"Ya no quedaba nadie que dijera nada", artículo de Jacobo Dayán - Aristegui Noticias
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“Ya no quedaba nadie que dijera nada”, artículo de Jacobo Dayán
Caronte por Jacobo Dayán
Foto: Tercero Díaz/ Cuartoscuro

La indiferencia o el miedo que tiene la población para salir en defensa de las personas violentadas fue plasmado en un famoso poema del pastor luterano Martin Niemöller.

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

El abandono al que eran relegadas las víctimas del nazismo es claramente contenido en estas breves líneas que erróneamente se adjudican a Bertolt Brecht.

El México de los últimos años podría tener una versión del poema anterior. Aquí una versión libre del poema de Niemöller extrapolado al México de hoy.

Primero vinieron a buscar a los indígenas y no dije nada porque yo no era indígena.
Luego vinieron por los migrantes y no dije nada porque yo no soy migrante.
Luego vinieron por los periodistas y no dije nada porque yo no era periodista.
Luego vinieron por los activistas y no dije nada porque yo no era activista.
Luego vinieron por los defensores de derechos humanos y no dije nada porque yo no era defensor de derechos humanos.
Luego vinieron por los médicos y enfermeras y no dije nada porque yo no era médico ni enfermera.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

A esta lista se podrían agregar muchos otros grupos, como las mujeres, incluso ante los niveles de violencia generalizada se podría decir que todos los mexicanos estamos en riesgo. Ahora debemos agregar a los defensores públicos de derechos humanos. En los últimos días fue asesinado el ombudsman de Baja California Sur. A partir de ello nos enteramos que varios ombudsman estatales se encuentran amenazados. Varias son las constantes: impunidad, simulación, falta de voluntad política, errónea estrategia de seguridad y abandono por parte de sociedad y medios, entre otros.

La sociedad ante el desamparo de los gobiernos también se va quedando sin activistas, defensores de derechos humanos y prensa libre que permitan proteger su seguridad y derechos.

Es evidente que no hay voluntad por cambiar el modelo de seguridad ni poner fin al pacto de impunidad. La única alternativa a la vista es tomar en serio la recomendación hecha a México por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: “establecer un Consejo Asesor de renombrados/as expertos/as en el campo de los derechos humanos y el combate a la impunidad para asesorar al Estado mexicano sobre estrategias y reformas que impulsen las capacidades de investigación y sanción y para revertir la tasa de impunidad imperante en el país”. El otro tema es la seguridad. Sin policías sólidas no habrá seguridad, la militarización no es opción. Los planteamientos de la clase política, toda ella, apuntan en otro sentido.

Mientras tanto, sociedad y medios (a modo) deben mirarse en el espejo del poema de Niemöller. A este ritmo no quedará nadie que diga nada.

Jacobo Dayán

Especialista en derechos humanos y analista internacional. Fue Director de contenidos del Museo Memoria y Tolerancia de la ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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