‘En México urge un cambio radical’, señala el escritor Humberto Beck
Junto con Rafael Lemus, edita el libro ‘El Futuro es hoy’.
(Biblioteca Nueva/Redacción AN).

Ante la falta de imaginación política, la opción es un cambio radical. Por iniciativa de Humberto Beck y Rafael Lemus, un conjunto de jóvenes académicos revisan y proponen nuevas rutas para cambiar al país.

El futuro es hoy. Ideas radicales para México (Biblioteca Nueva) es una compilación de ensayos que aborda los problemas sociales más graves que enfrenta México. En paralelo a la crítica, y sin temor en rayar en la utopía, los ensayos proponen rutas de acción. “Con este volumen queremos reivindicar la idea de que se puede imaginar la sociedad desde un punto de vista más radical e imaginativo”, plantea Beck en entrevista.

 ¿México necesita un cambio radical?

Sí y en muchos sentidos. El país se ha vuelto parte de una tendencia global que consiste en convencernos de que no es posible imaginar una realidad alternativa al presente y que en las últimas décadas ha recibido los nombres de “Fin de la historia”, “Pensamiento único” o “neoliberalismo”. Con este volumen queremos reivindicar la idea de que se puede imaginar la sociedad desde un punto de vista más radical e imaginativo.

Pero eso requiere voluntad política y ciudadana. ¿Encuentra esa voluntad?

En México persiste la idea de que no es posible. Esto se ha reflejado en la “transición democrática” o la “modernización económica”. Ambas proyectos se encuentran en un momento de desencanto. En ese sentido, sí hay condiciones para introducir el ascenso de algunas de estas ideas, un ejemplo es el crecimiento de un partido como Morena. Los ensayos del libro buscan rebasar el horizonte de la izquierda tradicional, pero a la vez buscan dialogar con las fuerzas políticas actuales, tanto las formales como las vinculadas a los movimientos sociales.

Todavía hay quien se espanta con la palabra radical por sentirla subversiva.

Cierto, el prejuicio es superable si se mira históricamente y se toma en cuenta el desarrollo de las reivindicaciones políticas y sociales de los últimos dos siglos. Muchos de los estándares de convivencia actuales como los derechos civiles o el sufragio universal, son ideas que en su momento se consideraron descabelladas. Llevarlas a la realidad tomó una historia de batallas intelectuales y políticas. A nosotros nos gustaría contribuir a que se replicaran algunos procesos y en esa medida quitar a la palabra “radical” su aire negativo.

El libro propone también, una gama de autores diferentes a los que solemos ver en los medios.

La selección de autores cubre en su mayoría a autores nacidos en los setenta y ochenta. Son voces significativas en sus ámbitos pero sin ser hegemónicas. Percibimos que este tipo de discusiones existen en voces de generaciones anteriores que convergen en la mayoría de los casos, en un espacio definido. Fue un gesto deliberado escoger autores de otra generación y perspectiva.

Hay ensayos dedicados a la seguridad y justicia, pero con una postura distinta.

El paradigma prevaleciente en México es punitivo, se basa en la expansión policiaca y el encarcelamiento. Los resultados de este enfoque han sido en el mejor de los casos contradictorios y en el peor, desastrosos. Es necesario introducir nuevas variables para la discusión, como la justicia restaurativa que desarrolla Elisa Godínez. Su propuesta se basa en escuchar a las víctimas y en encontrar la manera de que la comunidad tenga una participación judicial. El politólogo e internacionalista, Jorge Hernández Tinajero propone la legalización de todas las drogas. Si realmente se quiere cambiar el panorama de inseguridad, habría que tomar ambas propuestas en serio. Se habla mucho de la impunidad en los delitos y al mismo tiempo sabemos que las cárceles están colapsadas. Ahí encontramos una contradicción interna del sistema de seguridad predominante. ¿Si las cárceles están colapsadas a dónde se van a mandar esos cientos de miles de delincuentes? Por eso necesitamos pensar otras vías.

Si en México está atorado el debate sobre la despenalización de la mariguana, se antoja imposible pensar en la legalización de todas. ¿No es utópica la idea de Hernández Tinajero?

El texto está pensado como una provocación, es un escenario utópico y de imaginación radical, justamente por lo lejano que estamos. Los resultados de la guerra contra las drogas han sido negativos. El mercado aumentó y ha creado un jugoso negocio criminal. Al prohibir las sustancias psicoactivas los gobiernos renuncian a su capacidad de regular y la dejan en manos de criminales. Sin duda hay muchas resistencias sociales, pero mal que bien ha habido pasos en ese sentido sobre todo con la marihuana. Sumados estos pasos aislados, podemos pensar que no es tan irrealizable.

Varias de las propuestas del libro son a largo plazo, ¿les ven cabida en las plataformas de los candidatos a la presidencia?

Los textos buscan presentar un horizonte utópico y al mismo tiempo entrar en diálogo con la política inmediata real. Nos interesa contribuir al debate sin importar quién gane.

Ha hablado de Morena, como síntoma de un cambio, pero si vemos los cuadros políticos que rodean a López Obrador veremos que la mayoría proviene de los partidos tradicionales.

Es verdad que incluso en el ámbito de la izquierda institucional la imaginación política estaba anquilosada. Algunos movimientos sociales son más creativos. Sin embargo, es fundamental que exista un diálogo con la política institucional porque muchas de las ideas del horizonte radical-utópico tienen que pasar por una mediación institucional.

¿Ve a los candidatos abiertos a esta discusión?

Concretamente no, pero Andrés Manuel López Obrador ha introducido el tema de la amnistía. Ahí veo un espacio de diálogo importante porque representa un primer distanciamiento del paradigma policiaco, carcelario y punitivo. Ahí veo una posibilidad de diálogo sobre todo porque la amnistía para ser efectiva, tendría que estar acompañada de algunas de las propuestas incluidas en el libro como la justicia restaurativa o la despenalización de algunas de las drogas.

¿La sociedad votará por hartazgo o con una conciencia política?

Mucha gente votará por hartazgo, pero habría que contribuir a que la mayoría de la gente vote con una voluntad consciente y crítica de cambio, lo cual implicaría darle el voto a quien cada uno considere, pero sin otorgarle un cheque en blanco. El verdadero diálogo crítico comenzará después del 1 de julio.

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