Naturaleza AristeguiNaturaleza Aristegui

Desastres y respuestas desastrosas: cómo evitar una doble afectación de las comunidades rurales

Reconstrucciones tecnocráticas aumentan vulnerabilidad en zonas rurales, mientras proyectos comunitarios como Cooperación Comunitaria demuestran que escuchar al territorio reduce riesgos. Los desastres no son naturales: la desigualdad profundiza la injusticia.

  • Redacción AN / GER
27 Mar, 2026 12:43
Desastres y respuestas desastrosas: cómo evitar una doble afectación de las comunidades rurales
Las familias afectadas por desastres socionaturales participan en todas las etapas del proceso de reconstrucción de viviendas y cocinas reforzadas: desde el diagnóstico y el diseño, hasta la evaluación y el mantenimiento | Cortesía Cooperación Comunitaria

Por Cooperación Comunitaria

Vivimos en un mundo cada vez más expuesto a riesgos.

A las amenazas naturales, que han acompañado históricamente a las comunidades rurales, se suma hoy una variabilidad climática más intensa y destructiva. Frente a este escenario, la reconstrucción post desastre y las políticas para enfrentar la crisis climática se presentan como respuestas urgentes. Sin embargo, en muchos casos, las soluciones implementadas no sólo no reducen la vulnerabilidad, sino que la terminan profundizando.

Programas públicos de reconstrucción y proyectos de energías renovables, diseñados desde una lógica tecnocrática y centralizada, suelen ignorar las formas de vida de las comunidades y su relación con el territorio. El resultado, con frecuencia, es el aumento del riesgo, el deterioro ambiental y el progresivo despojo de los territorios para la explotación de bienes comunes.

Un ejemplo emblemático se encuentra en la Montaña de Guerrero. Tras los huracanes Ingrid y Manuel en 2013, la comunidad de La Lucerna fue reubicada a un conjunto de viviendas nuevas, con un solo prototipo, diseñado desde la oficina de una empresa, por lo tanto, inadecuado a las formas de construir y habitar de la comunidad. A los pocos meses, las casas comenzaron a presentar filtraciones y grietas. Muchas de las familias las abandonaron: no eran compatibles con su forma de vida ni con las condiciones del entorno.

Hoy, el sitio permanece como un pueblo vacío, testimonio de una reconstrucción que no escuchó a quienes iban a habitarla.

La comunidad de La Lucerna, en la Montaña de Guerrero, antes y después de la reubicación posterior a los huracanes Ingrid y Manuel. Las viviendas de la derecha, construidas por empresas privadas y el gobierno federal para la reubicación, resultaron inadecuadas y hoy se encuentran abandonadas, en su mayoría. Cortesía Cooperación Comunitaria

Contrario a esta situación, la organización Cooperación Comunitaria desarrolla desde 2013 un proyecto de reconstrucción integral en la región Montaña de Guerrero, y desde 2023 en Acapulco rural, con un enfoque participativo y colectivo, con un enfoque en los derechos, adecuación cultural y sostenibilidad. La estrategia articula el conocimiento tradicional con el fortalecimiento socio-técnico comunitario, promoviendo la reconstrucción de espacios habitacionales resilientes, seguros y culturalmente adecuados.

A través de procesos participativos, se han capacitado 474 personas en técnicas de construcción con tierra y ecotecnias, permitiendo que decenas de familias accedan a viviendas más seguras, adaptadas a su entorno y alineadas con sus expectativas de vida.

Otro caso, más reciente, revela cómo el control externo de los bienes naturales en los territorios rurales puede profundizar la desigualdad. En Cacahuatepec, zona rural del municipio de Acapulco, las comunidades que llevan más de 23 años luchando por el acceso al agua, viven sin las condiciones adecuadas de acceso y distribución a este bien, pese a vivir a las orillas del río Papagayo y varios arroyos.

Tras el paso del huracán Otis en octubre de 2023, las zonas rurales quedaron prácticamente fuera de los programas de reconstrucción. La inversión se concentró en la ciudad y la extracción masiva de arena y grava del río para la reconstrucción urbana incrementó la erosión del cauce, aumentando nuevamente la vulnerabilidad de las comunidades río arriba.
Así, una respuesta pensada para atender la emergencia en la ciudad terminó agravando los riesgos en el campo, ya devastado por el paso del huracán.

