lo más sobresaliente de mi reciente incursión es haber constatado el inmenso entusiasmo que existe entre los beneficiarios del programa, tanto sembradores como jóvenes becarios del estado de Yucatán, así como la significativa oposición de varios gobiernos municipales priistas al programa.

Es emocionante llegar al predio destinado para las labores colectivas, y ver a decenas, cientos de campesinos organizados en grupos de trabajo y comisiones, coordinados por becarios y éstos a su vez por los técnicos, afanados en los trabajos en la tierra o trepados en estructuras de troncos instalando las sombras para los viveros, o construyendo los almácigos para la siembra de las semillas que han conseguido de diversas formas.

En pocos meses se ha avanzado en la construcción de cerca de diez mil de estas unidades de trabajo colectivo en los diferentes estados en donde opera el programa, cada una conformada por 25 sembradores, cuatro becarios, un técnico agrícola y otro para la organización social. Cada una de estas unidades requirió que la comunidad (la mayoría son ejidos) acordara destinar un terreno, que este terreno se preparara mediante chapeo y nivelación, que se hiciera acopio de una cantidad importante de varas y troncos para la construcción de los viveros, que se construyera la estructura y la cubierta, que se preparara la tierra que va en los almácigos. Ese es el nivel de avance que pude observar.

Frutales y maderables. Se ha señalado que los árboles no han llegado, y que no son de las especies o variedades más recomendables y se ha llegado al absurdo de asegurar que los árboles vienen todos de una sola empresa privada. En el diseño mismo del programa se visualizaba la necesidad de contar con entre 50 y 100 millones de árboles para la primera etapa que abarca más de 500 mil hectáreas el primer año y otras 500 mil para el segundo, para integrar entre cien y doscientos árboles por hectárea, lo que en una primera etapa de un proyecto agroforestal es un rango razonable. Se espera que una parte importante de esos árboles sean frutales, mas no hay una disponibilidad inmediata de esa cantidad. Sin embargo, en la primera etapa del programa, durante el primer año o dos, no está contemplado plantar la totalidad de los árboles frutales, sino que se comenzó por preparar los terrenos, establecer milpas, construir los viveros comunitarios y las biofábricas, y en paralelo producir (o en algunos casos comprar a diversos proveedores) los frutales necesarios, que podrían estar listos durante el segundo o tercer año del proyecto. Por ahora ha quedado excluida la plantación de cítricos, por problemas de plagas, y en todo caso tendrán que ser producidos y certificados por Senasica antes de ser plantados. Esto impone la necesidad de que Senacica desarrolle la capacidad de certificación de viveros comunitarios.

En cuanto a las especies de árboles forestales, la mayoría de quienes participan en el programa en el estado de Yucatán han comenzado por plantar cedros, caobas, ciricotes y otras especies que son consideradas como inversiones a largo plazo o para futuras generaciones, y también otras especies de más rápido crecimiento. Dado que el programa apenas comienza y los viveros campesinos aún no están operativos, muchos de esos arbolitos provienen de viveros militares, particularmente de uno muy grande ubicado en Carrillo Puerto, Quintana Roo. Pero es de esperar, por la cantidad de viveros comunitarios que se están estableciendo en la zona (cerca de mil), cada uno de los cuales tendrá la capacidad de producir más de cincuenta mil árboles forestales a partir del año próximo, que en un par de años se habrán plantado, tan sólo en la Península de Yucatán, unos cincuenta millones de árboles considerados forestales y producidos por las comunidades, y que formarán parte de agro ecosistemas diversos. Algunos campesinos mayores, y también algunos jóvenes, me manifestaron su orgullo por estar contribuyendo a mejorar el planeta con estas acciones.

