Críticas a favor y contra Emilio Azcárraga por su festejo en el Azteca
En un cartón del monero José Hernández, publicado en La Jornada, y columnas de Ciro Gómez Leyva y Álvaro Cueva, publicadas en el diario Milenio, retomaron el festejo del dueño de Televisa por el triunfo de sus águilas.
(Foto: Cartón del Monero Hernández)

Diferentes medios de comunicación trataron el festejo del dueño de Televisa, Emilio Azcárraga, el cual criticaron o respaldaron.

En medios como Milenio, contrastan las opiniones de Álvaro Cueva  y Ciro Gómez Leyva.

Mientras tanto, en La Jornada, José Hernández publicó un cartón, el cual se reproduce en esta nota.

Se reproduce, primero, un fragmento de la columna de Cueva publicada en Milenio Diario:

“Azcárraga sin camisa”

Todo iba muy bien el domingo pasado con la final del torneo de Clausura de la Liga MX.

Fabulosa la victoria del América. Todo era enorme, magnífico hasta que vimos a Emilio Azcárraga, presidente de Grupo Televisa, haciendo desfiguros, con el torso desnudo, en el Estadio Azteca.

¿Por qué le voy a escribir de esto si yo soy crítico de televisión?

Porque independientemente de cualquier otra lectura, éste es un asunto de televisión, de la pantalla, de lo que se debe y de lo que no se debe hacer.

¿Qué fue lo que vimos esa noche, en vivo, en El Canal de las Estrellas?

Mucha fiesta, mucha producción, la pantalla dividida en cuadros y súbitamente, sin que nadie se lo esperara, la voz narradora de esa transmisión nos dice, como si fuera una gracia, que Emilio Azcárraga, enfatizando su posición como dueño del América, estaba celebrando sin camisa en el estadio.

¿Por qué lo dijo? ¿Por qué lo dijo en ese tono? ¿Por qué lo dijo dando todos esos antecedentes? ¿Quién se lo pidió? Ni siquiera estábamos viendo eso. ¿Cómo?

A los pocos segundos de esto, como que una cámara fue y buscó al señor Azcárraga.

¿Y con qué nos encontramos? Con una turba, rarísima, que se acercaba desde la cancha hacia las gradas donde estaba una de las porras, encabezada por un único individuo descamisado y aventando playeras. Era él.

Nadie más estaba con el torso desnudo, nadie más estaba arrojando ropa. En eso, como que otras cámaras lo alcanzan y lo centran justo cuando empieza a hacer reverencias y ademanes de un agradecimiento desmedido, insólito.

Cualquier productor en su sano juicio hubiera cortado. Los responsables de esa cobertura especial no mandaron a un reportero a interceptar al empresario y a preguntarle lo obvio.

La bronca fue que a esa imagen, nada afortunada, se le sumaron la dicción y unas respuestas peores.

Por ahí, a las quinientas, alguien le pasó una camiseta a don Emilio él se la puso e insistió en un punto: “ódiame más”, la leyenda de triunfo del América.

Por supuesto, la reacción en las redes sociales no se hizo esperar y a Azcárraga lo pusieron como lazo de marrano comparando su físico con el de cualquier cantidad de personajes y acusándolo de estar borracho, entre muchas otras barbaridades.

Mire, Emilio Azcárraga Jean está en su derecho de comportarse, vestirse, desvestirse y celebrar lo que quiera, como cualquier persona de cualquier rincón del mundo.

Igual, puede ir a un estadio, a un concierto o a un antro y hacer lo que se le antoje, como usted o como yo.

La bronca es que las imágenes que vimos no fueron las de un cazador furtivo que lo pescó en la cubierta de su yate, sino las de una transmisión nacional.

Y, peor tantito, él no andaba ahí como cualquier fanático de cualquier equipo andaba de dueño, y tan andaba que su gente, en lugar de evitar encontrárselo, lo buscó, lo encontró y le dio presentación de gala. ¡Eso es lo que no se puede!

¿Por qué? No, no es porque don Emilio se vea fino o vulgar, o por toda la avalancha de cuestiones que se dijeron en Internet.

Es porque el señor, en ese momento, estaba representando algo.

¿Qué? A un equipo, a una marca, a un conglomerado de empresas, a accionistas, socios, anunciantes y a miles de empleados.

¿A cuántos otros líderes, de ese nivel, usted ha visto en circunstancias similares? ¿Qué pasaría si algún otro personaje, de esa altura, hubiera hecho algo parecido?

Por donde quiera que se analice, el mensaje es tremendo y la euforia no es justificante de nada. Y esto que estoy diciendo no tiene nada que ver con preferencias personales, empresariales o deportivas.

Es comunicación corporativa, imagen pública y por supuesto que repercute en lo que a usted y a mí nos interesa que son los contenidos.

¿Cómo aspiramos a limpiar las pantallas de Televisa de ciertos proyectos y de ciertos personajes si su cabeza se muestra ante el mundo tal y como millones de personas lo vimos esa noche? (continúa la columna)

Por su parte, José Hernández publicó el siguiente cartón en la página 9 del periódico La Jornada y también en su blog:

28Gesto humanitario

Se reproduce a continuación un fragmento de la columna del periodista Ciro Gómez Leyva publicada en Milenio Diario:

“Los descamisados de Azcárraga y el ‘rating’ de la gran final”

Desde niño he ido al estadio, a mundiales, juegos de la Champions, canchas sudamericanas, 20 o 30 liguillas mexicanas, y no recuerdo algo como el Azteca del domingo. Tanta gente gritando y cantando y sintiendo en paz tanto tiempo. En las zonas de lujo y las populares, el Azteca fue una gloria.

Un veterano político, crítico de Televisa, conmovido por el ambiente en la grada, me dijo al medio tiempo: “Qué pena por Emilio, no se merece esta derrota”.

Hablaba honestamente de futbol. No merecía perder el dueño de un equipo que juega con la garra y disciplina con que jugó el América. Y que tiene esos aficionados, futbolistas, director técnico, director deportivo.

Por eso es tan chocante la “condena” del círculo rojo a las fotos de Emilio Azcárraga celebrando el triunfo sin camisa, como un hincha que ama a su equipo.

Dudo que entre los críticos haya muchos que vivieron in situ el Azteca de la final. El futbol es un juego donde se sufre y goza en serio. Quien no entienda eso, no entiende nada… (continúa la columna).



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