Naturaleza AristeguiNaturaleza Aristegui

Revivir al Río Colorado: Utilizan abejas y agua para restaurar el delta que unía a Estados Unidos con México

El Río Colorado, que alguna vez transitó con libertad entre Estados Unidos y México, vivió una transformación devastadora cuando las aguas del río dejaron de llegar al mar.

  • Redacción AN / GER
28 Jan, 2026 10:06
Naturaleza Aristegui
Revivir al Río Colorado: Utilizan abejas y agua para restaurar el delta que unía a Estados Unidos con México
Imagen principal: Amelia Chan Díaz (derecha), su hermana Gabriela y su compañera Francisca Zavala Hernández realizando manejo de colmenas. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

Por Astrid Arellano
Mongabay

El Río Colorado era caudaloso. Amelia Chan Díaz lo recuerda imponente, rodeado de sauces y álamos, cruzando la frontera entre Estados Unidos y México. De él conserva muchos recuerdos, como aquella vez que el afluente llevaba tanta agua que sus corrientes hicieron tambalear y derribaron el puente que permitía cruzarlo entre las ciudades de Mexicali y San Luis Río Colorado. Ocurrió en la década de 1980, cuando Amelia era una niña y el río formaba parte de la vida cotidiana del pueblo indígena cucapá, del que es originaria. En sus aguas pescaba lisas, carpas y bagres junto a sus hermanos, sus primos y su madre. Apenas una década más tarde, del lado mexicano, el río dejó de correr.

“Primero nos dijeron que iba a subir mucho el agua y que harían un bordo de contención. Aunque el agua sí subió, no fue mucho. Pero después, poco a poco, fue bajando el flujo. Para pescar ya no era lo mismo, teníamos que ir más adentro”, recuerda Chan Díaz, artesana originaria del ejido Pozas de Arvizu, una pequeña localidad cucapá del municipio de San Luis Río Colorado, al extremo noroeste de Sonora, México.

Vista aérea del delta del Río Colorado. Se aprecia su ramificación en el desierto. Foto: cortesía Pete McBride / Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

Vista aérea del delta del Río Colorado. Se aprecia su ramificación en el desierto. Foto: cortesía Pete McBride / Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

La transformación no fue inmediata, sino gradual. La comunidad comenzó a notar que el río perdía fuerza. Los cucapá, un pueblo indígena binacional con presencia en ambos lados de la frontera, recibían noticias de sus familiares que viajaban desde Arizona: se hablaba de presas río arriba, de compuertas que se cerraban, de flujos desviados y del agua que dejaría de llegar al lado mexicano. Al principio, eran rumores. En los años 90, la sospecha se volvió certeza: “Poco a poco el agua ya no era la misma acá. Entre 1992 y 1993, ya no había agua”, afirma Chan Díaz.

Pero ese fue solo uno de los episodios de un proceso que había comenzado décadas antes. A lo largo del siglo XX, la construcción de presas y obras hidroagrícolas, junto con acuerdos binacionales para la distribución del agua, el crecimiento poblacional y el impacto creciente de la sequía transformaron el delta del Río Colorado —con millones de años de historia— en un paisaje completamente árido. Perdió, además, su conexión con el mar.

La presa Morelos se construyó en 1950 sobre el río Colorado, tras un tratado de 1944 entre Estados Unidos y México. Es el punto de entrega de la cuota de agua establecida para México. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

“Cuando se hace la división del río, quedan tres grandes ausentes: México, los pueblos originarios y el medio ambiente. A ellos se les excluyó y el río, poco a poco, se empezó a convertir en un desierto, el más seco que te imagines”, dice Aída Navarro, coordinadora de la Alianza Revive el Río Colorado. “A partir de los años 80, la región del delta comenzó a estudiarse prácticamente como un caso de un ecosistema muerto”, agrega.

Hubo, sin embargo, años excepcionales. La necesidad de liberar flujos extraordinarios desde las presas provocó episodios de abundancia momentánea, como aquel que Amelia Chan Díaz recuerda, cuando las corrientes derribaron el puente. Fue entonces cuando científicos, conservacionistas y habitantes de la región advirtieron que, incluso con pequeñas cantidades de agua, el ecosistema respondía. “Aun con poquita agua, el delta tenía una resiliencia increíble y reverdecía”, afirma Navarro.

El agua regresa al lecho del río en 2014, tras la liberación histórica y controlada del Flujo Pulso, que salió desde la Presa Morelos logrando reconectar el río con el Golfo de California por primera vez en casi dos décadas. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

Esa constatación abrió la puerta a nuevas preguntas. A partir de la década de los 2000 comenzaron gestiones binacionales bajo una premisa sencilla: “¿Qué pasa si le destinamos un poquito de agua al medio ambiente?”, sostiene Navarro.

