opinión*
“Úteros en alquiler”, artículo de Lydia Cacho
Plan B por Lydia Cacho

La pregunta clave es sencilla: ¿cuántas mujeres burguesas o clase media alta rentan sus úteros para que alguien más tenga un hijo?

No se han documentado casos significativos de mujeres de clase media alta ilustradas, con economía y autonomía resueltas, que estén dispuesta a pasar por los cambios hormonales, físicos y emocionales del embarazo para luego entregar a la o el bebé a alguien más.

Seguramente sucede excepcionalmente en ámbitos familiares, pero no debido a una necesidad económica. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿quiénes promueven rentar úteros/vientres? Quienes pueden pagar al menos 30 mil dólares por ello. ¿Quiénes los rentan? Quienes necesitan el dinero.

“Los vientres alquilados no son solamente un regalo para los otros, sino un regalo para ti. Las madres portadoras de nuestro programa han utilizado la suma ofrecida $27,000 dólares, como premio para pagarse una casa o tomarse unas vacaciones”. Esto reza un anuncio de una empresa de vientres de alquiler en una publicidad norteamericana.

Ahora mismo se lleva a cabo un debate importante sobre los #VientresdeAlquiler y #StopSurrogacyNow (detengamos la maternidad subrogada ahora).

Quienes promueven la industria de los úteros/vientres de alquiler o gestación subrogada, utilizan los mismos argumentos que para promover la legalización de la prostitución o la industria del sexo comercial.

Bajo la premisa de que las mujeres son propietarias de su cuerpo y de su libertad y pueden elegir lo que les plazca, muchas (en su mayoría mujeres y hombres con una economía estable y afectos a la filosofía del libre mercado), promueven las leyes para liberalizar el mercado del cuerpo humano. Aseguran que lo que subyace detrás del movimiento mundial contra los vientres de alquiler es puro conservadurismo moralino. En la mayoría de los casos las voceras más notables del movimiento pro-gestación subrogada son también líderes en la defensa del aborto y están contra la violencia feminicida.

Cuando defienden el derecho al aborto argumentan que nadie tiene derecho decidir o legislar sobre nuestros cuerpos, lo mismo que en la defensa del trabajo sexual, argumentan que los intermediarios son parte de una decisión informada de las mujeres. Promueven así que se legisle la regulación de la renta de cuerpos de mujeres y a la industria que la opera. La tremenda desigualdad de género queda fuera del esquema.

Los intermediarios de la industria de úteros de alquiler son agencias de mercadotecnia, médicos y abogados, todos cobran un porcentaje para que se lleve  a cabo la transacción y el bebé quede con quienes pueden pagar por él. Cuando el esperma y el ovulo son de terceras personas se dice que la mujer es simplemente “la vasija” y no tiene incidencia genética en el producto. El  desgaste del proceso fisiológico del cuerpo de la mujer tiene un precio, lo mismo que su libertad de movimiento y de decisión durante los nueve meses.

La contraparte está compuesta también por feministas y defensoras de los derechos humanos. Nicole Muchnic dice que con la comercialización del cuerpo femenino todos los derechos fundamentales del ser humanos son escarnecidos: libre disposición del propio cuerpo, derecho a la integridad física y psíquica, al libre desarrollo de la personalidad, a la salud y a la vida. De un lado hay a una mujer o un hombre que paga y por el otro una mujer mercancía “cosificada”. Estas defensoras aseguran que las mujeres pobres son instrumentalizadas en beneficio de parejas ricas que consideran que es adecuado que el cuerpo humano y su producto – bebé- se venda. La filósofa argumenta que no se puede esgrimir el principio de libertad sin conjugarlo con otros principios del mismo rango como igualdad, dignidad e integridad física-emocional.

Hasta el momento el supuesto debate sobre la maternidad subrogada en México no es debate, sino monólogos encontrados. Utilizar un par de ejemplos individuales de mujeres libres y  con bienestar para generalizar es tramposo. Lo cierto es que en el mundo la gran mayoría de mujeres a quienes se alquila para gestar son pobres o con grandes carencias. Se debate si debe ser altruista (es decir, pedir a una mujer que se embarace por el bien de alguien más que no quiere adoptar a una o uno de los millones de huérfanos del mundo) o si debe ser mercantilizada.

El altruismo pone en riesgo el derecho de custodia de toda mujer gestante: abre la puerta a un vacío legal para manipularlo. La mercantilización abre la puerta a la regulación legal, pero también a la trata de personas. Los casos documentados de Nigeria, India, Nepal y Guatemala demuestran que miles de mujeres son utilizadas para gestar bebés que serán vendidos en el mercado negro. Tabasco, en México, reconoce sin regular las figuras de madre gestante, sustituta, subrogada y madre contratante, por tanto es un paraíso internacional de renta de úteros y explotación de mujeres jóvenes. El contexto de discriminación, social y económico en que se regula no puede ser excluido de esta discusión.

¿Legalizar evitaría la esclavitud? Con la prostitución se ha demostrado el fracaso de esa premisa en los contextos de incumplimiento de leyes e impunidad criminal. El debate sigue, los argumentos deben ser éticos, jurídicos, bioéticos, centrados en los derechos humanos y no en la filosofía de mercado y las necesidades de las personas ricas. Si te interesa este debate puedes conocer más de ambos lados en: Nosomosvasijas y en Gire.org.mx.

Lydia Cacho

Periodista, feminista y activista de derechos humanos de las mujeres.


*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.
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