“Lo más importante que construimos en nuestra vida son las relaciones, los afectos y el amor”: Manuel Vilas
El escritor español publica ‘Islandia’, su novela más íntima y en la que narra su divorcio casi en tiempo real.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
El amor es un tema natural en la literatura de Manuel Vilas (1962). Es el epicentro de varios de sus poemas y de novelas como Odesa, Los besos o Nosotros. Sin embargo, nunca lo había tratado como lo hace en Islandia (Destino), su título más reciente.
Aquí, el narrador español parte del fin del amor y cuenta en primera persona su divorcio con la también escritora Ana Merino. Después de once años matrimonio, un día la relación llegó a su fin y con ello inició un proceso de dolor y autoconocimiento, que esta contado a manera de diario en una obra personal que nos lleva a pensar y repensar en lo complejas que son las relaciones humanas.
¿En qué momento decides contar una tu divorcio en un libro como Islandia?
Es una novela que está inspirada en mi propia vida. Surge como una terapia, como dices, cuenta mi divorcio, pero utilizando los materiales y los mecanismos de la literatura. Hay un estilo literario y una subjetividad, pero surge como una necesidad de narrar lo que estaba viviendo en ese momento. Su origen es la terapia o la catarsis, mejor dicho, la catarsis que produce contar o que vivía en ese momento con gran intensidad y dolor.
¿La literatura sana?
La literatura ayuda a comprender qué somos. Ayuda a explorar los rincones más oscuros y escondidos de nuestra psicología. La literatura es una exploración en la identidad y la condición humana, pero no creo que sane. Sanar es una palabra más para el ámbito de los médicos. La literatura es una herramienta para comprender.
Aquí leemos pasajes duros y a veces autocríticos. ¿Qué comprendiste de ti mismo y de las relaciones de pareja?
Hay algo fundamental, que es que los seres humanos vivimos. Lo más importante que construimos en nuestra vida son las relaciones, los afectos y el amor. A lo largo de la vida hacemos muchas cosas: trabajamos, viajamos, estudiamos… pero lo esencial es la construcción de un mundo de afectos y de un mundo amoroso. Si quieres saber qué ha sido o qué es tu vida, indudablemente recurres a las personas que amas y a las personas que te aman. El amor es consustancial a la identidad humana y a vivir. Si no amas y no te aman, es difícil tener sensación de vida. En ese sentido, la novela le recuerda al lector algo básico y que ya sabe porque lo ha visto a lo largo de su vida.
En tu caso, el amor es una constante en tus libros.
Un escritor no elige sus temas, los temas se imponen porque están en la vida. Los temas que yo trato en mis novelas son los que los seres humanos dicen que son importantes en sus vidas. Es verdad que he tratado el amor en distintos ámbitos: en la relación entre padres, madres e hijos, como fue en mi novela Odesa. Después he tratado el amor sentimental en libros posteriores, y finalmente en Islandia, hablo del desamor y la ruptura. Siempre lo abordo desde la experiencia humana, porque la vida es determinante en mi manera de entender la literatura.
Decía García Márquez, “escribo para que me quieran”.
Eso es cierto. Aquella frase que García Márquez dijo de una manera absolutamente genial y sencilla es verdad. Escribes para llegar al corazón de los lectores, para hacer amigos. Hay un pacto de amistad y una fraternidad invisible entre un escritor y sus lectores. Escribes para estar con tus lectores y celebrar la vida con ellos. Cuando leo una novela que me toca el corazón, automáticamente me siento menos solo y entrañablemente unido al autor o autora de esa novela.
¿En el caso de Islandia fue también una forma de decir adiós o de cerrar un ciclo?
El ciclo del divorcio, sí. Es una catarsis. Termina la novela y termina también el proceso de divorcio. Son dos mundos que corren paralelos porque fueron escritos de manera simultánea.
Finalmente, en el relato también está tu ex, ¿qué tipo de parámetro ético manejaste?, ¿cuáles fueron tus límites sobre lo qué contar?
Pacté la novela con mi ex, que también es escritora, y llegamos a un acuerdo. Ella me dejó escribirla. Por otra parte, es una novela escrita desde el amor y el agradecimiento. En un sentido el personaje femenino muchas veces está idealizado, aunque a veces también se describen los defectos, porque si no sería insoportable. En una narrativa autobiográfica, lo fundamental es qué vas a contar y qué se puede contar. La decisión excede a veces a la literatura y tiene una dimensión moral. Algunos lectores me han dicho que cuento demasiadas cosas de la intimidad, pero no estoy de acuerdo. Una historia de amor es una historia de intimidad. Básicamente, el amor es intimidad.
Al terminar la novela y al comentarla en entrevistas o presentaciones, ¿has pensado que podrías haber hecho algo diferente para salvar la relación?
Todo el tiempo fui consciente de que o escribía simultáneamente el día a día del divorcio, o no iba a poder escribir la novela porque psicológicamente el narrador se iba a mover. Ahora no podría escribirla y tampoco la he vuelto a leer. La psicología de un divorciado evoluciona muy rápido y en Islandia están reflejados los primeros momentos del divorcio. Es posible que ahora no tuviera la necesidad de escribirla. Un escritor no es un intelectual en el sentido académico y escribe en función de un instinto de vida.
¿Pensabas en tu ex mientras la escribías?
No. Lo que sí tenía adelante era un gran misterio de la vida que cualquiera que haya pasado por la ruptura entenderá. Cómo de repente la persona que es más importante en tu vida, de la noche a la mañana, deja de serlo. Esto es un gran misterio. Como es que la persona que es el fundamento de tu existencia te dice ya no está enamorada de ti y se convierte en una desconocida. Cómo es posible que después de 11 años de matrimonio esa persona diga que ya no es quien era y por tanto te deja a ti sin identidad también. ¿Qué pasa con eso? Un divorcio en sí mismo es una cosa de lo más vulgar. Se divorcian miles de personas. Pero lo que hay detrás, estos misterios no son vulgares, son de una profundidad extraordinaria.
¿Ella leyó el libro? ¿Te comentó algo?
No, no lo quiso leer. Le insistí en que lo hiciera, pero no se negó. Ahí hay un misterio hermoso, porque evidentemente lo acabará leyendo. No hoy, ni mañana, pero es interesante saber cuándo lo hará. El libro tiene la vocación de guardar la memoria de una relación amorosa. Mi literatura tiene esa obsesión de no olvidar, es una cosa muy humana. El olvido casi tiene una fuerza demoníaca. Y la memoria es fuerza divina. Al principio del matrimonio que se cuenta en la novela hubo una gran plenitud vital. Y eso hay que conservarlo.







