‘En Nicaragüa hay una especie de monarquía’: Gioconda Belli
“En Latinoamérica no hemos entendido la importancia de contar con instituciones fuertes y de la independencia de los poderes de Estado”, explica la escritora.
(Redacción AN/Seix Barral).

Por Héctor González

Gioconda Belli (Managua, 1948) es una mujer a la que no le cuesta hablar de política. Entre 1979 y 1993 formó parte del Frente Sandinista Liberación Nacional y renunció cuando vio que Daniel Ortega retomó el discurso armado. Autora de más de una veintena de títulos que alternan poesía, ensayo y narrativa, ha obtenido premios como el Mejor Novela Política del año que entrega la Asociación de Libreros y Editores de Alemania (1989), Biblioteca Breve de Novela (1998) y Sor Juana Inés de la Cruz (1998).

Consciente del complicado momento político que atraviesa Nicaragüa ha publicado dos cartas instando al gobierno de Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, para que dialoguen con la oposición. “Me parece que el gobierno tendría que mantener una actitud abierta hacia el descontento popular y en cambio criminalizó la protesta”, explica en entrevista la autora de Las fiebres de la memoria (Seix Barral).

Has publicado un par de cartas denunciando lo que sucede en Nicaragüa. ¿Ha cambiado en algo la situación de su país?

Estoy muy preocupada porque no se ve una reflexión por parte del gobierno. Al contrario, veo la agudización del espíritu beligerante contra el sector de la población que se ha revelado. Me parece que el gobierno tendría que mantener una actitud abierta hacia el descontento popular y en cambio criminalizó la protesta. Nos acusó de terroristas. A partir de la creación de un discurso agresivo, Daniel Ortega nos trata como contrarrevolucionarios. Me parece irresponsable particularmente, la vicepresidenta Rosario Murillo, quien todos los días lanza desde la radio unas arengas contra todos los que hemos protestado contra el autoritarismo. Actualmente en Nicaragüa hay una especie de monarquía, ellos son los reyes y el Estado son ellos. Han absorbido todas las funciones del poder con la intención de perpetuarse.

¿En qué momento se torció el espíritu revolucionario de Nicaragüa?

Se empezó a torcer con la guerra de la Contra, porque en medio de un proceso revolucionario muy joven el brazo militar del Frente Sandinista se reactivó. La guerra desorganizó la parte humanista y reforzó la línea más autoritaria de demanda y obediencia. Cuando perdimos las elecciones en 1990 vimos todavía una actitud muy inmadura de parte de Daniel Ortega al decir que gobernaría desde abajo. En lugar de tomar el 42% que sacamos en las elecciones y plantear una manera diferente de hacer política para ganar de nuevo al pueblo nicaragüense, siguió con actitudes violentas y quienes pensábamos diferente nos fuimos desgranando. Su reacción hacia quienes nos fuimos consistió en calificarnos como traidores. Mi renuncia oficial a la revolución fue en 1993 con un poema.

Tú conociste bien a Daniel Ortega…

Conocí sobre todo a su hermano Humberto. Nunca pensé que llegaría a este punto de obcecación del poder. Sin embargo, creo que su actitud se debe a la presencia de Rosario Murillo, una persona que ha manipulado sin escrúpulos los sentimientos de los nicaragüenses. Si tomamos como referente la novela 1984, de Orwell, ella es una especie de Gran Hermana porque convierte la mentira en verdad.

En Latinoamérica la tensión del poder es fuerte para los gobernantes.

El problema de Latinoamérica es que no hemos terminado de entender la importancia de contar con instituciones fuertes y de la independencia de los poderes de Estado. Además, tendemos hacia el caudillismo, a la gente le gustan hasta que se vuelven tiranos. Nos falta comprender que una persona no nos salva, lo que nos sacará adelante será contar con un sistema e instituciones que realmente protejan al ciudadano y que no permitan que nadie ejerza el poder de una manera tan absoluta como sucede aquí.

¿Por eso nuestras democracias son tan débiles?

Así, es pero ya es tiempo de hablar de mi novela porque sino la editorial me mata.

Pero hay relación entre ambos temas, finalmente tu novela habla de la memoria y para entender lo que sucede en Nicaragüa necesitamos conocer la historia.

Sí, la novela cuenta la historia de un antepasado mío, pero es también una reflexión sobre los hechos políticos que nos obligan a migrar. Quería hablar del impacto que supone para una persona huir de su patria y cambiar de identidad. La experiencia humana puede cambiar de entornos y situaciones, pero los sentimientos siempre son los mismos. Yo quería escribir sobre un ser imperfecto, con culpa y hombre, a fin de explorar los bordes de la condición humana.

Aunque la mayoría de tus novelas están escritas desde la perspectiva femenina.

Creo que poderse cambiar o imaginar del otro sexo nos hace tener una actitud más comprensiva, y precisamente creo que cambiar esta actitud facilita la equidad.

¿En este cambio de switch qué diferencias encontraste entre la forma de pensar de un hombre y una mujer?

Bastantes, el hombre se puede compartimentar, puede dejar de pensar en el amor cuando está ocupado en otra cosa, por ejemplo el trabajo. En la mujer es más difícil, las relaciones personales son lo más importante. El protagonista de la novela es interesante porque tiene bastante desarrollado su lado femenino. A él le toca cuidar a sus hijos, en cambio la mujer es muy narcisista. Para mí fue fascinante escribir este libro porque implicó mucha investigación. Hay igual dosis realidad y ficción, todos los personajes con nombre y apellido existieron.

La migración de la que hablas en el libro es diferente a la que vemos ahora.

Olvidamos que antes las migraciones eran de Europa para acá. En la novela menciono la migración producida por la hambruna de la papa en Irlanda y que envió a millones de personas hacia América. Alrededor de la migración siempre ha habido problemas, pero lo más duro e inquietante de ahora tiene que ver con el miedo y la sensación de amenaza que promueven los sectores más conservadores de la sociedad. Se ha luchado tanto por la identidad que ahora hasta los ultraconservadores exigen respeto a sus ideas y lo expresan a los cuatro vientos. Vivimos un momento muy interesante, estamos en la frontera de un cambio de paradigma.

¿Cambio para bien o para mal?

Para bien, pero se necesita sortear la muralla que quieren construir quienes se resisten al cambio.

¿Antes tenemos que pasar por personajes como Trump o Bolsonaro?

Así es. La reinvención de la izquierda es una tarea pendiente. En América Latina apenas llega al poder se convierte en un populismo que obstaculiza el desarrollo de la democracia. Hablar en términos de “pueblo bueno o pueblo pobre”, es una forma de enaltecer la pobreza y acusar a quienes la han sucedido.

¿Hay alguna izquierda que te guste?

Me gusta la izquierda social democrática, si bien está en crisis, en los países escandinavos ha logrado grandes cosas en términos de respeto a las instituciones y las leyes. Si revisas qué sistema logró un avance sustantivo en la calidad de vida de su gente, hay que mirar hacia ese lado del mundo.

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