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El albur es un fenómeno exclusivamente mexicano: Luis Fernando Lara

El miembro de El Colegio Nacional y director del Diccionario del Español de México dice que este 'deporte verbal' supone una enorme creatividad lingüística.

  • Redacción AN / MDS
26 Jul, 2026 07:15
El albur es un fenómeno exclusivamente mexicano: Luis Fernando Lara
Foto: El Colegio Nacional

Por Andrea Martínez / El Colegio Nacional*

La escena podría ser la siguiente: dos amigos se reencuentran después de mucho tiempo sin verse. Uno de ellos pregunta: “¿De dónde vienes?”. Y el aludido responde: “De Tejeringo el Chico”. El primero, en medio del sobresalto, responde al instante: “Ah, pues yo de San Metodio el Grande”.

Este albur lo escribió el lingüista Luis Fernando Lara (1943), quien estudió este “deporte verbal” en su artículo “Hacia una tipología de las tradiciones verbales” (2012). Ahora prepara la conferencia “Las tradiciones del hablar”, en la que analizará el albur y el caló. Este último es la “jerga de origen popular, basada por lo general en el habla de los maleantes…”, dice el Diccionario del español de México (El Colegio de México), que Lara dirige desde la década de 1970.

Con respecto al albur, “siempre se trata de una situación de diálogo: no se produce si uno no tiene a un dialogante enfrente”, cuenta el lingüista en esta conversación con El Colegio Nacional para Aristegui Noticias. Acto seguido, explica que el hablante debe responder a su interlocutor con una agudeza o, incluso, con una pequeña agresión.

“Entonces se produce el torneo verbal que caracteriza el albur. Fundamentalmente es un certamen propio de las cantinas, que luego se ha generalizado, pero me parece que nació allí, al calor del alcohol y entre hombres. Ahora, claro, también alburean las mujeres.

Al preparar esta conferencia, leí sobre una señorita tepiteña que es la campeona nacional del albur. También hay que recordar a la actriz Carmen Salinas; muchas veces la escuchamos alburear en las películas”.

Es difícil imaginar a Luis Fernando Lara alburear, que ofrece sus conferencias con saco y corbatas coloridas, pero discretas. Quizá lo haga en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, Ciudad de México) el próximo martes 28 de julio, cuando presente esta nueva lección de su ciclo La educación y las culturas de la lengua.

En la imagen, Lourdes Ruiz, la reina del albur en Tepito. Foto: Archivo Cuartoscuro

No es lo mismo…

Pero el cariño y la admiración que el colegiado siente por las palabras lo han llevado a estudiar incluso el albur. Dice que supone una enorme creatividad lingüística y muchísima capacidad verbal para establecer relaciones entre palabras, juegos y rapidez mental. Enseguida admite: “A mí me parece admirable el albur”.

Luego de las indagaciones que el también miembro de El Colegio Nacional ha realizado, hasta el momento puede concluir que sólo en México se practica el albur. Se ha tropezado con el doble sentido, que existe en todas las lenguas, “pero no el albur; es decir, este diálogo que ataca al otro, que pide respuestas, etcétera, aparentemente es un fenómeno mexicano”. Aún no tiene una respuesta de por qué ocurre únicamente en México y confiesa que le gustaría formular una hipótesis.

No obstante, considera que una posible explicación es el carácter del mexicano: fatalista, burlón y cínico, rasgos que, dice, lo definen en todas partes. Recuerda que sobre este tema ya escribieron Jorge Portilla, Octavio Paz y Samuel Ramos, estos últimos miembros de El Colegio Nacional. Precisamente, esta composición sociológica y lingüística hace interesante el estudio del albur.

De hecho, en las investigaciones que ha encabezado el especialista, él y su equipo introdujeron una frase pícara en dos modelos de inteligencia artificial. La oración era un clásico del transporte público: “Cambio mi llanta nueva por tu vieja”. La respuesta desconcertó a los investigadores, porque las IA no fueron capaces de entender dónde estaba el chiste.

“ChatGPT contestó que eso era imposible: algo así no se podía decir porque no tenía sentido. Pues no entendía el doble sentido. Yo creo que eso le seguirá pasando a la inteligencia artificial”.

