“No es un show… es dolor” (Crónica)
Del presidente AMLO sólo he recibido majaderías, asegura el poeta Javier Sicilia. El domingo recibió insultos pero también abrazos, en la caminata por la paz que encabezó, junto con decenas de víctimas de la violencia.
Foto: ARISTEGUI NOTICIAS/ Gustavo Sánchez

Por Gustavo Sánchez B./ @GustavoSanBe

Javier Sicilia se quita una bota sobre Paseo de la Reforma. Anda con un pie en puro calcetín negro, después de que los LeBarón convocaron a hacer un kilómetro del recorrido sin un zapato, en honor a Mackenzie, la niña que sobrevivió a la masacre en las que fallecieron tres mujeres y seis niños, en noviembre pasado en Bavispe, Sonora.

Este domingo, a más de 2 mil kilómetros del lugar de aquella tragedia -una de tantas que enmarca esta caminata-, Sicilia avanza sin su bota, parecida a la que usó en las dos caravanas por la paz, al norte y al sur del país, en el sexenio de Felipe Calderón. En aquel entonces, el reclamo se acotaba a una frase (“no más sangre”), que antes tantos abrazaban, pero hoy, en el año 1, mes 2, del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, comienzan a desconocer. 

En la Estela de Luz, de donde parte la marcha, habla Julian LeBarón, también presente en aquellas caravanas, familiar de las víctimas de la masacre de noviembre pasado, aplaudido y también criticado, como Sicilia. ¿Qué piden ahora? Responde: “Un cambio de la manera en que reaccionamos ante la violencia los ciudadanos”.

-El problema está en la sociedad, entonces…

JL: Claro, claro… eso debe ser claro para todos.

-Pero la respuesta del gobierno no ha sido positiva hasta ahora (para los familiares de víctimas)

JL: Pues porque los ciudadanos no nos unimos para exigir esas respuestas…

La marcha avanza con Sicilia, los LeBarón y decenas más con un pie descalzo. Según reportes periodísticos, Mackenzie, hija de Dawna Langford -quien falleció durante el ataque en Bavispe-, caminó 14 kilómetros sin un zapato, en busca de ayuda para cuatro menores que quedaron heridos en el sitio en el que murieron nueve de sus familiares, el mismo lugar que fue visitado el 12 de enero pasado por el presidente López Obrador.

Foto: Moisés Pablo/ Cuartoscuro

Foto: Gustavo Sánchez/ Aristegui Noticias

Los marchantes hacen paradas especiales. No pasan de largo los llamados antimonumentos en Paseo de la Reforma: el dedicado a los niños muertos en la Guardería ABC, el dedicado a los 65 mineros sepultados en Pasta de Conchos, y por supuesto, no podía faltar el de los 43 de Ayotzinapa, cuyo caso cumple justo hoy 5 años, 4 meses sin esclarecerse. Incluso, la marcha hace una parada especial en el memorial dedicado a David Ramírez y Miguel Ángel Rivera, jóvenes secuestrados el 5 de enero de 2012.

Mientras Melitón Ortega abraza a Javier Sicilia y da unas palabras en honor a los 43, la activista María Elena Morera toma una fotografía. Una mujer y un hombre cargan sus carteles, que a la letra dicen: “querer paz no es un show”, “los muertos y desaparecidos no son un show”. Una pancarta parecida apareció metros atrás: “No es un show, es dolor”. 

Las palabras del presidente de la República resuenan en los oídos de los marchantes. El pasado 20 de enero, el mandatario dijo que no recibiría a esta manifestación cuando llegara a Palacio Nacional -donde duerme el presidente- “para no hacer show y cuidar la investidura presidencial”. En lugar de él, dejó al gabinete de seguridad y a la secretaria de Gobernación. Él prefirió tomar un vuelo a Monterrey y realizar otra actividad. 

Morera, participante de marchas en los gobiernos de Fox, Calderón y de Peña Nieto, trata de dimensionar el tamaño del horror, que no distingue gobiernos ni ideologías ni estados ni simpatías ni tiempos:

“México tiene un gran dolor, el problema es que no hemos sido lo suficientemente capaces los ciudadanos de exigir lo que el gobierno mexicano nos tiene que dar: su primer función es darnos seguridad, tenemos derecho a una vida en paz, la cual hoy no tenemos, y tenemos derecho a que se haga justicia… el dolor no tiene partido político, por supuesto que no es un show… La responsabilidad es de quien aceptó tener la responsabilidad, que son el presidente y su gabinete, los gobernadores, los presidentes municipales, el poder legislativo y el poder judicial… el presidente se equivoca en no ser sensible al gran dolor que hay en México”. 

 

En medio de la marcha, Morera manda un tuit, para criticar que ningún senador de Morena recibiera la propuesta de los familiares de las víctimas para una justicia transicional:

Y sigue la caminata.

Por aquí marcha el “Hombre Árbol”, quien en realidad se llama Arturo Malvido. Viene por su hermano asesinado hace 22 años en la Ciudad de México. Se llamaba Rafael. Arturo también acompañó a Sicilia y LeBarón en las caravanas de 2010 y 2011. Desde hace años se viste literalmente como un árbol y dice que prefiere regalar “amor” que guardar rencor. Pero no olvida. Y dice que persigna a diario a su hija, porque no tiene la certeza de que regresará sana y salva, en una escena que recuerda la frase: ¡Sálvese quien pueda!

“Es un terror… abominable… que el presidente se baje de la nube”, es lo que pide Arturo, mejor conocido como el “Hombre Árbol”. 

Foto: Parika Benítez

Aunque son familiares de víctimas, de repente reciben insultos en la marcha:

“Son los sicilios traidores”, “hubieran traído a Corral y a Claudia, ellos son los responsables”, “¡fuera Sicilia!”, “¡fuera LeBarón!”.

Los roces verbales alcanzan a Griselda Triana, la viuda de Javier Valdez, periodista asesinado, quien también marcha hoy: 

Y también se lanzan contra los periodistas participantes, incluso, a la multipremiada Marcela Turati, le espetan el mote de “chayotera”, sin saber, claro, de quién se trata.

Los familiares de víctimas de la violencia siguen su camino. Esa senda de silencio y recuerdos.

Por aquí marcha José Díaz Navarro, del Colectivo Siempre Vivos. Viene desde Chilapa, Guerrero. Avanza al lado del contingente que recuerda a tantas víctimas de la violencia, incluidos los 10 músicos indígenas, asesinados y calcinados hace poco más de una semana.

Navarro dice que anda buscando la revista Proceso de esta semana, que dedica su portada a los niños guerrerenses que se levantaron en armas. Las imágenes, a mitad de semana, sacudieron a un país, que a veces parece estar escaso de asombro:

Un policía armado irrumpe de repente en la marcha, pasando el Hemiciclo a Juárez. Pero los reclamos de la gente, por su arma, lo hacen volver a subirse a camioneta:

También sobre avenida Juárez, el padre Miguel Concha Malo abraza y recibe besos de Javier Sicilia:

Metros adelante del Hemiciclo, sigue la marcha el actor Daniel Giménez Cacho (DGC), quien votó por AMLO y hoy analiza si el presidente está cumpliendo lo que prometió, al menos en el punto de devolver la paz y que haya justicia.

DGC: Aquí la mayoría de la gente que vinimos marchó por él (AMLO)… lamento que la relación con el Estado siga siendo como de adversarios porque lo que en realidad acá estamos impulsando es una transformación del sistema de justicia… el problema que estamos viviendo es heredado, sí, de otras administraciones, pero en el año que llevamos yo no he visto pequeños pasos o acciones que me indiquen que vamos en ese camino de desmontar la colusión que hay entre el crimen organizado, los Ministerios Públicos, las fiscalías estatales que no funcionan, pequeños pasos que digan bueno vamos en esa dirección… lo que no se quiere acabar de entender es la magnitud del problema.

Giménez Cacho está extrañado por la decisión presidencial de no recibirlos. 

Sicilia sabía desde días antes que no sería recibido por el presidente, cuando éste aseguró que no participaría en “un show”.

Del presidente ‘sólo he recibido majaderías‘, espeta el poeta el sábado, 24 horas antes de la marcha final que está por arribar a Palacio Nacional.

 

Jacobo Dayán, especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos, entra junto con una representación de familiares de las víctimas a Palacio Nacional. También entra una bandera aparentemente ensangrentada y baleada. Adentro los esperan la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, el secretario de la Defensa, el de la Marina e integrantes del gabinete como Julio Scherer Ibarra, Lázaro Cárdenas, Alejandro Encinas… Todos, menos el presidente, por decisión propia; en protección, dice, a su investidura.

En el Zócalo siguen los gritos, los insultos y el regodeo, nadie sabe si patrocinado o fortuito: “¡Es un honor estar con Obrador!”.

 

Bryan LeBarón, primo de una de las víctimas (Ronhita LeBarón) de la masacre de noviembre, concluye a la postre:

“El hecho de que no nos quiso recibir el presidente es un testimonio al mundo de las prioridades que él tiene hacia las víctimas. Aquí fuimos una marcha de víctimas, víctimas que buscamos respuestas, que marchamos juntos para sacar el dolor y superar el miedo… su primer prioridad (del gobierno) debe ser la protección de la vida y no hemos visto que le haya dado esa prioridad, ni sus estrategia nos han dado ningún resultado que podamos aceptar”.

En la plancha del Zócalo suena La Maza, de Mercedes Sosa. Y un grupo se pone a bailarla.

Al final, así como la maza, de algo están hechos los familiares de víctimas de la violencia en el siglo XXI: Fuerza, dolor, coraje,  esperanza

Cargan, como costal al hombro, con una exigencia que encierran en el alma: “¡Justicia!”. Y en cualquier momento sueltan un grito, que se repite en México desde hace décadas, en diferentes circunstancias: “Porque vivos se los llevaron… vivos los queremos”. 








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