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¿Quiénes son el Cártel de Santa Rosa de Lima?

El Cártel de Santa Rosa de Lima continúa movilizando recursos y operando en Guanajuato, mostrando que su poder no depende de un solo líder.

  • Redacción AN / KC
27 Jan, 2026 13:25
¿Quiénes son el Cártel de Santa Rosa de Lima?

El pasado lunes 26 de enero, el Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL) volvió a acaparar la atención nacional tras la masacre de 11 personas en una cancha de fútbol en Salamanca, Guanajuato.

Las primeras líneas de investigación apuntan a que los autores materiales e intelectuales del ataque son integrantes de esta organización criminal, según fuentes del gobierno federal citadas por el periodista Juan Omar Fierro.

Previo al ataque, testigos señalaron que se habían colocado mantas con amenazas del CSRL contra su rival, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en la comunidad Lomas de las Flores.

La disputa entre estos grupos por el control de Guanajuato se mantiene desde hace al menos siete años y ha generado un incremento sostenido en la violencia y la inseguridad en la entidad.

Foto: Archivo

Las investigaciones señalan que el responsable directo de la masacre es Moisés Soto Bermúdez, actual cabecilla de una célula conocida como “Los Marros”, cuyo nombre rinde homenaje a José Antonio Yépez Ortiz, alias “El Marro”, fundador del CSRL.

Yépez Ortiz permanece detenido desde el 2 de agosto de 2020 tras ser capturado en el municipio de Juventino Rosas, Guanajuato; sin embargo, según denuncias del gobierno de Estados Unidos, continúa influyendo en la organización desde prisión.

Actualmente, “Los Marros” operan bajo el mando de Mario Eleazar Lara Belman, identificado con los alias “Negro”, “Camorro” y “Gallo”; Lara Belman es considerado generador de violencia en Irapuato, Salamanca y Celaya, y cuenta con orden de aprehensión vigente por homicidio calificado.

También se le vincula con otros delitos como secuestro, desaparición forzada, venta de drogas y extorsiones a productores de la región.

El Cártel de Santa Rosa de Lima surgió en Guanajuato entre 2010 y 2014, con el auge del robo de combustible, conocido como “huachicol”, en una entidad atravesada por ductos estratégicos de Petróleos Mexicanos.

Por ello, a diferencia de otros cárteles del país, el CSRL no nació del narcotráfico, aunque posteriormente diversificó sus actividades hacia la extorsión, el narcomenudeo y homicidios.

En esos años, grupos delictivos locales dedicados al huachicol empezaron a consolidarse con el uso de la violencia y el control territorial en municipios del corredor industrial del estado.

Fue a partir de 2015 cuando el grupo encabezado por José Antonio Yépez Ortiz se consolidó como una organización criminal estructurada, al controlar tomas clandestinas, rutas de extracción ilegal y comunidades completas.

Ola de violencia sostenida 

David Saucedo, consultor en seguridad pública, explicó en entrevista para Aristegui en Vivo que la masacre en Salamanca es un ejemplo de “narcoterrorismo”, ya que el ataque afectó tanto a personas presuntamente vinculadas a un grupo criminal rival como a civiles sin nexos delictivos.

Desde el año pasado se han registrado ataques en campos deportivos; el cártel de Santa Rosa de Lima ha intentado cobrar derecho de piso a equipos de fútbol, obligándolos a contratar seguridad privada para proteger los partidos.

La masacre del domingo pasado en el campo de fútbol, se inscribe en un contexto de violencia sostenida en Guanajuato que, según declaraciones del alcalde de Salamanca, César Prieto, además de las 11 personas asesinadas, otras seis resultaron hospitalizadas.

Sobre el hecho, la Fiscalía estatal confirmó que diez murieron en el lugar y una más falleció posteriormente en un hospital.

Solo un día antes, cinco personas habían sido asesinadas en la comunidad de Cuatro de Altamira y otra más en San Vicente de Flores.

En días recientes, incluso se colocó un artefacto explosivo en las inmediaciones de instalaciones de Petróleos Mexicanos en Salamanca, lo que evidencia la continuidad de la ofensiva del CSRL.

¿Opera ‘El Marro’ desde prisión? 

Tras la captura de Yépez Ortiz, el cártel no se desarticuló; de acuerdo con el especialista David Saucedo, la organización se fragmentó en diversas células autónomas que operan de manera municipal y regional, bajo un modelo de dirigencia dispersa.

Algunas de estas células están encabezadas por familiares del propio Yépez Ortiz, como su hijo, conocido como “El Monedas”, así como por otros jefes de plaza identificados como “El Mamey”, o como Mario Eleazar Lara Belman y Moisés Soto Bermúdez siguen siendo objetivos prioritarios de las fuerzas federales, que han realizado cateos y decomisos de armas y vehículos en municipios como Villagrán, uno de los bastiones del cártel.

Otro líder identificado del grupo es Adán “G”, alias “El Azul”, presunto sucesor de “El Marro”; en marzo de 2024, fue condenado a 29 años de prisión por delitos de delincuencia organizada, portación de armas de uso exclusivo del Ejército y posesión de metanfetamina con fines de comercio.

La sentencia evidenció cómo las autoridades han pretendido desmantelar la estructura del cártel, incluso tras la detención de sus líderes históricos, pero a pesar de estas acciones, las células del CSRL siguen operando, involucradas en extorsión, cobro de derecho de piso, homicidios selectivos y narcomenudeo, lo que les permite mantener influencia en municipios estratégicos de Guanajuato.

La disputa con el Cártel Jalisco Nueva Generación no solo es territorial, sino también económica, pues ambos buscan controlar rutas de drogas, extracción de combustible y cobro de cuotas a productores y comerciantes locales.

Para David Saucedo, ataques como la masacre de Salamanca forman parte de una ofensiva para debilitar al CJNG y reafirmar el dominio territorial del CSRL aunque la violencia de este cártel afecta directamente a la población civil.

Incluso, los reportes preliminares sobre el hecho en Salamanca revelan que algunas víctimas podrían haber tenido vínculos con empresas de seguridad privada señaladas como afines al CJNG.

Saucedo explica que esta estrategia busca generar miedo y enviar mensajes claros de control territorial.

En años recientes, el CSRL ha atacado campos deportivos y buscado cobrar derecho de piso a equipos de fútbol amateur, con una violencia que ha llamado la atención de medios internacionales, especialmente en el marco de eventos deportivos globales en México.

Entre las estrategias de asentamiento, el CSRL también utiliza mantas con amenazas y artefactos explosivos en espacios públicos para intimidar y consolidar su control social frente a grupos rivales.

El consultor David Saucedo advierte que, incluso tras años de operativos y detenciones, “el Cártel de Santa Rosa de Lima sigue encontrando espacios para actuar y desafiar a las autoridades, demostrando que su fuerza no depende de un solo líder, sino de toda su estructura criminal”, lo que podría dificultar su erradicación.

Aquí la entrevista completa: