‘Las caravanas de migrantes representan el éxodo de la miseria’: José Manuel Valenzuela
El autor de ‘Caminos del éxodo humano’, advierte que un plan para el desarrollo con Centroamérica, será insuficiente para frenar los desplazamientos.

Por Héctor González

El 12 de octubre de 2018 se puso en marcha una caravana de migrantes centroamericanos. Escala obligada en su trayecto rumbo a Estados Unidos, era México. Nuestro país se debatió entre frenar su ingreso o facilitar su arribo a la frontera norte. De las poco más de once mil personas que salieron de sus casas, al menos siete mil llegaron a Tijuana. La estrategia del gobierno de López Obrador a acerca del tema no ha sido de persecución y a propuesto incluso, construir un programa de desarrollo económico para Centroamérica a fin de evitar este tipo de éxodos.

José Manuel Valenzuela, investigador de El Colegio de la Frontera Norte, ha sido uno de los primeros en analizar a fondo lo que significó aquella caravana. Resultado de sus estudios es el libro Camino del éxodo humano (Gedisa), coordinado por él mismo y donde se incluyen colaboraciones de María Verza y Gabriel Cortés, entre otros.

Alrededor de las caravanas de migrantes centroamericanos hay quienes dicen que están organizadas con fines políticos y quienes aseguran que son espontáneas. ¿Cuál es tu opinión?

La que se empezó a convocar desde redes sociales en octubre de 2018 y llegó a Tijuana en diciembre estuvo conformada por más de once mil personas de las cuales 3 mil 600 fueron niños. La mayoría de los detractores manejó la idea de una invasión. Las imágenes del tránsito por la frontera de Guatemala a México impactaron a mucha gente y se inscribieron en un contexto que potenció los estereotipos. Además, se utilizaron en contexto político concreto.

La desconfianza de muchos se dio precisamente por el manejo que recibió durante la campaña de las elecciones intermedias en Estados Unidos.

Claro, se colocó en el primer plano del radar mediático y político de Estados Unidos. En México incluso, surgieron expresiones que vieron a la caravana desde la misma perspectiva de la invasión.

¿Qué representó exactamente la caravana?

La convocatoria se hizo el 5 de octubre y el 12 se pusieron en marcha. Los más de once mil migrantes tenían poco que ver con las personas que tradicionalmente organizaban los vía crucis y las caravanas anteriores. En ocasiones pasadas, organizaciones como Pueblos sin frontera y grupos cristianos acompañaron a los migrantes. Sin embargo, en octubre fue tan grande el nivel de convocatoria que estas organizaciones fueron rebasadas. No se reconoció su liderazgo, la gente tomó las decisiones durante el camino y los gobiernos con tal de quitarse el problema, les facilitaron camiones para agilizar su tránsito.

¿Está caravana marcó un punto de quiebre respecto a lo que son estos desplazamientos?

Las caravanas se construyen a partir de los vía crucis del migrante. Desde hace casi trece años, las asociaciones religiosas empezaron a recrear escenarios de violencia hacia los migrantes y los representaron aludiendo a pasajes de la pasión de Cristo. Todo con el fin de hacer conciencia entre la gente. No olvidemos que antes cruzaban por México, 380 mil migrantes centroamericanos al año. Cerca del setenta o setenta y cinco por ciento de estas personas eran agredidas, y al menos el treinta por ciento de las mujeres eran violadas en el camino. Todo esto que era parte de la realidad cotidiana. Cuando la gente decide viajar como un colectivo lo hace porque juntos crean una suerte de escudo. La caravana se convierte en una coraza de protección, el problema es que también los vuelve demasiado visibles e identificables. A partir de esto se convierten en amenaza. Es decir, no se movieron por una simple intencionalidad política.

A esto habría que sumar las condiciones de pobreza en Centroamérica y México.

Las caravanas representan el éxodo de la miseria. En Centroamérica entre el sesenta y ochenta por ciento de la población vive en la pobreza. Es una zona donde la precarización de la vida es muy intensa y esto se vincula con una violencia estructurada por medio de distintos actores. Algunos relacionados con fuerzas externas de orden político como puede ser la injerencia norteamericana. En 2009, Estados Unidos impulsó el golpe de Estado en Honduras contra José Manuel Celaya. En El Salvador se dio una guerra civil que deterioró la vida social. Guatemala vive una situación parecida.

Otro factor, según testimonios es la Mara Salvatrucha.