México y Estados Unidos comenzaron a destinar volúmenes específicos de agua para la naturaleza, lo que impulsó proyectos de restauración, la creación de humedales y nuevas alianzas binacionales. A estas primeras iniciativas se sumaron organizaciones, académicos, gobiernos, comunidades locales y los cucapá, en un esfuerzo por restaurar el río que durante generaciones sostuvo la vida de su pueblo.

Amelia Díaz Chan, artesana cucapá de Pozas de Arvizu. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

Una alianza para revivir el río

En 2012 y 2017 se firmaron las Actas 319 y 323, acuerdos binacionales que primero establecieron y luego ampliaron medidas para el manejo y la asignación de agua con fines de restauración ambiental. También, acciones frente a la sequía y mecanismos de colaboración para mejorar su salud ecológica. El delta del Río Colorado dejó de ser solo un símbolo de pérdida para convertirse en un laboratorio vivo de cooperación y resiliencia ecológica.

“El Acta 319 fue como un experimento de cinco años para decir: ‘Okay, vamos a hacer, por primera vez en la historia de dos países que comparten un río, un acuerdo binacional para destinar agua para el medio ambiente’. Fue una cuestión sin precedentes: parecía imposible traer agua al río y, sin embargo, se logró”, agrega Navarro.

Caballos al amanecer en un humedal del Río Colorado. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

En ese transcurrir nació la Alianza Revive el Río Colorado, una colaboración entre seis organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos y México: Pronatura Noroeste, Restauremos el Colorado, The Nature Conservancy, National Audubon Society, Sonoran Institute y The Redford Center. Su objetivo es reactivar el Delta del Río Colorado mediante iniciativas para la restauración ambiental que beneficien tanto a las comunidades humanas como a la vida silvestre del delta.

Observación de aves como parte del programa de educación ambiental de la Alianza Revive el Río Colorado. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongbay Latam

Colaboradores de Restauremos El Colorado realizando producción de plantas nativas en viveros de El Chaussé. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

“Hace 20 años, ni de broma se tenía la posibilidad como sociedad civil de tener un asiento en la mesa con los tomadores de decisiones”, explica Navarro. “Generalmente, un tratado o un acta de este tipo se gestiona entre los gobiernos y el hecho de que se haya abierto la puerta para que la sociedad civil entrara a asesorar, opinar y recomendar es un acto sin precedentes. Han sido muchísimos años de ir generando información científica y técnica, pero también confianza”.

En la actualidad, la región del delta del Río Colorado es un ecosistema esencial que incluye humedales, marismas y zonas áridas, cuyo hábitat es crítico para numerosas especies y representa el sustento para las comunidades locales del valle de Mexicali, en Baja California, y San Luis Río Colorado, en Sonora, que enfrentan serios retos de sequía, impulsados por la sobreasignación de recursos hídricos y el cambio climático.

Mapache del desierto de Colorado (Procyon lotor pallidus). Foto: cortesía J. Salazar / Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

En este contexto, la Alianza Revive el Río Colorado trabaja en proyectos de restauración en sitios clave como Miguel Alemán, Janitzio, Chaussé, Laguna Grande, Vado Cebollero y Don Parna. A la fecha, se han restaurado más de 500 hectáreas de bosques y se han sembrado un millón de árboles nativos.

Vista aérea del Río Colorado durante su proceso de restauración. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

“¿Qué ha implicado desde el punto de vista técnico? Imagina que llegas a un terreno completamente degradado, un desierto; pelón para donde voltees. El reto es convertir eso en un bosque”, describe Navarro. “Hay que hacer estudios técnicos, el diseño de un área de restauración, identificar cómo va a fluir el agua a través de estudios hidrológicos, además de estudios de vegetación, hacer monitoreos para establecer una línea de base para saber cómo están las aves y las especies en el día cero”, detalla.

Retirar especies invasoras, plantar, regar, hacer gestión en el terreno y realizar mediciones de cada paso dado vienen después. “Todo para que, en 10 o 15 años, tengas un bosque en donde hay álamos de diez metros de altura, donde hay muchísimas aves, con un microclima con una temperatura más baja y a donde han vuelto especies como castores y linces”.

