Misterio de 300 años resuelto: Científico mexicano descubre la abeja que poliniza la vainilla de forma natural
Por 300 años nadie supo quién polinizaba la vainilla en México. Un investigador de la UV acaba de encontrar a las abejas responsables.
- Redacción AN / GER

Por Geovanni Esquivel
Por más de 300 años, la vainilla mexicana guardó un secreto. Nadie sabía con certeza qué insecto era el responsable de polinizar sus flores en la naturaleza. Se hablaba de colibríes, de murciélagos, de abejas sin aguijón.
Miguel Ángel Lozano Rodríguez, investigador del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana, identificó por primera vez al polinizador nativo de la vainilla: un grupo de abejas conocido como “abejas de las orquídeas”. El hallazgo, documentado en cafetales bajo sombra en Veracruz, resuelve un enigma que acompañó al cultivo desde que comenzó a extenderse por el mundo.
Lozano explicó para Aristegui Noticias el contexto histórico de la vainilla. “Es un cultivo milenario“, afirmó. “Desde las culturas mesoamericanas ya se utilizaba, se recolectaba la vainilla y justamente se utilizaba como tributo por parte del pueblo totonaca hacia el Imperio Azteca”.
Los totonacas recolectaban los frutos en la selva y los usaban como moneda. Incluso, señaló el investigador, “en recetas justamente de las culturas mesoamericanas existe la receta del chocolate que lleva vainilla“.
Con la llegada de los españoles, la vainilla cruzó el océano y se convirtió en un producto codiciado en Europa. Se llevaron plantas a colonias francesas e inglesas, pero algo faltaba: el polinizador. “En estas colonias, pues obviamente no se tenía el polinizador”, explicó Lozano.
Fue entonces, en una isla cercana a Madagascar, donde se descubrió la polinización artificial. Esa tecnología llegó después a México y transformó por completo la producción. Desde entonces, cada flor de vainilla se poliniza a mano.
“Toda la producción de vainilla es precisamente producto de la polinización artificial“, dijo Lozano. “Cada vaina de vainilla, que es el fruto de la vainilla, prácticamente se hace a mano. Hay que polinizar una flor, flor por flor, todos los días. La flor solamente dura siete horas abierta”.
A lo largo de los años se pensaba que el polinizador natural de la vainilla se había extinguido. Lozano desmonta esa idea con un argumento sólido: “Cuando decimos que un animal está extinto, es porque conocemos a ese animal. En este caso de la abeja, todo el mundo decía que estaba extinta, pero nadie sabía quién era el polinizador“.
Se mencionaban candidatos: abejas meliponas, colibríes, murciélagos. Pero, como señaló el investigador, “las meliponas son muy pequeñitas, son de menos de un centímetro y la flor es más grande. El proceso de polinización físicamente no se puede dar porque las abejas son muy pequeñas comparado con la flor”.
El grupo que más se acercaba a la posibilidad real era el de las abejas de las orquídeas. Son abejas metálicas, solitarias, que no producen miel aprovechable para el humano ni viven en colonias. “Los machos y las hembras viven separados y solamente se reúnen a la hora del apareamiento”, explicó Lozano.
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Su nombre viene de una conducta particular: los machos recolectan fragancias de flores de orquídeas para crear su propio perfume y atraer a las hembras. Pero también recolectan aromas de hongos, madera y frutas.
Lozano y su equipo se dieron a la tarea de observar qué llegaba realmente a las flores de vainilla en entornos naturales. Lo hicieron en cafetales bajo sombra, un sistema agroforestal que conserva árboles y diversidad vegetal.
“Justamente se constató que es este grupo de abejas, el grupo de abejas de las orquídeas, quien interactúa con la vainilla”, afirmó.
Y aquí vino una de las revelaciones más importantes del estudio: las que polinizan son las hembras, no los machos.
“Algo muy irónico es que las flores de la vainilla no producen néctar, sino que producen un aroma el cual la abeja identifica como un aroma relacionado al alimento”, detalló Lozano. Es decir, “huele a comida, pero no tiene comida”. Este mecanismo se llama polinización por engaño: la flor atrae a la abeja, esta entra buscando alimento y, al hacerlo, adhiere el polen. Cuando visita otra flor, completa la polinización.
“Son las hembras, solo las hembras, las que recolectan el polen y el néctar, son las que pueden polinizar”, precisó el investigador. “Es algo completamente nuevo porque no se sabía”.
El problema de la deforestación y los costos
El descubrimiento no es solo un dato biológico. Tiene implicaciones económicas directas. La polinización manual representa entre el 40% y el 50% de los costos de producción de la vainilla, uno de los cultivos más caros del mundo.
Lozano recordó que entre 2017 y 2018, “el kilo de vainilla en México alcanzó casi los 20 mil pesos. Un kilo de vainilla beneficiada alcanzó los 20 mil pesos. Estaba más cara que la plata”.
El problema, explicó, es que la polinización natural no ocurre en cualquier lado. Para que las abejas lleguen, se necesita un ecosistema que les ofrezca alimento y refugio.
Si yo soy productor y tengo muchas plantas de vainilla y tengo muchas flores, ¿por qué no tengo polinización natural? Esto está muy de la mano con la deforestación, con cultivos aislados y con el problema del uso de insecticidas y químicos.
En cambio, “en lugares con productores que tienen vainilla en la selva o en acahuales, en donde están creciendo árboles de muchas especies, se ha registrado polinización natural. Las abejas tienen alimento de otras plantas y cierran el ciclo”.
El estudio se realizó precisamente en un cafetal bajo sombra, donde se documentó la interacción. “Ahí la importancia de los sistemas agroforestales“, subrayó Lozano.
Una de las preguntas que ya hacen los productores es si se puede reproducir y tener en los vainillales. Lozano es claro: “Este grupo de abejas no se pueden criar como apis, como las abejas de la miel, son abejas solitarias, no se pueden manejar como tal”.
Pero hay algo que sí se puede hacer: “Fomentar precisamente los cultivos agroforestales, sembrar más árboles, plantas que sí ofrezcan néctar, que sí ofrezcan polen, para que favorezcamos la presencia de estas abejas”.
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Además, el investigador apuntó a un posible valor agregado: “La polinización natural podría mejorar inclusive la calidad del fruto y la calidad aromática”.
A pesar del hallazgo, Lozano reconoce que aún hay mucho por investigar. “En México existe muy poca información sobre estas abejas“, dijo. “No se ha prestado atención como tal. Se han hecho análisis o estudios muy puntuales en la península de Yucatán, en Chiapas, pero todavía no podemos generalizar qué es lo que está pasando, porque para empezar no sabemos ni cómo están las poblaciones”.
Lo que sí se sabe es que son abejas con gran capacidad de movimiento. “Hay trabajos donde se ha documentado que una abeja hembra de este grupo se puede mover hasta 50 kilómetros en un solo día“, señaló.










