‘A los niños los atrapa aquello que no es políticamente correcto’: Francisco Hinojosa
El escritor publica ‘El caso del insoportable niño aburrido José Rubencito y su odioso perro Hércules’.
(Secretaría de Cultura).

José Rubencito es un niño al que no lo divierte nada, los demás piensan que es aburrido. A partir de un curioso incidente en el Parque Central se desencadenará una excéntrica trama que los conducirá a él y a su perro Hércules de una patrulla a un juzgado y de un zoológico a un circo, en donde exhibirán sus extraordinarias habilidades. Vivirán sus aventuras acompañados de Suspiro, una escritora primeriza que los alentará con un único objetivo: conseguir la trama perfecta para su novela.

Sin perder un ápice de humor e ironía, Francisco Hinojosa publica junto con Mariana Villanueva en las ilustraciones, El caso del insoportable niño aburrido José Rubencito y su odioso perro Hércules (El Naranjo). Considerado uno de los autores infantiles más prolífico en nuestro país, el narrador reconoce que actualmente uno de sus mayores retos es presentar una realidad agradable a los menores.

¿Cómo se plantea un libro para niños?

Cada uno surge de distinta manera. Muchas veces parten de una idea. Puede ser migración o violencia. Otras ocasiones nacen a partir de un argumento. Incluso me ha sucedido que primero construyo personajes y después les invento una historia. Este libro tiene quince años desde que lo empecé, pero iba y venía constantemente.

¿De qué manera han cambiado los lectores infantiles? ¿Cómo seguir atrapándolos?

Preguntaría también ¿cómo ha cambiado nuestra concepción del niño? Antes se pensaba que un niño solamente podía leer sobre ciertos temas: castillos, princesas, hadas, animales. Hablarles de la diversidad sexual o de las desapariciones forzadas era inconcebible. Ahora sabemos, gracias a autores como Antonio o Javier Malpica, que no es una cuestión del tema sino del tratamiento. Hace treinta años no había tantos autores para niños, en cambio hoy tenemos una generación importante de escritores infantiles. Se ha profesionalizado el género.

¿Cómo explicarles a los niños la época actual?

Es un reto. No es fácil escribir acerca del presente de una manera agradable y que atrape al lector.

Aunque sus personajes siempre hay algo de malicia.

Sí, a los niños les atrapa y les gusta. Les llama la atención aquello que no es políticamente correcto. No les gusta que les des un mensaje por abajo del agua, lo ubican con facilidad. Se les puede incluso hablar de temas complicados como el secuestro, Antonio Ortuño tiene una estupenda novela juvenil llamada El rastro.

Entre La peor señora del mundo y El caso del insoportable niño aburrido José Rubencito y su odioso perro Hércules, hay treinta años de diferencia. ¿De qué manera ha cambiado su forma de dirigirse a los niños?

He cambiado mucho. Hay 36 años de diferencia, es otra época. Cuando terminé La peor señora del mundo pensé que nadie la iba a querer publicar. De hecho los primeros dictámenes en el Fondo de Cultura Económica fueron negativos. Al principio tuvo muchas críticas y estuvo prohibido por escuelas y padres, en cambio ahora la concepción del niño y de la literatura es otra.

¿Hay fórmulas para dirigirse a los menores?

El juego y el morbo es algo importante. Procuro construir un principio que jale y buscar un lenguaje sencillo. No recomiendo querer engañarlo con una moraleja escondida.

Hoy la extensión del libro ya no es obstáculo.

Claro, cuando la señora J. K. Rowling ofreció su primer libro de Harry Potter, varios editores lo rechazaron porque pensaban que un niño no leería semejante cantidad de páginas. Su saga nos enseñó que los niños son capaces de leer cualquier cosa si la historia lo atrapa.

 ¿Escribe los libros que le hubiera gustado leer de niño?

De niño no fui lector. Mi contacto con los libros comenzó a los dieciséis años, entonces sí de alguna manera me estoy contando las historias que me habría gustado conocer. Además tengo tres hijos y eso influye. Mi ingreso a la lectura fue por Crimen y castigo. Lo leí por azar y me impresionó tanto que me convertí en un lector de tiempo completo. A los dieciocho me planteé escribir poesía. Al género infantil llegué por editorial Novaro. Me pidieron adaptaciones de leyendas prehispánicas y de la Colonia. Les fue tan bien que me invitaron a una colección de cuentos infantiles. La condición era ubicarlos en una época específica de la historia de México. Mis primeros tres libros fueron por encargo, el cuarto ya fue más personal. Hasta ahora llevo más de treinta títulos infantiles.

¿En qué punto está ahora la literatura infantil mexicana?

Ahora vive un momento de ebullición, fácilmente tenemos ochenta autores infantiles, pero también ilustradores y editores. Me parece que la profesionalización de la literatura para niños llegó para quedarse.

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