En este contexto, la reconstrucción integral y participativa llevada a cabo por un grupo de comunidades, junto con Cooperación Comunitaria, logró responder a las necesidades inmediatas de vivienda y alimento, generando a la par propuestas ecológicas, sostenibles y seguras para los espacios habitacionales, el agua y el saneamiento. Hasta la fecha se han construido 20 viviendas y cocinas con materiales locales y reforzadas, estufas ahorradoras de leña; 5 baños secos; 9 biofiltros; y 154 milpas agroforestales y 1 vivero comunitario para la reforestación de la rivera del río.

Casos de reconstrucción como el de Lucerna, muestran un patrón recurrente: cuando las políticas de reconstrucción, desarrollo o gestión ambiental se diseñan sin la participación directa de las comunidades, generan productos inadecuados para los usuario y los efectos pueden ser contraproducentes. En lugar de reducir la vulnerabilidad, se profundizan el rezago, la conflictividad social y el despojo territorial, dejando claro que enfrentar la crisis climática sin escuchar a los territorios rurales lo cual, además de ser discriminatorio, puede convertirse, paradójicamente, en una nueva forma de desastre o en una doble afectación.

Queremos reiterar algo muy sabido, pero poco reflexionado: los desastres nunca son naturales. Estos se dan cuando un evento con características extremas como un huracán o un sismo ocurren en una zona vulnerable. En esta vulnerabilidad podemos encontrar los factores que causan el potencial catastrófico de estos eventos, la cual está estrechamente ligada a los rezagos sociales, económicos, territoriales que afectan la zona en cuestión y que son derivados de factores totalmente humanos. Es muy evidente que los rezagos son producto de la desigualdad, por ende, los desastres socio naturales acentúan la injusticia.

Las viviendas reforzadas de adobe, diseñadas y autoproducidas de manera participativa y colaborativa por las comunidades de la Montaña de Guerrero, con el acompañamiento técnico de Cooperación Comunitaria. Cortesía Cooperación Comunitaria

La buena noticia es que podemos incidir sobre estos rezagos y disminuir así la vulnerabilidad de la población expuesta al riesgo de desastre. Pero aún mejor noticia es que las soluciones no se tienen que buscar en despachos y oficinas lejanas o en fábricas hi-tec con capital extranjero. Las soluciones las tienen las propias comunidades. Sólo hay que trabajar con ellas de manera participativa y dejar de imponer soluciones que terminan siendo una imposición a sus formas de habitar y construir y, por lo tanto, una doble afectación.

Tras diversas catástrofes socionaturales, pero también a raíz de proyectos extractivos o de infraestructura, la sociedad ha sido testigo de cómo muchas de las iniciativas impulsadas desde los diferentes niveles de gobierno o en alianza con actores privados, no logran materializarse o en poco tiempo, terminan generando una doble afectación, especialmente en comunidades rurales cuyos medios de vida dependen directamente de la biodiversidad local y de prácticas tradicionales situadas.

Al contrario, poner en el centro a las personas y a la vida, escuchar y entender al territorio, produce formas de reconstruir las comunidades que inciden positivamente en la calidad de vida y en el ambiente. Además, la participación genera conciencia y construye autonomía, dos aspectos clave para mitigar los efectos de los próximos eventos con potencial desastroso.

En el proceso de reconstrucción, en la zona rural de Acapulco, las comunidades, con el acompañamiento técnico de Cooperación Comunitaria, han autoproducido 20 viviendas que recuperan las tipologías tradicionales e incorporan reforzamientos para disminuir la vulnerabilidad ante sismos y huracanes. Cortesía Cooperación Comunitaria

Cooperación Comunitaria

Es una organización sin fines de lucro que trabaja desde hace 14 años en zonas rurales de alta marginación en México. Entre sus objetivos está mejorar el nivel de habitabilidad de las comunidades a través de la organización colectiva, el fortalecimiento de capacidades técnicas y la recuperación de saberes ancestrales.

A través del ejercicio del derecho a un hábitat adecuado, busca reducir vulnerabilidades y, mediante el acompañamiento integral, fortalecer procesos en los ámbitos territorial-ambiental, constructivo, productivo y sociocultural.

Temas Relacionados