El arte en los museos de historia natural | MHNCA
Los museos de historia natural del siglo XXI se están consolidando como espacios donde ciencia y arte dialogan de forma permanente.
- Redacción AN / DAA

Por Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental*
En el imaginario colectivo, los museos de historia natural suelen asociarse con animales taxidermizados (disecados), esqueletos, fósiles, dioramas de fauna silvestre y colecciones taxonómicas de los más diversos tipos. Sin embargo, estos museos también se han servido del arte como un recurso esencial para comunicar, interpretar y sensibilizar sobre la naturaleza y los procesos que la transforman.
Históricamente, la relación entre ciencia y arte ha sido estrecha. Las primeras expediciones naturalistas dependían de ilustradores científicos para registrar especies, paisajes y fenómenos naturales antes de la invención de la fotografía. Estas ilustraciones no solo tenían valor documental, sino también estético. Hoy, esa tradición continúa, pero se ha expandido hacia nuevas formas: instalaciones y fotografía artística, arte sonoro y medios digitales interactivos, entre otras.
El arte contribuye a generar empatía hacia otras formas de vida, esculturas tradicionales de animales como la vaquita marina o hiperrealistas, de especies ya extintas como un perezoso gigante, permiten que el visitante establezca un vínculo emocional con la biodiversidad pasada y presente incluso antes de haber leído la información que acompaña a la obra. Esta conexión afectiva es clave para los procesos de educación ambiental, ya que fomenta actitudes de cuidado, respeto y responsabilidad hacia la naturaleza.
Otro aspecto relevante es la construcción de narrativas. Los museos ya no son solo espacios de exhibición de objetos, sino escenarios de relatos. El arte permite articular historias que integran ciencia, cultura, memoria y territorio. En muchas exposiciones, artistas y científicos colaboran para crear discursos híbridos donde la información científica convive con metáforas visuales, símbolos culturales y lenguajes poéticos. De esta forma, la naturaleza deja de presentarse como un objeto distante de estudio y se reconoce como parte de la experiencia humana.
Un colibrí es biología, pero también poesía y vínculo con nuestro pasado prehispánico, por ejemplo.
El arte en los museos de historia natural también cumple una función crítica. Muchas propuestas artísticas cuestionan los modelos de desarrollo, el consumo desmedido de recursos, la explotación de los ecosistemas y la relación de poder entre las sociedades humanas y la naturaleza. Estas obras no solo informan, sino que invitan a la reflexión ética y política, convirtiendo al museo en un espacio de debate público y conciencia social.
En términos museográficos, las musas también transforman la experiencia espacial. La integración de obras artísticas modifica la forma en que se recorren las salas, rompe con la lógica lineal de las vitrinas tradicionales y genera experiencias inmersivas. La iluminación, el sonido, los materiales y la composición visual se convierten en herramientas narrativas que estimulan los sentidos y favorecen una experiencia más profunda y memorable.
El arte amplía los públicos de los museos dedicados a la historia natural; personas que quizás no se sienten atraídas por los contenidos científicos tradicionales pueden encontrar en las propuestas artísticas una puerta de entrada al conocimiento natural. Esto contribuye a democratizar el acceso a la ciencia y a diversificar las audiencias, fortaleciendo el papel social de estas instituciones.
En un contexto global marcado por crisis ambientales, pérdida de biodiversidad y cambio climático, el arte adquiere un papel estratégico. No solo informa, sino que moviliza emociones, construye conciencia y genera sentido de pertenencia con el entorno natural. La combinación entre rigor científico y sensibilidad artística permite crear discursos poderosos capaces de transformar la percepción que las personas tienen del mundo natural.
La arquitectura de los museos también se ha convertido en una expresión artística en sí misma. Muchos edificios están diseñados para dialogar con la naturaleza, ya sea mediante el uso de formas orgánicas, materiales sostenibles, integración de luz natural o estructuras que evocan paisajes, ecosistemas y procesos geológicos; incluso en edificios con décadas encima, la intervención artística, puede revitalizar la percepción que el visitante tiene de ellos. De este modo, el espacio arquitectónico deja de ser un simple contenedor de colecciones y se transforma en parte del discurso museográfico, donde el edificio comunica valores ambientales, estéticos y simbólicos.
Los museos de historia natural del siglo XXI se están consolidando como espacios donde ciencia y arte dialogan de forma permanente.
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* El Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental (MHNCA) es una institución cultural pública de divulgación científica sin fines de lucro. Es un espacio de encuentro y aprendizaje para visitantes de todas las edades, cuyo propósito es estimular, documentar y dialogar entorno a todas las actividades que promuevan el conocimiento acerca de las Ciencias Naturales (el universo, la Tierra y la vida) y el fomento a una cultura ambiental a través de un museo vivo que inspire el aprendizaje de la historia natural para toda la vida.

