“Café Chairel reforzó mi visión como cineasta”: Fernando Barreda Luna
El director y productor mexicano estrena una película que busca escapar de las convenciones y propone un diálogo con el espectador.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Tras un accidente, Alfonso (Mauricio Isaac) abre una cafetería de especialidad. Sin saber nada del negocio, emprende una aventura a la que se suma Katia (Tessa Ia), una joven que llega de manera casual. El encuentro de ambas personalidades en principio opuestas da pie a Café Chairel, una película de Fernando Barreda Luna, sobre la reinvención en donde el humor y la causalidad tienen mucho que decir.
¿Te gusta el café?
Sí me gusta, pero ahora tomo más café que antes. Durante el proceso de investigación aprendí mucho, me parece que es algo especial. Me identifico con el personaje de Alfonso, alguien que no sabe mucho del mundo del café, pero está dispuesto a aprender.
¿Cómo nace Café Chairel?
En 2005, en uno de mis primeros guiones hablaba de una situación parecida y del accidente que sufre Alfonso. A partir de ahí empecé a trabajar la idea, después me invitaron ser programador de un festival donde me tocó ver una película japonesa que me encantó. Al final la cinta no fue seleccionada. Aun así, durante dos años estuve tratando de contactar al director para decirle que su película me había fascinado. Cuando platicamos me contó que aquel trabajo no había salido en cines, ni en plataformas, que se quedó en el cajón. Obviamente conecté mucho con eso porque como estudiante sabes lo difícil que es que una producción vea la luz. Con el tiempo nos hicimos amigos y diez años después escribí un guion nuevo basado en la obra original, pero ya con mis personajes. Todo nació de una colaboración de dos cineastas independientes de diferentes partes del mundo.
Algo de ese espíritu se mantiene en la película, porque creo que tiene un pie en el cine independiente y otro en el comercial.
Quería una película que no siguiera tendencias. Me enfoqué en tener una buena historia con buenos personajes, sin cumplir con las normas de géneros como el drama o la comedia. Quería algo equilibrado desde la parte artística y autoral, pero al mismo tiempo digerible para todo el público.
Es curioso, porque como director esta es una película bastante cotidiana, que contrasta con tu trabajo como productor donde has hecho cintas de terror.
Mi primera película fue de terror porque en los medios en los que me desenvolvía hay mucho de este género, además es un tipo de cine con mucha cobertura. Sin embargo, no es que yo sea fan del horror, al menos no como director. Como productor entiendo las convenciones del género, pero como director mi visión sobre el cine ha cambiado. Después de que se me cayeron algunos proyectos comprendí que mi trayectoria como cineasta no iba a ser tan prolífica y por lo mismo me enfoqué en hacer algo más trascendental, no solo entretenimiento, quería algo que dejara pensando a las personas.
En la película el azar tiene un rol importante, ¿por qué te interesaba abordarlo?
No me interesa el cine donde das al público todas las respuestas. Prefiero que el espectador termine la película en su cabeza, creo que eso fomenta el diálogo. Más que azar creo que hay una inclinación por no saber hacia dónde van exactamente los personajes. Si bien, hay un conflicto íntimo que está detrás de todo lo que se muestra, la película también sucede en las imágenes. Por eso, conforme avanza la historia el público siente que tiene más comprensión. En este sentido, me gusta pensar que los personajes estaban destinados a conocerse, por eso una cosa desencadena la otra.
En la película hay una reinvención, ¿tú experimentaste algo similar?
La película me ayudó a madurar mi visión sobre lo que debe ser el cine. Actualmente, la industria parece cambiar las reglas de lo que uno como cineasta aprende. Ahora te dicen que hay que seguir ciertas tendencias. Hoy mismo, las películas y series se editan mientras todavía estás en el set rodando. Yo, sin embargo, funciono a la antigüita: filmo con una cámara, luego veo el material y edito. No tengo la presión de entregar el producto ya terminado al ritmo vertiginoso con el que ahora se hace el cine. Café Chairel, en ese sentido, reforzó mi visión como cineasta. A nivel personal aprendí que las cosas importantes de la vida muchas veces están en las relaciones humanas y en los pequeños detalles.