Acciones afirmativas para la participación de las mujeres. Un asunto de particular importancia es la participación de mujeres en el programa. He leído declaraciones de funcionarios responsables del mismo, donde señalan que más de un treinta por ciento de las personas beneficiarias son mujeres. Eso no es así, al menos en el caso de Yucatán, donde en el mejor de los casos y siendo muy optimistas estará por el diez por ciento, aunque sí es muy notorio el liderazgo y el fuerte compromiso de las pocas mujeres que participan en el programa. Esta baja participación de mujeres ocurre principalmente por la gran inequidad de género que existe en los padrones ejidales, tomando en cuenta que prácticamente la totalidad del programa en Yucatán se instrumenta en tierras ejidales. Existe la posibilidad de acceder al programa mediante parcerías, o acuerdos entre productores individuales y el ejido, que podrían ser mujeres no ejidatarias, pero esa modalidad es sumamente marginal hasta la fecha. No pude identificar ninguna política de acción afirmativa que pudiera fomentar significativamente una mayor participación de mujeres. Considero fundamental que en nuevas etapas del programa esto sea considerado como un asunto prioritario. Es importante mencionar que en el caso de los jóvenes becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, sí existe una paridad de género.

Línea base y sistemas de monitoreo. Otro asunto que se ha resaltado es la ausencia de una línea base sólida y un sistema de monitoreo eficiente que permita evaluar los impactos ambientales del programa. En la primera etapa del programa ni siquiera se geo referenciaron los polígonos de las parcelas, sólo se levantaron datos puntuales. La ausencia de una línea base y de una delimitación precisa de los polígonos impide evaluar la contribución positiva o negativa del programa en términos de biodiversidad o de acervos de carbono. Algunos responsables del programa en Yucatán me comentaron que ya existen convenios con instancias como el Geocentro y otros, con quienes se están estableciendo sistemas de monitoreo, lo que considero muy acertado, aunque un poco tardío.

Hacia delante. Es claro que el programa se encuentra en una etapa muy positiva, donde casi todo va muy bien; sin embargo, es cuestionable pensar que esta situación de relativa bonanza y armonía se mantendrá sin cambios a lo largo del tiempo, sobre todo si el programa se instrumenta de manera acrítica y triunfalista, como parece estar ocurriendo. Creo que Sembrando Vida puede ser un buen programa, significativamente diferente a los programas para el campo que se han impuesto hasta ahora, pero para ese fin se deben tomar urgentemente acciones afirmativas efectivas que propicien la participación significativa de mujeres; debe procurarse un fortalecimiento de las capacidades técnicas y operativas del personal en campo y su apego a los lineamientos del programa; un mayor control de las prácticas para la selección y establecimiento de las parcelas para evitar el derribo de selva y el uso no adecuado del fuego; una coordinación muy estrecha con instancias como la Conabio, la Conafor, la Conamp y la Profepa, así como con la Sader; establecer convenios de colaboración con instituciones de investigación para abordar temas ambientales, sociales, económicos y financieros del programa; establecer mecanismos efectivos para impedir que los bancos y las instancias dispersoras de fondos se aprovechen indebidamente de los recursos del programa.

Futuro incierto para los becarios. Es necesario y urgente tomar en cuenta que los becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro sólo tienen un año de beca, y no está claro qué pasará con las decenas de miles de jóvenes que dependen del programa SV una vez que concluya el año, lo que está próximo a suceder. No olvidemos que el programa JCF pretende que los jóvenes desarrollen capacidades para ser contratados por las empresas, pero en este caso no se ve claro cómo es que esto pudiera ocurrir. Este esquema enfrentará un problema serio de desempleo y pérdida de las capacidades instaladas en un plazo prácticamente inmediato, lo cual es una pena sobre todo si tomamos en cuenta el gran entusiasmo y los grandes logros que están teniendo en el campo los becarios del programa.

Agradezco a las becarias, becarios y sembradores que amablemente me recibieron en sus parcelas y viveros, así como al equipo del programa en Yucatán, encabezado por Adrián Flores Eredia y Jorge Rodríguez Salazar. Y gracias por las fotos a Ian Benet Rosas.



Temas relacionados:
Medio Ambiente
Opinión





Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.