El lingüista habla con conocimiento de causa. A mediados de la década de 1970 se adentró en el terreno de la lingüística matemática y computacional en Europa. Es decir, estudió el origen de la IA. “Mi interés era encontrar la manera de hacer el modelo de la estructura de una lengua”.

Imagen generada por IA/Google Gemini.

Explica que los ingenieros —no los lingüistas, enfatiza— reunieron enormes cantidades de datos y crearon algoritmos de reconocimiento de patrones (cadenas de Markov). Este modelo matemático “lo vemos funcionar en nuestras computadoras, cuando escribimos una palabra y nos la corrige. Lo hace porque el sistema prevé el tipo de palabra que vamos a utilizar, pero si jugamos, el sistema no puede hacer nada”.

Por esta razón, sostiene que, así como las computadoras no penetran en la verdadera estructura de las lenguas, sino que se quedan en su superficie, tampoco lo hace la IA; por lo tanto, no entiende el albur, el caló o el doble sentido.

Del “cámara, carnal”, al “o sea, qué oso”

Luis Fernando Lara sostiene que la lengua es una tradición. En el caso del español, en el principio era el latín, que fue mutando y transmitiéndose de una generación a otra, de tal manera que “podríamos decir que toda lengua es una tradición histórica y es otra manera de verla, fuera del aspecto biológico y estrictamente científico. Por eso, prefiero hablar de tradiciones históricas y, en este caso, de tradiciones verbales”.

Y estas tradiciones verbales varían de país en país, de región en región y de grupo social en grupo social. Un ejemplo de este último es el barrio de Tepito, en la Ciudad de México. El especialista explica que la manera de hablar de los tepiteños es todo un fenómeno: implica cierta entonación, selección de vocabulario y un tipo de juegos con la lengua muy particulares.

No quiere decir que no haya otros barrios con sus propias maneras de hablar. Lo “que pasa es que el barrio de Tepito se ha convertido en una especie de representante del hablar popular de la Ciudad de México”, pero también destaca el habla de la gente fresa, que igualmente se caracteriza por su entonación y por el empleo de anglicismos.

“En general, todas estas culturas verbales populares son, por un lado, objetos de solidaridad, sirven para impulsar la solidaridad entre sus miembros; y, por el otro lado, también son señas de identidad. Si yo hablo como en Tepito, soy tepiteño o quiero ser como los tepiteños”.

Con respecto al acento fresa, el lingüista es cauto. «Se tiene que estudiar», dice, pero anticipa que se produce, en primer lugar, por la anglificación de la sociedad; en segunda instancia, porque son grupos de personas que hacen compras en Estados Unidos, y eso constituye una señal de bienestar o riqueza; además, adquieren ciertas formas de expresión.

“Vemos, por ejemplo, en muchas jovencitas que exageran el habla y los ademanes. Esa manera de emocionarse la aprendieron de la recepción que se les daba, por ejemplo, a los Beatles o a los artistas de cine. Hablar así para ellos significa una seña de identidad: ‘Nosotros somos así’. Curiosamente es el mismo fenómeno que se ve en el caló de los raperos, que está desapareciendo porque los rateros antiguos ya no ejercen”, pero su lenguaje es una seña de solidaridad e identidad.

Y es que, aunque tradición y cambio parecen antónimos, el también académico del Colegio de México advierte que “en todos los procesos tradicionales hay elementos que poco a poco van palideciendo y se ven sustituidos por otros. El hablar de los jóvenes de los años sesenta es muy diferente que en esta época, pero también son formas identitarias”.

Antes de despedirse, Lara —quien ha tomado prestado el concepto de “paisajes del alma” para llevarlo a la lingüística como “palabras del alma”— comparte qué es lo que le sigue sorprendiendo después de dedicar toda su vida a estudiar la lengua:

“Todo. Ya vimos en las primeras cinco conferencias del ciclo el modo en que los niños adquieren la lengua; o sea, del modo en que nosotros la hemos adquirido. La forma en que su propia herencia biológica se encuentra con la vida social y da lugar a la adquisición de la propia lengua. Eso me seguirá admirando toda la vida. Luego, claro, la capacidad morfológica de construir palabras, de modificarlas, de crear metáforas. No sería lingüista si no lo admirara todos los días”. 

 

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* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias

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