Crónicas de exploración | Árboles migrantes del bosque de niebla
Mientras el clima cambia, los árboles del bosque de niebla buscan refugio en lo alto de las montañas. Acompañarlos en su migración es sembrar esperanza y cuidar nuestras raíces comunes.

Por Mariana Tarín Toledo Aceves*
Exploradores de National Geographic Hub México
En lo alto de las montañas tropicales, en donde las cañadas se cubren de niebla, se desarrollan ecosistemas únicos y frágiles: los bosques de niebla. Estos bosques, que dependen de la nubosidad para existir, representan apenas el 1% de todos los bosques tropicales del planeta, pero albergan una biodiversidad extraordinaria.
Hoy, estos ecosistemas enfrentan severas amenazas: la deforestación, el aumento de la temperatura y la disminución de las lluvias debidos al cambio climático global están provocando la muerte de muchos de sus árboles. Investigaciones en Perú, Costa Rica, Colombia y México han revelado que algunas especies están migrando hacia zonas más altas de las montañas, donde el clima es más fresco. Sin embargo, muchas especies raras, de semillas grandes y dependientes de animales para su dispersión, no logran seguir este ritmo de cambio. Su crecimiento lento y la pérdida de hábitat las colocan en una situación crítica.
Frente a este panorama, un grupo de ecólogas nos propusimos ayudar a los árboles del bosque de niebla a migrar hacia arriba en las montañas. Así surgieron muchas preguntas: ¿Qué especies trasladar? ¿Hasta qué altitud pueden sobrevivir? No teniamos información que nos permita diseñar ni llevar a cabo medidas de restauración de bosques tropicales considerando el cambio climático.
Para avanzar en el entendimiento de las respuestas de los árboles del bosque de niebla al cambio climático en el 2015, mientras recorríamos las montañas del centro de Veracruz, conocimos a Martín San Gabriel, un campesino con profundo conocimiento de los bosques locales. Nos habló de especies valiosas para las comunidades, como la vara negra (Ocotea disjuncta), el zapote (Sideroxylon contrerasii), el palo blanco (Meliosma alba) y el palo zopilote (Oreomunnea mexicana), que han desaparecido casi por completo en la región debido a la deforestación y la sobreexplotación. Estas especies, de crecimiento lento y madera dura, crecen bajo la sombra del dosel y presentan una regeneración natural muy baja: no hay plántulas que reemplacen a los árboles adultos cuando mueren.
Para diseñar estrategias que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático sobre la diversidad de árboles del bosque de niebla, en 2016, plantamos 3,510 arbolitos de 13 especies en nueve sitios distribuidos a lo largo de un gradiente altitudinal, desde los 1,250 hasta los 2,550 metros sobre el nivel del mar. Queríamos observar cómo respondían al cambio climático: al moverlos a zonas más bajas y cálidas, simulamos el calentamiento global; al llevarlos a zonas más altas y frías, exploramos la viabilidad de la migración asistida.
Nos preocupaba que no resistieran las condiciones extremas: en las zonas más altas hay heladas, y en las más bajas, las temperaturas superan los 30 °C en verano. Sin embargo, tras un año, más del 90% de los árboles seguía vivo. Diez años después, el 48% aún sobrevive. La siembra de los árbolitos bajo la copa de árboles, es decir adentro del bosque, fue clave para favorecer su establecimiento. No es lo mismo un sitio abierto, como un potrero o un cultivo, en donde los arbolitos se encontrarían expuestos a condiciones más extremas, como la alta radiación solar y las lluvias torrenciales.
Como suele decirse en biología: todo depende de la especie. Por ejemplo, el nogal (Juglans pyriformis) tuvo apenas un 10% de sobrevivencia al cabo de diez años, mientras que el roble (Quercus germana) alcanzó un 78%. Algunas especies son más resistentes que otras, pero en conjunto estos árboles son muy tolerantes a la variación en el clima pudiendo establecerse a lo largo de un amplio gradiente de elevación. Estos resultados son muy alentadores.
