opinión*
“Muerte: la nueva marca país”
Alegatos por Miguel Pulido

Hoy se mueren los que antes no se morían, me dijo una vez Titillo, el dueño de unos antojitos en la Mixtequilla, Veracruz. Agregó: los campesinos morían viejos y enfermos. Hoy mueren jóvenes y sanos tratando de cruzar la frontera, otros porque están en el narco, ahora mueren los soldados o hasta los que van pasando por ahí.

En México la muerte tiene prisa y está por todas partes. A pesar de ello, hace unas semanas -en el Foro Económico Mundial- el presidente Peña Nieto declaró que “los problemas de criminalidad los tienen todos los países del mundo, incluso los más desarrollados”, que “México ha venido siendo muy estigmatizado por el tema de la inseguridad” y aseguró que en “nuestro territorio regiones que vivían violencia hoy tienen un escenario muy diferente”.

Una declaración como esta, además de mentirosa y desinformada, es peligrosa. Presenta como normal lo que no lo es. Hablando de crimen, el Presidente debería saber (mínimamente) que en México, el 12.8% de las personas informaron haber sido víctimas de un asalto durante los últimos 12 meses (el promedio de la OCDE es 3.9%). Los secuestros están en tasas históricamente altas, en algunos periodos alcanzando hasta 5.6 por día en promedio (según datos oficiales) y las violaciones sexuales presentan fluctuaciones, pero no un decrecimiento en términos de tendencia. Pero puede ser que el Presidente tenga un diccionario propio y que ahí “criminalidad” o “desarrollado” signiquen otra cosa.

A propósito de “los más desarrollados” según la información más reciente de la OCDE, la tasa de homicidios en México es de 23.4, cifra mucho mayor que el promedio (4.0) y la más alta de entre los países que pertenecen a dicha organización. México tiene 10 de las 50 ciudades más violentas del mundo y es 15 veces más probable morir asesinado en ellas (en Acapulco, por ejemplo) que prácticamente en cualquier ciudad de Chile o Uruguay. Ya no digamos frente a ciudades de Europa.

¿Qué tipo de criminalidad pensará el Presidente que tenemos en México? En un gran reportaje, Saúl Hernández de El Universal, con datos oficiales mostró el drama de los adolescentes asesinados: aquí hay más que en países en guerra, como Irak y Sudán. En 10 años pasamos de tener 9.9 homicidios de niños de entre 15 y 17 años a 26.5 por cada 100,000 habitantes. La violencia con la que suceden los asesinatos de niños en México también es escalofriante, 6 de cada 10 fueron asesinados por armas de fuego y presumiblemente activadas por otros niños. De hecho, en Hidden in Plain Sight: A Statistical Analysis of Violence Against Children, la Unicef no nos compara ni de lejos con los países más desarrollados. Lo hace con países como Togo, Myanmar o Mozambique y nos incluye en la lista de los 10 países que aportan la mitad de los asesinatos de niños en el mundo junto con Congo, Venezuela y Pakistán, entre otros.

¿Estigmatizados? Hace unos días, Arturo Ángel (en Animal Político) recuperó las cifras más relevantes del estudio “Carga Global de la Violencia Armada 2015. Cada cuerpo cuenta”. En seis años más de mil 900 mujeres y niñas fueron asesinadas de forma violenta en México. Si tenemos en cuenta los asesinatos cometidos con disparos de armas, estamos entre los peores 10 países del mundo. Y no. No son los dichos de “estigmatizadores”, se trata de una iniciativa diplomática creada en 2006 por el PNUD y Suiza, que actualmente cuenta con el respaldo de 113 países.

En México la muerte tiene su propia geografía. Aristegui Noticias publicó, con datos del International Institute for Strategic Studies, que el 70% de la violencia en México se distribuye en 10 estados situados a lo largo de las principales rutas de tráfico de drogas a Estados Unidos. También tiene su propia capital: Chilapa, Guerrero, una pequeña ciudad que está entre las 20 ciudades más violentas del mundo. Este año, de continuar la tendencia, Chilapa podría alcanzar la alarmante cifra de 100 muertes por 100,000 habitantes. No más de 5 ciudades en el mundo tienen esa tasa.

Como dice Alejandro Hope: algo nos pasó y perdimos a la primera generación del milenio que apuntaba a ser la más pacífica de la historia de México. Un brutal cambio de tendencia logró que entre 2007 y 2011 los asesinatos se triplicaran. La violencia criminal se volvió más descabellada y más salvaje. Tan aterrorizante como repugnable. De 2011 (año con el punto más alto de violencia) a la fecha la cosa no ha mejorado demasiado. En su artículo Death Valley: Why drug violence is not in decline, Hope señala que, según cifras oficiales, en los últimos dos meses los homicidios dejaron de disminuir y que incrementaron 14% frente a los números de julio de 2014.

Después de una década de reinar, la muerte lo salpica todo. Han sido asesinados 45 presidentes municipales en menos de 8 años (12 en los últimos 2), centenares de migrantes han sido masacrados y se han encontrado miles de fosas clandestinas, México es el país con más asesinatos de periodistas de las Américas y uno de los 3 más peligrosos del mundo, en estas campañas han asesinado a 3 candidatos en menos de 2 meses y recientemente el crimen organizado ha ejecutado en trágicas emboscadas a efectivos de la fuerza pública. Por obvias razones, la prensa internacional llama la atención sobre esos hechos. También cuestionan el abuso de la fuerza letal y señalan los costos de diluir las líneas de comportamiento entre criminales y el Estado en casos como Apatzingán o Tlatlaya y recientemente Tanhuato. Por eso la muerte se ha convertido en la marca país. Nos estigmatizan, diría el Presidente.

Miguel Pulido

Miguel Pulido es abogado. Ha sido director de Fundar, profesor en la Universidad Iberoamericana y visitante en la Universidad de Yale. Actualmente participa en Antifaz (www.antifaz.org.mx) un proyecto que busca abordar críticamente los asuntos públicos, las élites políticas y las dinámicas de poder.


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