‘Irresponsable dar una respuesta moral sobre la realidad’: Gael García Bernal
El actor y director estrena el filme ‘Chicuarotes’.
(Cinépolis).

Por Héctor González

A los nativos de San Gregorio Atlapulco, Xochimilco se les llama chicuarotes. Conocido no solo porque sus chinampas sino también por su marginación, el pueblo de poco más de veinticuatro mil habitantes es el lugar donde ocurre Chicuarotes, la nueva película de Gael García Bernal.

El filme cuyo estreno tuvo lugar en el Festival Internacional de Cannes y en el Baja California Internacional Film Festival llega a las salas nacionales. En su segunda entrega como director, García Bernal cuenta la historia de Cagaleras (Benny Emmanuel) y El Moloteco (Gabriel Carbajal), dos jóvenes que, al sentirse sin opciones para salir de un entorno de opresivo, encuentran en el crimen una puerta de salida.

¿Qué le debe Chicuarotes a Amores perros?

Hay alusiones indirectas y consecuencia de interpretaciones posteriores. Las similitudes tienen que ver con los cánones de una narrativa de personas que buscan salir de su situación. Creo que en un momento todos hemos tenido una noción de escape por sentir que no estamos en el lugar correcto. Es difícil entender que la narrativa del “arca de Noé” es medio tonta y que es preferible la idea de la colmena, es decir trabajar por hacer de nuestro lugar un paraíso. Amores perros habla de esto y lo hace dentro de un paisaje que no se había visto en el cine mexicano. Sucede lo mismo en Chicuarotes, la misma palabra es juguetona e interesante a la vez que desconocida. Me gustaría que se insertara al lenguaje común en México como lo hicieron “caifanes” o “charolastra”. Apenas ahora platicando contigo descubro otros puentes menos evidentes: ambos mostramos nuevos actores; las dos películas comienzan en negros y con el sonido de un motor. Quizá sea una historia paralela a Amores perros, aunque creo que ésta tiene más humor.

¿No crees que la permanente inocencia de los personajes le resta verosimilitud a la historia?

Mi intención era mostrar cómo van perdiendo la inocencia poco a poco. Finalmente actúan en torno a estas narrativas impuestas y heredadas. El secuestro de un niño como opción para salir adelante es una narrativa impuesta. Es muy loco que como sociedad lleguemos al punto donde esto es plausible.

¿Por eso les resulta tan fácil delinquir?

Esto es producto del nivel de impunidad que se vive en México. Los pequeños cuestionamientos morales del hermano se desvanecen cuando ‘Cagaleras’ le dice “si me agarran”, es decir, asume que nunca lo van a atrapar. La película navega por las aguas de lo que ya está establecido. Los personajes viven sus actos, pero sin responsabilizarse ni asumir las consecuencias. La única responsable es ‘Sugehili’, quien de pronto decide rebelarse a su entorno y decidir por ella misma, en ella reposa el sentido esperanzador de la película.

En Chicuarotes son, de hecho, las mujeres las únicas que se rebelan a su circunstancia. Sucede algo parecido con la madre de Cagaleras…

La historia de la madre de ‘Cagaleras’, es real. La descubrimos en San Gregorio y nos pareció muy fuerte: una mujer violentada por su marido que un buen día decide poner un alto. El personaje de ‘Sugehili’ en cambio, creció muchísimo durante el rodaje. Nos parecía importante arrojar luz dentro de una atmósfera desesperanzadora.

Un tema aleatorio es el de las comunidades que toman la justicia por su propia mano.

La justicia por mano propia representa una de las derrotas más graves que hemos sufrido como sociedad. Cuando vi la película Cartel land, de Matthew Heineman me dolió mucho ver los niveles a los que hemos llegados. Estamos en una especie de guerra civil. El derecho se creó para regular la sociedad e impartir justicia, y cuando no hay espacio para eso, caemos en niveles de linchamiento donde gana quien grita más fuerte.

¿Tu faceta de director qué tanto le debe a la de actor?

Siempre me remito a las personas con quienes he trabajado, es algo natural. Una de las fortunas de ser actor es que te permite estar en diferentes sets, con distintos directores y puntos de vista. Quizá ese es un punto a nuestro favor. Los directores ya no vuelven a estar en sets de otras personas y nosotros sí. Podemos redescubrir narrativas y semióticas diferentes. Creo que el cine se aprende sobre la marcha. Me parece que si quieres dedicarte a este oficio es más útil estudiar historia, literatura o derecho.

La película al final no deja un mensaje propiamente esperanzador. ¿Esta es tu percepción del país?

Si el mensaje final es desesperanzador se debe a que es reflejo del momento que vivimos. Estamos atestiguando el desencanto juvenil y eso es fuerte y doloroso. Necesitaba ser fiel a eso y no naif. Sin embargo, creo que quien puede reflejar la esperanza latente y aportar una solución es ‘Sugehili’. Si afrontamos lo que nos está pasando de forma responsable, con todas sus aristas y sin escatimar su complejidad entonces podremos encontrar una narrativa que nos llevará a otro lugar y a la posibilidad de mejorar este lugar. Me parece irresponsable dar una respuesta moral sobre la realidad.

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