‘El gobierno mexicano no tiene dimensión del problema ambiental’: Luis Zambrano
El biólogo y académico de la UNAM propone cambiar nuestra forma de entender el medio ambiente en su libro ‘Planeta (In)sostenible’.
(Turner).

Por Héctor González

A estas alturas antes que pensar en cómo llegamos al dilema ambiental que enfrentamos, urge analizar cómo solucionar el problema. El biólogo y doctor en ecología por la UNAM, Luis Zambrano, propone redireccionar nuestra forma de entender la ciencia y el ecosistema. A través de su libro Planeta (In)sostenible (Turner), encontramos una reivindicación de los pequeños detalles como resortes de importantes cambios.

En tu libro sostienes que necesitamos replantear nuestra forma de pensar.

Sé que es difícil, pero necesitamos hacerlo. Hay que dejar de pensar que nosotros somos quienes controlamos la naturaleza. Debemos entender que es imposible predecir todo bajo una visión lineal de la ciencia. Muchas cosas son incontrolables.

¿Cómo cambiar esta idea de linealidad  científica?

A partir del Renacimiento y hasta hace apenas unas décadas la linealidad fue la columna de vertebral de la ciencia. Desde hace algunos años empezamos a descubrir y reconocer dinámicas caóticas, que son definidas como sistémicas. Lo que hacemos ahora tiene repercusiones a múltiples niveles. Tomar el carro en lugar de caminar tiene un impacto a nivel global. La comprensión de todo esto construye el pensamiento sistémico. Parametrizarlo y traducirlo en términos científicos es en lo que estamos trabajando ahora.

Defiendes la idea de que a partir de los pequeños detalles cotidianos se hacen grandes cambios.

Cuando las pequeñas cosas están bien concatenadas generan cambios radicales. Sin una buena articulación no sirve de nada. Para impactar en los mares no es suficiente con dejar de usar popotes. Necesitamos dejar de consumir plástico. Ahí si estaríamos hablando de un cambio radical.

¿Pero cómo conciliar medidas radicales con el desarrollo industrial y la economía? El plástico por ejemplo es más barato que otros materiales.

Necesitamos modificar nuestro grado de priorización. Al hablar casi de cualquier tema, incluyendo el ambiental, el factor económico es una de las primeras cosas a debate. Si seguimos pensando en la misma línea no veremos ningún cambio. El ecosistema es más importante que la economía.

¿Pedir esto no es demasiado idealista?

No, porque ya llegamos a un punto en el que debemos hacerlo. De seguir así, las grandes migraciones actuales no serán nada en comparación a las que veremos por el cambio climático o la crisis del agua. Entonces sí presenciaremos la ruina de la economía y de la vida de muchas personas. El gran reto es modificar la visión de las políticas públicas sin generar catástrofes económicas ni revoluciones sociales. Urge poner al ecosistema en primer plano, para entonces definir una nueva ruta.

¿Qué tan alejado está México de un escenario catastrofista en materia ambiental?

No estamos nada alejados. A nivel internacional, sobre todo en Europa y Estados Unidos ya se está dando. No obstante, cada vez hay más conciencia. Greta Thunberg, la niña sueca de 16 años es producto de esto. El problema en México es que no tenemos dimensión del problema. Se habla del sargazo como algo que nos afecta en términos económicos, pero no ambientales y si no se atiende puede acabar con el Caribe. Nuestro gobierno se limita decir ‘no pasa nada, se limpia y ya’. Así no se resuelven las cosas, hay que reconocer que es un problema serio y que no se resolverá en el corto plazo. Para atenderlo tenemos que pensar en todo el continente. Lo mismo sucede en Brasil. Ante el enorme incendio en la selva amazónica Bolsonaro no asume que es consecuencia de la desplantación y prefiere culpar a las ONG’s. Cuando confundimos los fenómenos de respuesta con cosas que no tienen nada que ver estamos en serios problemas.

Al hablar de los transgénicos tu cuestionamiento apunta a la forma en que se reparte el alimento en el mundo.

La lógica lineal de los transgénicos plantea la necesidad de tecnologizar la producción de alimento para abarcar más población. A partir de ahí podemos cuestionar si los químicos que usan son cancerígenos o generan cambios evolutivos de las plantas. La discusión que propongo es replantear la forma en que distribuimos el alimento. El planeta produce la comida que requiere toda la humanidad; de hecho, toda África necesita la cantidad de alimento equivalente a la que se desperdicia en Europa. Tenemos que pensar de manera sistémica, es decir, trabajar en una mejor distribución y generar formas de producción menos tecnificadas. Atrás de los transgénicos está la misma lógica que nos ha llevado a donde estamos ahora.

Cambiar este sistema de pensamiento implica una transformación en principio educativa, ¿no?

Ignoro si la Cuarta de Transformación tiene algún posicionamiento al respecto, pero lo cierto es que no veo este tipo de pensamiento en el horizonte del presidente. Las declaraciones de López Obrador me llevan a percibir una lógica extractivista setentera. Sus reacciones son las mismas que hemos visto a lo largo del tiempo. El programa Sembrando Vida a pesar de que tiene características interesantes obedece a una inercia setentera. No se pueden sustituir selvas con árboles frutales.

¿El Tren Maya?

Es un desatino impresionante, representa una visión contraria a la sustentabilidad. Me recuerda cuando López Portillo decidió que Cancún detonaría el turismo en el país. Una obra de estas dimensiones no mejorará las condiciones de las mayas porque está completamente alejada de sus costumbres. Sería más conveniente crear un proyecto acorde a una visión real y a sus necesidades.

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