En Estados Unidos se nos dijo que la Mara Salvatrucha había surgido en las cárceles centroamericanas y que representaban una amenaza a la seguridad nacional, incluso que estaba vinculada con A-Qaeda. Falso. Surgió en Los Ángeles producto del desplazamiento de poblaciones centroamericanas por los conflictos armados. Muchos de los huérfanos llegaron a Los Ángeles, donde está el Barrio 18, antes Cantón 18 y 14. Aprendieron los códigos de socialización y lenguaje de una tradición de barrio, heredados de los cholos y los pachucos. Cuando se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec en 1992 se implementaron cambios en las políticas carcelarias norteamericanas. Deportaron a muchos jóvenes presos a Centroamérica. Esto generó una recreación local de la Mara Salvatrucha y Del Barrio 18 en la región. Si bien inició un proceso de criminalización, los datos duros demuestran que el siete por ciento de los delitos correspondían a estos grupos. Es decir, no era un problema de seguridad nacional sino de seguridad pública. En México incluso, Santiago Creel y Macedo de la Concha hablaron una amenaza a la seguridad nacional, falso.

No son pocos los migrantes que sí son presa del miedo.

Claro, pero insisto es un problema de seguridad pública. Cuando se articulan la miseria y la violencia con un sistema de procuración de justicia desdibujado, la consecuencia es una población dispuesta a salir a la primera oportunidad. Y esa oportunidad la otorgaron las caravanas migratorias. El miedo al cruce, a la bestia, a la extorsión y a la violación, se diluía ante la posibilidad de salir juntos. El tema es que quienes convocaron se vieron rebasados y el gobierno mexicano no estaba preparado para tal densificación. En Tijuana los colocaron en un campo de beisbol en plena temporada de lluvias. Al campamento Benito Juárez de Tijuana llegaron cerca de siete mil migrantes y varias de sus experiencias están recopiladas en el libro. En este contexto, Trump endurece las medidas antimigrantes.

Por eso muchos migrantes deciden quedarse en México…

Al llegar a México los migrantes tienen tres opciones: buscar trabajo aquí, cerca de dos mil se inscribieron en una especie de agencia de colocación; asumieron el tiempo de espera para obtener el asilo en Estados Unidos; y jugársela e intentar cruzar la frontera. Este tipo de fenómenos los veremos cada vez con mayor frecuencia fenómeno y no solo con migrantes centroamericanos, también están los haitianos y a los africanos. Es algo intrínsecamente relacionado a la desigualdad. La mitad del planeta gana menos de dos dólares al día.

¿Cómo entendemos las manifestaciones antimigrantes que se dieron en México?

Son manifestaciones que se inscriben en la tradición de una historia de racismo potenciada con Donald Trump. En la frontera de Estados Unidos con Tijuana, cerca de San Diego hay organizaciones como White Power, Wake Up Washington o el Ku Klux Klan, dedicadas a atacar a los migrantes. Algunas de sus ideas llegaron al lado mexicano, pero si somos sinceros son una franca minoría, el tema en dado caso es que captaron muchos reflectores porque el ambiente estaba caldeado. Hay que ponerlas en dimensión y sobretodo entender que mientras no tengamos sistemas más equitativos, los desplazamientos seguirán.

El gobierno mexicano ha planteado la intención de crear un plan regional con Centroamérica para contener los desplazamientos. ¿Cómo evalúas la reacción del gobierno de López Obrador?

Es importante recordar que la caravana se dio en medio del cambio de gobierno. La impericia y la falta de previsión la demostró Peña Nieto. En cambio, la estrategia no punitiva de López Obrador me pareció correcta. A partir del TLC, México asumió el trabajo sucio de contener a los migrantes y los uso como válvula de escape. Cambió cuando descubrió que las remesas eran una fuente de ingresos importantísima. Aun así, mantuvo una estrategia errónea hacia los migrantes centroamericanos e incluso hacia los mexicanos que están en Estados Unidos. Urge un aceleramiento de las estrategias y dispositivos para atender adecuadamente a los migrantes. México no tiene porque contener a aquellos que pasan por aquí para llegar a otro país y tampoco que mantenerlos en su territorio mientras Estados Unidos decide qué hacer con ellos. El proyecto para el desarrollo regional me parece correcto, pero es insuficiente. Estamos ante una situación delicada y ya deberían pensarse otro tipo de medidas para afrontarla. México necesita apelar a instancias internacionales para encontrar una manera de manejar los desplazamientos que a todas luces representa un problema global.

Dices que México no puede asumir ese rol, ¿pero el país está en las posibilidades de hacer frente a las amenazas de Trump en este sentido?

Es muy complicado. México necesita estrategias de orden diplomático. Ahora estamos frente al renacimiento de la Doctrina Monroe. Donald Trump no sólo tiene un problema mental, tiene un problema de insanidad humana. Recibir a los migrantes dentro de un marco de derechos humanos fue sensato, pero ahora es necesaria una estrategia más proactiva.  No olvidemos que Barack Obama ha sido el presidente que más migrantes ha deportado, de modo que el problema viene de varios años atrás. Desde la Ley 187 de Peter Wilson, en 1994, hemos visto como la migración forma parte de una de las piezas centrales del ajedrez político estadounidense.

De reforma migratoria mejor ni hablamos.

No es tema con Trump. Con él prevalece la política de sálvese quien pueda.

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