Con estos resultados en mano, nos acercamos a comunidades de la parte alta de la cuenca del río La Antigua, en el centro de Veracruz. Compartimos nuestros hallazgos e invitamos a las personas de las comunidades locales a sembrar otras especies raras y amenazadas en sus parcelas, incluyendo ocho especies de encinos y tres especies de aguacates silvestres. Estos grupos fueron escogidos porque en el caso de los encinos son muy diversos y dominan los bosques de niebla en México, además de que su madera es muy valorada por las comunidades locales por su resistencia. Los aguacates silvestres por otro lado, producen frutos que son una fuente de alimento para la fauna silvestre.
Desde 2023, trabajamos con 60 hogares comprometidos con la restauración ecológica. Incorporamos condiciones nuevas, como cafetales de sombra, potreros y cultivos. En algunos casos los árbolitos fueron sembrados a lo largo de los arroyos, manantiales y ríos en donde tienen un papel de gran importancia para proteger los cuerpos de agua. Juntos, aprendemos sobre las condiciones que favorecen el desarrollo de estos árboles y estudiamos cómo estas plantaciones pueden contribuir a la recuperación de procesos clave, como la infiltración de agua. Además, el establecimiento de las plantaciones puede ayudar a reestablecer un poco de la conexión entre parches de bosque, esto es importante porque pueden facilitar el movimiento de plantas, hongos y animales en los paisajes transformados. También estamos aprendiendo ¿que motiva a las personas para participar en los esfuerzos de restauración? ¿cuáles son las barreras que les impide participar en estas iniciativas? Consideramos esencial compartir los objetivos de la investigación con las y los dueños de las parcelas, y escuchar sus intereses. Estos aprendizajes nos servirán para mejorar el acercamiento y la implementación de medidas para ayudar a la migración de los árboles.
El trabajo con las comunidades ha sido fundamental en este proceso: no solo para sembrar árboles, sino también conocimientos, historias y vínculos con el territorio. A través del diálogo con las y los habitantes de la parte alta y media de la cuenca del río La Antigua, hemos reconocido parte de la diversidad de condiciones ecológicas y prácticas culturales que moldean el paisaje. Junto a ellas y ellos reconstruimos fragmentos de la memoria ambiental del territorio: cómo eran antes los bosques, qué especies desaparecieron y qué transformaciones han traído consigo la modernidad y el cambio climático. Algunas comunidades, como El Tejocotal, Encinal, Zapotal o Saucal, llevan en su nombre la memoria viva de los árboles que un día abundaron allí.
Esta región montañosa, además de albergar una gran biodiversidad, cumple una función vital como zona de recarga hídrica: aquí se infiltra buena parte del agua que alimenta ríos, manantiales y acuíferos a lo largo de la cuenca. Las comunidades que habitan estas montañas cuidan el agua que abastece a miles de personas en las ciudades de Xalapa y Coatepec, y que sostiene la vida de ecosistemas fundamentales. Por eso, la restauración ecológica no puede pensarse sin la participación activa y consciente de quienes viven en estos territorios, ni sin la corresponsabilidad de quienes se benefician de sus bienes naturales.
Para fortalecer la apropiación comunitaria de esta iniciativa, hemos apostado por una estrategia de comunicación e incidencia basada en el intercambio de saberes. Además de los talleres, la capacitación técnica, la entrega de los árboles, el registro y acompañamiento en cada parcela, hemos conformado un equipo interdisciplinario para comenzar a desarrollar materiales de comunicación que narran esta experiencia desde múltiples voces. Entre ellos, una serie fotográfica, un documental que recoge la historia del proyecto, una guía ilustrada sobre las especies de árboles, así como actividades de creación colectiva como talleres de fotografía comunitaria y la elaboración de video-cartas.
Estas herramientas buscan tejer redes entre comunidades, compartir aprendizajes y motivaciones, y construir una narrativa colectiva en torno al cuidado de los bosques. A través de las video-cartas, por ejemplo, personas de distintas localidades se cuentan mutuamente cómo viven el bosque, qué árboles recuerdan o conocen, y qué imaginan para el futuro de su territorio. Creemos que estas formas de comunicación son fundamentales para fortalecer el arraigo, el sentido de pertenencia y la continuidad a largo plazo de las acciones de restauración, además de inspirar otros procesos que también buscan alternativas frente al cambio climático.
Los bosques de niebla son únicos y tenemos mucho que hacer para ayudar a que se mantengan. Su conservación es una tarea urgente y colectiva.
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Mariana Tarín Toledo Aceves*











