“Todavía hay chicas que me dicen se atrevieron a denunciar a su agresor después de escuchar ‘Canción sin miedo’”: Vivir Quintana
La compositora coahuilense recupera sus viejos diarios y los publica en el libro ‘Sobre-vivir para la música’.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Desde pequeña Viviana Monserrat Quintana Rodríguez (Francisco I. Madero, Coahuila, 1985) ha tenido claro que lo suyo es la música. A los 18 años estudió en la Escuela Superior de Música y se trasladó a México para vivir una aventura que hoy la tiene colocada como una de las compositoras más destacadas de su generación.
Bajo el nombre de Vivir Quintana ha compuesto canciones que se han convertido en auténticos himnos de carga social, el más famoso es “Canción sin miedo”, tema adoptado como propio por cientos de feministas y que le valió el reconocimiento de colegas como Mon Laferte. A partir de entonces ha despuntado como artista al punto que se ha presentado en festivales como el Vive Latino y el South by Southwest, de Austin.
Ahora, la artista pone a su costado la música para mostrarse como narradora. La publicación de sus diarios Sobre-vivir para la música, publicados por Sexto Piso, nos revelan una faceta poco conocida de su proceso creativo y nos la descubren como una mujer convencida en los pequeños pero profundos cambios que se pueden promover desde el arte.
Hace poco publicaste tus diarios, al revisarlos ¿qué encontraste?, ¿qué balance haces de lo vivido?
Me di cuenta de que las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Al revisar los cuadernos con la editora descubrí que sentía mucha valentía y ganas de hacer cosas. No sé si ahora me siento tan igual. No sé si los años me han quitado esperanza. Creo que cuando escribí esos diarios era más utópica, me gustó reencontrarme así.
¿Qué te ha hecho más desconfiada o decepcionada?
No sé, siento que la Vivir de al principio estaba menos informada de lo que pasaba, te estoy hablando de 15 años atrás. Ahora que todo es más inmediato y me entero de más cosas, no solamente de lo que dicen los medios. Es cuestión de ver contexto para que la esperanza se rompa. Sigo creyendo que todos podemos empujar un cambio, sin embargo, ahora me siento más aterrizada. Ahora en lugar de pensar en cambiar al mundo, pienso en que hay que cambiar lo que cada uno tiene a su alcance y a partir de ahí conectar con más personas.
¿Sigues pensando que la música puede cambiar el estado de las cosas?
Sí, a veces la música logra cambiar conciencias desde lo no tangible. No sé si te ha pasado, pero a veces traes una canción que no te gusta pegada todo el tiempo. A mí me pasa y me desespero, pues bueno eso es lo que tiene la música. Se mete en el inconsciente y ahí se queda. Creo que la música logra pequeños cambios, por ejemplo, “Canción sin miedo” ya cumplió seis años y sigue vigente porque los feminicidios se mantienen. Una vez, en una firma de libros, una mujer con dos niñas se me acercó y me dijo: “tú eres la única artista adulta que dejo que escuchen mis hijas”. Todavía hay chicas que me dicen se atrevieron a denunciar a su agresor después de escuchar “Canción sin miedo”. Creo en esos pequeños cambios que pueden no ser tangibles, pero que existen.
¿Qué responsabilidad te hace sentir ese tipo de vivencias?
Siento una responsabilidad grande hacia el público y también hacia mí en términos de tratar de ser coherente. El mundo es tan diverso que es imposible ser cien por ciento coherente, pero al menos si en mis canciones hablo de que el amor es sano y de que existen otras formas de defender la vida, el amor o la libertad, intento irme por esa línea. No se vale hablar de igualdad y fomentar la precariedad laboral, como tampoco se trata de precarizar el arte. Nos ha pasado que nos invitan a cantar, pero gratis y no podemos hacerlo porque entonces cómo les pago a mis músicas.
Tu gran despegue llega en 2020 con “Canción sin miedo”, ¿qué tipo de cambio notaste a partir de entonces?
Muy grande, desde antes junto con amigas y amigos, estábamos haciendo canciones sobre la violencia. No diría que era música de protesta, pero sí con contenido social. “Canción sin miedo” coincidió con la marcha del 8M de 2020, que por cierto fue una de más grandes a nivel histórico. Una semana más tardé ya estábamos en pandemia y de inmediato comenzaron a darse a conocer más canciones que interpelaban al Estado, que hablaban de madres buscadoras y violencia de género. Por desgracia en México hay feminicidios todo el año, recién hubo varias desapariciones de estudiantes en Morelos, de modo que nuestra música se vuelve en el soundtrack de estos hechos y sirven de acompañamiento para las víctimas. Cada vez hay más canciones sobre estos temas y cantadas por mujeres. Imagínate, me nominaron al Grammy al Mejor Álbum de un Cantautor, así se llamaba la categoría a pesar de que ese año estuvimos nominadas puras mujeres, Natalia Lafourcade, Alex Zéguer, María Laura, Valeria Castro y yo. Me parece que es muy importante que se escuche la historia del universo, del mundo y de México desde la perspectiva de nosotras.
¿No te parece que la canción con un mensaje político explícito pierde vigencia pronto?
No es algo que me preocupe. Por desgracia “Canción sin miedo” lleva seis años super vigente, ojalá ya no tuviera que cantarla. Hay canciones de Víctor Jara y Violeta Parra que se hicieron hace cincuenta años y ahí siguen. Es verdad que cuando cantas canciones sociales o que hablan del contexto social, te metes en un lugar complicado, pero también creo que la música puede ser usada como herramienta de denuncia y acompañamiento. Es verdad que si decides hacerlo tu carrera se vuelve más arriesgada, lo más fácil es hacer canciones para bailar o cumbias que hablen de fiestas. En lo personal me parece que en un país donde el narcotráfico está a tope y donde da miedo salir por las noches, es importante usar la música para contar la realidad.
¿Te han cerrado puertas por cantar lo que cantas?
Una vez se acercó una marca de micrófonos muy importante y me dijo que quería patrocinarme, pero me pidieron que cantara canciones más amables. Por supuesto les dije que no, que prefería comprar el micro por mi cuenta. Ahora tengo la ventaja y el privilegio de estar firmada por una disquera que sabe de lo que hablo y canto.