Los monitoreos realizados por las organizaciones que integran la alianza confirman que la vida ha regresado. Hasta ahora se han registrado más de 250 especies de aves y 12 de mamíferos, además de 14 especies de reptiles y anfibios. En cuanto a la flora, se han identificado 12 especies forestales y más de 50 especies de herbáceas y arbustos nativos. Según los datos de la organización Restauremos El Colorado, solo en una fracción de 100 hectáreas del corredor ecológico, se encuentran al menos 10 especies enlistadas en alguna de las cuatro categorías de riesgo establecidas por la normativa NOM-059 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de México y una está protegida por la Endangered Species Act de Estados Unidos.

Los cucapá y las comunidades de los valles de Mexicali y San Luis Río Colorado han sido parte del proceso de restauración desde sus primeros pasos, entre finales de los años 90 e inicios de la década de 2000. Sin embargo, su participación se volvió más constante y organizada a partir de 2016, con acercamientos directos y continuos encabezados por Pronatura Noroeste.

Monjita americana (Himantopus mexicanus) en la Ciénega de Santa Clara. Foto: cortesía Osvel Hinojosa / Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

“Participé en una reforestación en la Mesa Arenosa de San Luis, en el humedal Cucapá —que se alimenta de aguas residuales—, con Pronatura Noroeste, y me pareció muy importante”, cuenta Amelia Chan Díaz. “Uno lo ve de lejos y dice: ‘Ah, pues sí, ya están grandes los árboles’. Pero no nos damos cuenta del trabajo que hay detrás: el del vivero y el de quienes limpian y podan de sol a sol. Es admirable el trabajo de todas esas personas en cada una de las áreas de restauración”

Entre las diversas iniciativas que han surgido con los años, una de las más recientes tiene a Amelia Chan Díaz al frente.

Siembra de árboles en el sitio de restauración Miguel Alemán. Foto: cortesía Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

Abejas para la vida

La casa de la madre de Amelia Díaz Chan estaba rodeada de abejas. Unas siete colmenas, distribuidas entre el jardín y el patio, llenaban el ambiente de zumbidos. “Eran parte de la familia”, dice Chan Díaz. “Salías de la casa y te topabas con las abejas, estaban en todos lados; a mi mamá le gustaban mucho”, recuerda.

Uno de sus tíos era quien extraía la miel. Lo hacía “de manera rústica” —dice Chan Díaz—, utilizando estiércol de vaca para producir humo. Hoy, junto a su hermana Gabriela y su compañero Ángel Pesado Majaquez, también integrante de la comunidad cucapá, ha aprendido nuevas formas de ahumar: utilizan hojas de plantas nativas como cachanilla, eucalipto y salvia, de manera controlada y menos agresiva, para calmar a las abejas durante la inspección de las colmenas y extracción de la miel, reducir el estrés de la colonia y evitar dañarlas.

Amelia Chan Díaz (derecha), su hermana Gabriela y su compañera Francisca Zavala Hernández realizando manejo de colmenas. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

Esa es una de las técnicas que aprendieron a inicios de 2025, cuando participaron en un taller de apicultura impartido por la organización Restauremos El Colorado. En el área de restauración de El Chaussé instalaron un apiario que ha ido creciendo lentamente, ubicado en un sector con casi 100 hectáreas restauradas.

“Las abejas, como sabemos, son constructoras y polinizadoras, tienen una labor súper importante en los sitios de restauración”, dice Antonio Ángel Benavent, director de Restauremos El Colorado. “Entonces, estamos asegurando que haya una población de abejas ahí, porque la misma vegetación que nosotros estamos fomentando da flor, que es alimento para las abejas”.

Colaboradores del taller de apicultura realizando prácticas de campo. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

A la fecha, cuentan con siete colmenas cuyas abejas polinizan las flores de mezquite (Prosopis glandulosa) y palo verde (Parkinsonia aculeata), árboles nativos del desierto que también crecen en el sitio.

“En marzo, cuando las abejas empiezan a pecorear las flores, obtenemos una miel con un sabor muy diferente a la que venden en las tiendas; esta es orgánica”, describe Chan Díaz. Junto con sus compañeros, ha aprendido a tratar a las abejas de manera respetuosa y a realizar todo el proceso de manejo apícola: desde la extracción de la miel y el mantenimiento de las colmenas, hasta la prevención de enfermedades, el uso de equipo de protección y seguridad personal, y el envasado de los productos.

Colaboradores del taller de apicultura revisando el estado de las colmenas. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

“El taller fue paso a paso”, explica. “Empezamos por reconocer qué tipo de abejas hay, cómo se conforma una colmena y cuáles son sus partes, cómo identificar a la reina y a las abejas que salen a pecorear. Luego pasamos al reconocimiento de las flores y la vegetación, y a entender cuándo florece cada una”.

