‘La música me importa más que todo, incluso más que la literatura’: Mariana Enriquez
La escritora argentina reúne sus crónicas sobre cementerios en el libro ‘Alguien camina sobre tu tumba’.
(Antílope).

Por Héctor González

Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) no es una mujer a la que den miedo los cementerios. Al contrario, le gusta observarlos y recorrerlos para descubrir las historias que ahí se encierran. Desde 1997 comenzó a escribir crónicas de aquellos que más le han llamado la atención sin importar que estén en Francia, Australia, Argentina, Estados Unidos o México.

Resultado de sus andanzas es Francois, un resto sustraído del cementerio de Montparnasse y que conserva en un altar personal, así como Alguien camina sobre tu tumba (Ediciones Antílope), libro que ya circula en México.  

De alguna manera este libro y afición a los cementerios inició en Staglieno, Italia en 1997. ¿Por qué tú interés por la muerte?

No creo que sea un interés por la muerte, increíblemente. Me gustan los cementerios. Las leyendas que circulan ahí; la arquitectura; las historias; cierto tabú o miedo que mantiene lejos a la gente. Me parecen lugares muy hermosos, de memoria y también de abandono, melancólicos, pero también vitales, el lugar donde vamos a recordar.

¿Qué tanto te preocupaste por acercarte a la literatura gótica para escribir estas crónicas?

Muy poco, creo que son crónicas de viaje con un estilo muy periodístico; recurro al gótico cuando escribo cierta literatura, pero no aquí. Son recorridos de flaneur llenos de observaciones y creo que no hay un clima especialmente oscuro, salvo, claro, por el tema. Pero no por el lenguaje.

¿Qué tipo de relación tienes con la muerte y los muertos?

Supongo que la misma que todo el mundo: me da miedo morir, me da miedo la muerte de los que quiero. No me impresionan demasiado los cuerpos ni los restos mortales, pero tampoco recolecto fotos de autopsias ni huesos.

Cada uno de los cementerios dice algo de la relación de una sociedad con la muerte. ¿Podrías establecer diferencias entre regiones?

No creo que sea tan tajante. Uno puede pensar que los cementerios europeos o de Estados Unidos son más fríos, pero eso es relativo: el cementerio Holt de Nueva Orleans, un cementerio para indigentes, está lleno de arte folk y popular, la gente cuida las tumbas con mucho cariño, hay una mezcla de colores y de estéticas muy abigarrada. En cambio, un cementerio como el Presbítero Maestro en Lima es puro mármol frío y solemnidad, un cementerio de la aristocracia. Y está vacío. Quizá si puede decirse que los latinos están más concurridos, pero tampoco lo afirmaría: en la mayoría de los casos, y en todas partes, con frecuencia yo era la única persona recorriendo el cementerio, además de algún que otro deudo. Tanto en Francia como en México.

La última crónica alude al tema de la dictadura en Argentina y probablemente tiene una resonancia que va desde México hasta Chile. ¿De alguna manera la realidad política media nuestra relación con la muerte?

En el caso de la Argentina en particular, creo que las tumbas con nombres y epitafios, las tumbas nombradas, tienen una resonancia política particular porque los muertos de la dictadura están desaparecidos, arrojados al mar o en fosas; entonces una tumba y en consecuencia un cementerio es un restablecimiento, un cese del pedido de Antígona de enterrar a los muertos, un lugar de consuelo y tranquilidad. No me gusta opinar sobre lo que sucede con los muertos de otros países con historias tan parecidas como diferentes, pero supongo que este es un rasgo común en América Latina.

En Savannah, ¿no tuviste ninguna experiencia con fantasmas? ¿Crees en ellos?

Ninguna. Sí creo en los fantasmas, pero nunca tuve oportunidad de sustentar mi creencia, más que con algún juego de la copa algo extraño.

¿En qué medida tus obsesiones guían tus inquietudes literarias? En Cuba o Australia, por ejemplo, la música se vuelve tan o más importante que el propio panteón.

Muchísimo. Creo que escribo literatura por las obsesiones que tengo con ciertos libros, discos, bandas, artistas en general. La música me importa más que todo, incluso más que la literatura, además. 

¿De los cementerios de los que hablas en cuál te gustaría terminar enterreada y con qué epitafio?

En el de la Recoleta en Buenos Aires con el epitafio “aquí hay solo polvo y huesos” -ése es el epitafio de un director de la sociedad protectora de animales que tiene allí una pirámide preciosa- o en el de Highgate en Londres, cerca de la tumba de Marx.

Una de las conclusiones que me deja tu libro, es la importancia del culto o el rito en ser humano, independientemente de la cultura. ¿Es necesario el rito? ¿Tú tienes alguno?

Sí, creo que los ritos son muy importantes. Mi rito personal es ir a recitales. Creo que la comunión de un show es una de nuestros rituales contemporáneos. Creo que el rito más potente al que asistí en el último tiempo fue un show de Nick Cave en Buenos Aires que excedió por mucho lo meramente artístico.

¿Sigue entre tus pendientes el cementerio de Osario de Sedlec en República Checa?

Sí. Estuve en Praga para un festival literario, pero el día que tenía libre llovió muchísimo y se hizo imposible. Sigue pendiente.

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