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Trump al borde de un ataque de nervios | Artículo de Carlos Gutiérrez

Con los números en su contra, el presidente estadounidense enfrenta la posibilidad de perder el control de las dos cámaras del Congreso, lo que tendría efectos globales. ¿Cómo gobernaría el magnate en ese caso? ¿Qué efectos tendría un resultado como ese en las presidencias MAGA de América Latina?

  • Redacción AN/ SBH
28 Oct, 2026 14:38
Trump al borde de un ataque de nervios | Artículo de Carlos Gutiérrez

Por Carlos Gutiérrez | CONNECTAS

El presidente Donald Trump muestra signos de estrés a medida que se acerca la elección intermedia del 3 de noviembre. Tanto es así que ya ofreció, a quien brinde información que demuestre fraude electoral, una recompensa de un millón de dólares, que se unen a los 5.000 dólares que prometió a cada estadounidense si los republicanos mantienen el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Ello porque, como apuntan las encuestas, los resultados podrían no favorecer a su partido ni a su proyecto presidencial.

En la jornada electoral estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los cien del Senado y múltiples autoridades estatales, gobernadores y fiscales generales. Pero la mayor tensión está en el Congreso federal, ante la alta posibilidad de que los demócratas alcancen la mayoría absoluta, lo que permitiría devolver a los congresistas su papel de contrapeso, debilitado durante el segundo mandato presidencial de Trump.

A pesar de las expectativas hay que tener en cuenta, como recomienda Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de Washington Office on Latin America (WOLA), que tradicionalmente las elecciones de medio mandato no suelen favorecer al partido del presidente. Perder la mayoría legislativa tampoco implica, por sí mismo, la derrota del Poder Ejecutivo. Pero en el caso de Trump ese escenario pondría en crisis su forma de ejercer el poder. Durante este segundo mandato, dice Jiménez, “vemos a un Trump muy envalentonado, incluso dentro de su propio grupo”, con una concentración extraordinaria de atribuciones y una reducción de contrapesos institucionales.

Las cifras indican que el presidente vive un escenario de rechazo, porque de acuerdo con Mitofsky, entre 60% y 68% de los estadounidenses considera que el país avanza en la dirección equivocada. La firma de encuestas sitúa su índice de aprobación en 35,3%, frente a una desaprobación de 61,6%.

Entre la población hispana la caída es mayor, ya que el índice de aceptación se ubica en 27%.

Como explica Ernesto Castañeda, director del Laboratorio sobre la Inmigración y el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos en American University en Washington, D.C., “Trump se ha vuelto tóxico a donde va. Cuando fue a Texas, el apoyo al candidato republicano para el Senado y para la gobernatura bajó en lugar de aumentar”, sostiene. Y las afectaciones alcanzan al propio movimiento MAGA.

Y como este no es cualquier sucesor de George Washington, no resulta difícil hacerse serios interrogantes, en nuestro caso para la región: ¿cómo reaccionará un Trump ya herido en su ego por la derrota de Flávio Bolsonaro en Brasil? ¿Cómo será su política hacia una Latinoamérica cuyo dominio estadounidense quedó en veremos?

Trump y América Latina

Una derrota republicana podría impactar a los países donde los gobiernos de derecha han mostrado afinidad con el liderazgo de Trump, como Argentina, El Salvador, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Colombia.

Mariana Aparicio, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México, considera que una pérdida de capacidad política interna llevaría a Trump a compensarla con una mayor presencia internacional. Eso pondría a América Latina en la mira de estrategias contra supuestas amenazas para la seguridad nacional y la convertiría aún más en el escenario de su disputa con China. Y, en todo caso, “la política migratoria, la seguridad, el fentanilo y el comercio van a seguir siendo cruciales en nuestra región”, ahonda Aparicio

Venezuela plantea otra de las mayores preguntas. El país sudamericano es el modelo de la política intervencionista de Trump, que desde la captura de Maduro ejerce una influencia casi neocolonialista sobre la presidencia interina de Delcy Rodríguez. Tanto, que celebró acuerdos que le otorgan a Washington amplios derechos económicos y de supervisión sobre su riqueza petrolera.

El discurso triunfalista de Trump en América Latina podría cambiar ante la nueva presidencia de Lula en Brasil y el regreso de la Premio Nobel María Corina Machado a Venezuela. El presidente brasileño, cuya victoria celebró con fuerza su colega mexicana Claudia Sheinbaum, declaró en su campaña que su país no es el patio trasero de nadie. La huida del candidato Bolsonaro pareció confirmar un escenario que Trump no había previsto. Y en Caracas, la dirigente opositora pareció contraponerse a la política trumpista con la frase “¡Venezuela será libre!”, publicada por su organización al anunciar su llegada a suelo venezolano.

Por el otro lado, una derrota republicana en ambas cámaras del Congreso podría significar que los demócratas ejerzan más vigilancia sobre los regímenes autoritarios en su respeto por los derechos humanos. En particular gobiernos como el de Nayib Bukele quedarían claramente en el foco de posibles investigaciones. Y no se descarta que un acuerdo tan opaco como el celebrado con Venezuela también entre en el portafolio.

Contrapeso necesario

Pero el Legislativo solo podría ejercer a fondo su capacidad de control si los demócratas logran reunir apoyos suficientes, incluidos los de republicanos moderados. Mariano Aguirre Ernst, investigador senior del Barcelona Centre for Internacional Affairs, cree que de lograrlo, la oposición podría bloquear ciertas iniciativas ejecutivas, obstaculizar nombramientos de altos cargos e impulsar investigaciones sobre el presidente, su familia y empresarios por presuntos actos de corrupción, tráfico de influencias, enriquecimiento personal o evasión fiscal. En política exterior, el Congreso podría ejercer presión sobre decisiones relacionadas con Irán o con la ayuda militar a Ucrania. Mientras tanto, la posibilidad de un nuevo juicio político al presidente es incierta e incluso improbable, coinciden los especialistas entrevistados.

Pero Trump es Trump, y por eso Castañeda piensa que no aceptará automáticamente el resultado y mucho menos cambiará su programa de gobierno. “No creo que sea tan sencillo. No es ni tan demócrata ni tan racional”. El precedente de las elecciones de 2020 y el ataque de sus simpatizantes en el Capitolio sustentan esas inquietudes.

La elección de noviembre pone, así, al presidente estadounidense en un dilema que rebasa la posibilidad de perder las mayorías legislativas. La derrota reduciría su capacidad para gobernar y abriría investigaciones sobre su administración. Ese escenario también pondría en una encrucijada a quienes aspiran a sucederlo en 2028, como el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. “Si se distancian de Trump, este les acusará de traidores, pero si se mantienen fieles al líder pueden ser arrastrados en su caída”, apunta Aguirre Ernst.


Esos comicios no solo decidirán quién controlará el Congreso, sino hasta dónde podrá llegar Trump con un ejercicio del poder hoy fuertemente cuestionado por la ciudadanía. Si los republicanos pierden terreno, la Casa Blanca se morderá las uñas frente a un Congreso dispuesto a no seguir los postulados políticos ni los caprichos del presidente. ¿Qué tanto afectaría a los gobiernos MAGA de América Latina que su mentor pierda parte de su poder? ¿Podrían descubrir de un momento a otro que se montaron en un proyecto que comienza a mostrar indicios de debilidad?

 

 

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