En ese terreno, Amelia Chan Díaz tiene amplia experiencia. Años atrás encabezó un proceso de identificación de plantas medicinales y flora nativa de importancia para el pueblo cucapá, con el objetivo de crear un libro en su lengua. El proyecto quedó en pausa cuando ella y sus compañeras decidieron atender una urgencia mayor: dar clases de revitalización lingüística a las infancias cucapá. La lengua se encuentra en peligro crítico de desaparecer, con poco más de una veintena de hablantes nativos en Sonora y algunos más en Baja California y Estados Unidos.

Extracción y envasado de miel orgánica del Río Colorado. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

Hoy, ese conocimiento sigue vivo de otra forma. Chan Díaz lleva a niñas y niños cucapá al sitio de restauración de El Chaussé para enseñarles a reconocer la vegetación del lugar y las plantas medicinales, y para transmitirles, al mismo tiempo, la lengua y la memoria de su pueblo.

“Para nosotros esto es importante porque los hablantes somos muy pocos”, explica. “Lo que nos importa es que los niños aprendan la lengua, que sepan quiénes son y de dónde vienen; que conozcan las plantas, cómo nos alimentábamos y cómo nos curábamos cuando no había doctores. Nuestra lengua está en un riesgo muy alto de desaparecer porque todos los hablantes tenemos más de 40 años. Yo les digo: ‘Si se secó el río, ¿ni modo que nosotros no nos vayamos a ir de aquí?’”.

Amelia Chan Díaz revisando el estado de la colmena. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

Restaurar para la esperanza

El objetivo inmediato del proyecto de apicultura es continuar con los talleres y aumentar a 40 el número de colmenas. Sin embargo, no se trata solo de impulsar una iniciativa productiva del sector apícola, sino de recuperar en las comunidades una forma de vida ligada al bosque ribereño y a los sitios de restauración ecológica, para que se asuman como sus guardianas a lo largo del corredor del delta del Río Colorado.

“Está comprobado que no podemos tener una restauración exitosa si no se involucra a las comunidades y a los actores clave desde el inicio de los proyectos. No son complementos, sino parte fundamental”, explica Daniela Sagastume, coordinadora de proyectos de restauración en Restauramos el Colorado. “Los conocimientos y saberes ancestrales del pueblo cucapá —y también de las comunidades aledañas— se consideran desde el diseño de estos proyectos porque lo que se busca es volver a conectar a la naturaleza con las personas”.

Grupo del primer taller de apicultura en 2025. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

Las abejas, añade Sagastume, cumplen un papel central en ese proceso: como polinizadoras, facilitan la reproducción de numerosas especies vegetales y contribuyen tanto a la recuperación del ecosistema como al fortalecimiento de las actividades productivas locales.

Amelia Chan Díaz tiene claro el papel de las abejas en el equilibrio del planeta. Para ella, no se trata solo de insectos, sino de seres que sostienen la vida. “Son las que le dan vida a la vegetación, a la naturaleza, al polinizar”, explica. “Para nosotros, como pueblo cucapá, son muy importantes porque siempre hemos consumido miel, tanto para remedios como para endulzar bebidas tradicionales”.

Las abejas del Río Colorado se alimentan de las flores de mezquite y palo verde, árboles nativos del desierto. Foto: cortesía Restauremos El Colorado para Mongabay Latam

En ese trabajo silencioso, dice, las abejas sostienen mucho más de lo que se alcanza a ver. “Las abejas tienen su trabajo y es muy duro: polinizar las plantas para dar vida a la naturaleza. Ellas llevan y traen. Por lo general no lo vemos, pero están trabajando para que las plantas florezcan y tengan más vida. Para dar vida a los demás”.

Esa idea de dar vida atraviesa también su manera de pensar el río. Amelia Chan Díaz sabe que su deseo puede parecer ambicioso. No habla de volver al pasado, ni de recuperar el río tal como era antes. “A lo mejor es mucho pedir, pero sí me gustaría que el flujo de agua del Colorado llegue hasta el mar”, dice. “Esperamos que en algún momento se pueda dar”.
Para ella, ese regreso del agua significaría volver a habitar el río. “Eso serviría mucho para todos, no nada más para la comunidad cucapá, sino para toda la gente que vivimos en el valle de Mexicali y en el valle de San Luis, para poder estar otra vez con el entorno del río Colorado, con esa misma vegetación que sí había antes”.

El río en su camino para unirse con el mar en el Golfo de California, en 2014. Foto: cortesía Pete McBride / Alianza Revive El Río Colorado para Mongabay Latam

Consulta el artículo original aquí:

Temas Relacionados