opinión*
“Un encuentro con Kate: el narco jubilado y el catálogo de Televisa”, por @jcgaguiar
A renglón seguido por José Carlos G. Aguiar

Por @jcgaguiar

Se acaba de estrenar en Netflix el documental “Cuando conocí a El Chapo” que consiste en una serie de entrevistas con la actriz Kate del Castillo, algunas amistades de ella, especialistas y material de archivo.

En el reportaje que consta de tres capítulos, la actriz muestra con mucha naturalidad su viaje personal a través de su relación con Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cartel de Sinaloa.

Su testimonio viene a aumentar el fenómeno que ella misma ha alimentado al pronunciarse con sus telenovelas y mensajes personales sobre el mundo de la criminalidad, lo cual es su legítimo derecho y ejercicio de su libertad.

Desde que se mudó a los Estados Unidos, Kate del Castillo ha hecho de los narcotraficantes en México el tema que define la identidad de los personajes que ella interpreta.

La actriz dice querer “un Mexico mejor”, y sus telenovelas son, para ella, una contribución para hablar de la inseguridad y corrupción.

De hecho, tanto Netflix como Del Castillo se han apropiado de la “narcocultura” para generar nuevas historias y audiencia.

La serie “Narcos” marcó el ingreso mundial de Neftlix a la temática narco, y la última serie de la actriz, “Ingobernable” también transmitida por Netflix, es un thriller de intrigas políticas donde el Estado, el crimen organizado y la sociedad mexicana parecen ser una misma cosa.

La narcocultura apropiada

El documental es una especie de “making of” de la cita que tuvo la actriz con el capo, y en realidad dice muy pocas cosas nuevas.

De hecho, el reportaje es problemático a diferentes niveles. En primer lugar, sostiene la narrativa de que el narcotráfico es una cosa de “los pobres”, algo que la gente del pueblo hace para mejorar su vida (como si las élites mexicanas no participaran en la organización y múltiples negocios del narco). Desde este punto de vista, el narco es explicado en el documental como una forma de emancipación social para los probres, de liberación de las estructuras de explotación.

El crimen organizado se ve en las entrevistas como una forma de rebeldía del pueblo, que decide cultivar y traficar sustancias ilegales para sobrevivir. No se habla de los costos sociales y humanos del narco y sus violencias. Es notable que el reportaje tampoco atine a ver la relación que existe entre el Chapo y la crisis de seguridad y legitimidad en la que está sumido el Estado mexicano y la sociedad en su conjunto.

Por momentos, lo más interesante del reportaje es justamente lo que no dice.

Con su historia, Kate del Castillo hace evidentes las tensiones y contradicciones con respecto a El Chapo y su poder político, en particular su interacción con el gobierno mexicano e incluso estadounidense.

Es evidente que hubo negociaciones y operaciones bilaterales con el fin de detener y extraditar a El Chapo. Si la visita de Kate del Castillo y Sean Penn condujo a la detención de El Chapo como lo sostuvo en su momento la Procuraduría General de la República, ¿por qué tardó el gobierno mexicano tres meses en detenerlo? ¿Durante cuánto tiempo sabían ya los dos gobiernos sobre el paradero del narcotraficante? Pensar que Kate y Sean Penn fueron los primeros que pudieron establecer contacto con El Chapo, es simplemente absurdo.

El Chapo como utilería de la “justicia mexicana”

A pesar de la fascinación popular por la figura de El Chapo, el “jefe de jefes” significa hoy en día poco para el crimen organizado. Muy revelador resulta el hecho de que El Chapo accedió a hacer un video para Kate. Es claro en las imágenes que al El Chapo no le da miedo aparecer en pantalla, tampoco le preocupa revelar información sobre su paradero y forma de vida. En realidad, el video presenta la imagen de un narcotraficante “pensionado” que habla desde su retiro en la calma de su rancho.

Por lo tanto, la figura de El Chapo como el criminal más poderoso del mundo es hoy en día más un mito que realidad. Más todavía, El Chapo se ha convertido en una especie de utilería (un prop, digamos) de la justicia mexicana, al que se le saca y mete a la cárcel para que el gobierno en turno gane legitimidad política. Pero Kate quiere hacernos creer que el gobierno mexicano y El Chapo son enemigos, como si no hubiera sobrada evidencia de la cooperación e intereses comunes entre el Cártel de Sinaloa y (al menos) los gobiernos de Fox (recordemos la perversa figura de Genaro García Luna), Calderón y Peña Nieto.

Muchachitas de catálogo

Lo más interesante del reportaje son los primeros minutos y no tiene nada que ver con El Chapo, sino con los inicios en Televisa de Kate del Castillo.

El material políticamente más comprometedor son los recuerdos de la actriz cuando hizo su primera telenovela en Televisa en 1991. “Trabajando ahí conocí mucho del know-how de lo que pasaba en Televisa”, dice Kate en el reportaje. La actriz tenía 19 años y le ofrecieron un papel protagónico en la telenovela Muchachitas. En esa época, Televisa tenía todavía el monopolio sobre la televisión y todas las actrices tenía que pasar por ahí.

Pero Kate no era como todas. Ella no siguió los consejos de productores y directivos de que se operara o transformara su apariencia. Se dio cuenta de que, en Televisa, a la mujer se le consideraba un objeto, tanto en el trabajo como en las relaciones cotidianas.

“La misma empresa te sexualizaba de una manera muy fuerte. Me molestaba”, sostiene Kate para luego contar de las “comidas” con publicistas organizadas por Televisa, para las que se “escogían” a las jóvenes actrices invitadas.

Añade: “en las comidas de publicistas eras una elegida. Literalmente esas comidas eran para ofrecer a las actrices a los publicistas, que son la gente que mete el dinero en Televisa. Que compran los tiempos de aire”.

Kate se dio cuenta de que las comidas de Televisa no eran eso: “A mí me ofrecieron ir a entretener a unos hombres que yo no conocía. Y me pareció de lo más bajo. Y nunca lo acepté”. Luego la llamarían de la empresa para forzarla a aceptar y entretener caballeros. Pero no lo hizo.

El testimonio personal de Kate expone la red de prostitución de Televisa, y el uso de las telenovelas como una especie de “catálogo” de “escorts” para empresarios, políticos, u otros clientes.

Justo en este momento en el que el acoso sexual se ha convertido en un tema de discusión global con la campaña #YoTambién, ojalá y haya más actrices y actores que denuncien la coerción y abusos de los que han sido objeto. Hay un séquito de “Harvey Weinsteins” en Televisa. Que el documental de Kate sirva para eso.

José Carlos G. Aguiar

Doctor en ciencias sociales. Antropólogo mexicano especializado en estudios urbanos, ilegalidad, legitimidad política, seguridad, propiedad intelectual, economías callejeras y la Santa Muerte. Profesor e investigador de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, CONACyT. Cumbianchero por convicción, ciclista antes de la era hipster, y fotógrafo por amor a la estética callejera.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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