‘En 1968 el presidente era un agente pagado de la CIA’ afirma Sergio Aguayo
El analista y académico invita a repensar el movimiento estudiantil en su nuevo libro.
(Redacción AN).

Acerca del movimiento estudiantil de 1968 no todo está dicho. Cincuenta años después aún se pueden descubrir  elementos de una historia todavía inconclusa. El académico y analista Sergio Aguayo aporta información que ratifica la injerencia y complicidad de la CIA con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

En su libro El 68. Los Estudiantes, el presidente y la CIA (Ediciones Proceso), detalla la presencia del organismo estadounidense en nuestro país y precisa la existencia del programa LITEMPO, conformado 14 agentes entre los que se encontraban el expresidente, Adolfo López Mateos, el entonces mandatario y su sucesor Luis Echeverría.

En entrevista, Aguayo propone revisar lo que fue el movimiento estudiantil, sin dejar de lado la presencia e influencia del gobierno estadounidense en México.

Su libro es una invitación a repensar el movimiento estudiantil de 1968.

Necesitamos repensarlo en todos los sentidos. Las ideas centrales del 68 eran menos violencia y más libertades. Tuvieron que pasar cincuenta años para que se abriera la posibilidad de un cambio de régimen político con todo y sus reglas. Necesitamos entender el medio siglo que ha pasado como una unidad para sacar una primera lección. Si fue una transición pacífica se debe al trabajo de infinidad de personas y al trabajo colectivo de varias generaciones de centro izquierda.

En su investigación aporta elementos sobre la intervención del gobierno estadounidense, en términos de su relación con las autoridades mexicanas.

Incluyo nuevas evidencias que nos obligan a repensar el papel que jugaron Estados Unidos, Cuba y la Unión Soviética. No podemos seguir evadiendo el peso del factor externo en la vida mexicana. En el caso concreto de la CIA, algunos analistas aseguran que su jefe, Winston Scott, era el segundo hombre más poderoso en México. Tenía acceso directo con el presidente de la república, al que no sólo asesoraba y brindaba información de inteligencia, también lo influyó para que afianzara su tesis de que el movimiento estudiantil era producto de una conspiración comunista. Desde esa perspectiva, argumento que debe revaluarse el papel de la CIA y atribuirle parte de la responsabilidad intelectual de la masacre del 2 de octubre.

Lo que contradice aquella tesis de que al interior de los estudiantes había, precisamente, agentes de la CIA.

Señalo en particular un aspecto de la realidad que se ha olvidado, algunas acciones cometidas por agentes extranjeros han tenido consecuencias concretas negativas en sectores de la sociedad. Necesitamos evaluar su responsabilidad por lo pronto histórica. Si pensamos que uno de los argumentos usados por el gobierno de Díaz Ordaz para desprestigiar al movimiento es que estaban infiltrados por la CIA, es un acto de justicia histórica poder demostrar lo contrario. Quien era un agente pagado de la CIA era el presidente de la república y algunos funcionarios más como Luis Echeverría, Fernando Gutiérrez Barrios, Miguel Nazar Haro, en total eran catorce quienes formaban parte del programa LITEMPO. Hay que reinterpretar la historia en el afán de esclarecer los hechos, pero sin dejar de pensar en lo que debemos hacer hacia futuro.

Concretamente, ¿respecto al 2 de octubre qué tipo de acciones se sugería desde la CIA?

Rescato algunos documentos extranjeros, pero carecemos de evidencia al interior de México. Por lo pronto y de lo que no tenemos duda es que el diagnóstico del movimiento estudiantil como instrumento del comunismo internacional era compartido por Winston Scott y Gustavo Díaz Ordaz. Hay evidencia de que el titular de la CIA respaldó la interpretación del presidente mexicano en el sentido de que los estudiantes habían disparado y que llevaban ametralladoras soviéticas. Por supuesto esto era falso, quienes llevaban armamento de alto poder eran los oficiales del Estado Mayor. La evidencia ahora es incontrovertible en ese sentido, pero de ninguna manera puede establecerse una conclusión porque nos falta información. Corresponderá a investigadores futuros establecer qué sucedió.

Aquellos archivos que podían aportar información de las partes mexicanas desaparecieron.

Los archivos fueron purgados. Me pregunto si Gutiérrez Barrios o Díaz Ordaz pusieron por escrito su relación con la CIA. No he encontrado en ningún archivo mexicano constate esa relación. El gobierno era leal a Estados Unidos, pero no querían que se supiera por eso la evidencia fue borrada. En las escasas memorias o entrevistas concedidas por ese grupo de personajes jamás hablan de esto.

¿A cincuenta años del 68 cuál fue es la narrativa más adecuada para entender el movimiento?

La narrativa que construyeron corresponsales extranjeros y periodistas e intelectuales mexicanos. Entre los extranjeros John Rodda de The Guardian, Paul Montgomery de The New York Times y Oriana Fallaci. Por el lado de mexicanos Julio Scherer, Carlos Fuentes, Octavio Paz y Carlos Monsiváis, son algunos de los muchos nombres que difundieron una versión alternativa a la oficial. Incluyo también a la revista ¿Por qué?, muy amarillista, pero ofreció una versión descarnada del relato que terminó triunfante. Y curiosamente el general Marcelino García Barragán, aportó información fundamental, así como Anne Goodpasture, la empleada de la CIA que resulta esencial para conocer le punto de vista de la agencia estadounidense. Es una construcción colectiva.

Con la perspectiva de cincuenta años, ¿cómo entiende el movimiento estudiantil?

Desde luego no fue un movimiento estructurado, pero su vitalidad, energía y trascendencia está en que nace de las entrañas de la sociedad. En media cuartilla expresó los sentimientos de una generación. A partir de ahí se desprenden todo tipo de movimientos inspirados en las exigencias de menos uso de la fuerza y más libertades por medio de la no violencia.

¿La participación de la CIA con el gobierno mexicano qué herencia dejó?

Como no se sabía no tuvo impacto aquí. En Estados Unidos llevó a una redefinición del papel del sistema político mexicano. En los primeros años posteriores al 68 podía invocarse a la CIA, pero nadie tenía la información disponible. Tampoco se sabía el grado de apoyo que recibió Díaz Ordaz de Cuba y la Unión Soviética. La historia se ha ido reconstruyendo poco a poco.

¿No se puede entender el resultado de las elecciones del 1 de julio sin el 68?

No, porque las reivindicaciones del movimiento y el método pacífico son el hilo conductor que conecta el 2 de octubre de 1968 con el 1 de julio de 2018.

Aunque la izquierda es diferente…

La izquierda ahora es tan variada como entonces. Es una multiplicidad corrientes y estados de ánimo muy diferenciados, pero que han ido evolucionando. En el 68 no había un partido que capturara esas corrientes, ahora Morena reúne varias vertientes de la izquierda.

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